Amnistía. Se vende. Buen precio. Negociable.

La proposición de Ley de Amnistía para los golpistas y malversadores del nacionalismo catalán, con 178 votos a favor, ha pasado el primer trámite del Congreso para recibir enmiendas y ser posteriormente aprobada en los términos pactados en Waterloo. En eso se ha convertido al final el Congreso español. Ahora tenemos un sistema parlamentario tricameral, en el que las cosas se deciden alegalmente, sin publicidad, sin oposición, incluso fuera de España, habiéndose convertido el Congreso y el Senado en meras instancias de esa primera cámara secreta que, en último término, no pueden más que dar cauce con un poco de retraso a lo que se apruebe allí, si se aprueba allí, tal y como se apruebe allí. Los detalles o las claúsulas secretas de los acuerdos, como la entrega de la alcaldía de Pamplona a Bildu, sólo las conocen los socios de Sánchez o los observadores internacionales, no el pueblo español.

Hemos llegado a un punto, por otro lado, en que la oposición se la hacen al PSOE sus propios socios. Todo lo que dice el PSOE para justificar la amnistía es mentira, según los propios beneficiarios de la amnistía. Ni renuncian a una consulta, ni a la independencia, ni a la unilateralidad, ni buscan con la amnistía la concordia y el entendimiento con el estado sino meramente la impunidad y la continuación del “procés”, ahora sin la oposición -más bien la colaboración- del gobierno español.

Con la aprobación de la amnistía, contra lo que dice el PSOE, no son los golpistas los que pasan a aceptar la legalidad, sino que se estira la legalidad para meter dentro la ley a los golpistas. Es como acabar con los robos sacando el delito de robo del Código Penal. De hecho, el paso siguiente natural de los ladrones sería pedir cuentas a los jueces y policías por haberlos perseguido. Eso mismo hicieron ayer los socios de Sánchez, señalando a jueces, policías y periodistas, o al rey, desde la tribuna del Congreso. Algo inusitado en un país democrático.

La tribuna del Congreso, cuando se suben a ella los socios de Sánchez, es de hecho ya más un tribunal que una tribuna. No es sólo que los socios de Sánchez tengan impunidad para cumplir o incumplir la ley a voluntad, se les reconoce además la capacidad de convertirse en perseguidores de los defensores de la legalidad. A que a los demás se les aplique la ley se llama justicia, a que se les aplique a ellos se le llama lawfare.

Por lo que respecta al fondo del asunto, la amnistía es por muchas razones una cuestión de la mayor gravedad. Para empezar es un fraude electoral, porque Sánchez ganó las elecciones diciendo que no habría amnistía. Obviamente a menudo los políticos hacen cosas tras las elecciones distintas a las que prometieron antes, pero primero eso no significa que esté bien y segundo esos volantazos no pueden estar fuera de la ley. O sea, no sólo es que el PSOE esté haciendo lo contrario que prometió, sino que está haciendo algo que antes de las elecciones reconocía que era inconstitucional, un ataque a la separación de poderes y una voladura del estado de derecho. Por si fuera poco una amnistía no se puede pactar entre los beneficiarios de esa amnistía. Hay algo peor que amnistíar a un malversador o un golpista, y es amnistiarlo a cambio de que te vote. No hay nada de lo que están haciendo el PSOE y sus socios que sea legal, democrático o moral, claro que a estas alturas lo que es legal y lo que no lo deciden ellos. Porque esa es otra faceta importante del escándalo. La investidura de Sánchez depende de la amnistía, y la amnistía depende de que el TC la considere constitucional. ¿Cómo les ha garantizado el PSOE a sus socios que el TC la considerará constitucional? ¿Hasta qué punto puede estar involucrado en la voladura del sistema constitucional el propio Tribunal Constitucional?

En la línea de apostar por la concordia y desjudicializar la política, el PSOE anunció ayer tras aprobar la tramitación de la amnistía una denuncia por delito de odio contra Santiago Abascal, que podría castigarse hasta con 4 años de prisión. Si sacas de la cárcel a la gente que te puede dar el poder, meter en la cárcel a la gente que te lo puede quitar parece el siguiente paso lógico en la progresión por esa pendiente dictatorial.

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