Siempre resulta un ejercicio interesante separar los hechos de las palabras. Es decir, en política, pero en general en todos los ámbitos de la vida, es muy frecuente que las palabras vayan por un lado y los actos por otro, que alguien haga todo lo contrario de lo que predica, o que incluso con buena voluntad quiera una cosa, pero que con los medios que pone para conseguir esa cosa consiga la opuesta. De nada vale por tanto lo que uno predica o dice de sí mismo o de los demás si lo desmiente la realidad.

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Escuchando estas últimas horas lo que se está diciendo de VOX, por ejemplo, podría dar la impresión de que VOX es un partido liderado por un violento. Un secuestrador, por ejemplo. O que hay partidos que no pueden sacar una carpa a la calle, o celebrar tranquilamente un mitin, porque aparecen unos simpatizantes de VOX y tiran piedras a sus militantes o los golpean. Parece que la sede de ningún partido está segura en este país, salvo las de VOX. Si quieres que todo el mundo te trate con respeto, que nadie te insulte y que nadie te pegue, supuestamente hazte de VOX.

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Por el contrario, ¿tiene algo que ver lo anterior con la realidad? ¿Son los demás partidos los que no pueden celebrar mítines porque van simpatizantes de VOX a apedrearlos, o es VOX el que no puede celebrar mítines porque son simpatizantes de otros partidos los que van a apedrearlos a ellos? Y si es así, ¿quiénes son entonces los violentos, los que practican el fascismo y los que amenazan la democracia?

No ha sido una figura de la izquierda, sino del entorno histórico de VOX, quien hace poco ha recibido un tiro en la cara que no ha acabado con su vida de milagro. Todavía no sabemos quién ordenó dispararle y eso ya es bastante preocupante y significativo. Lo que sí sabemos es desde qué entorno ideológico se celebró ese disparo. También sabemos qué lideres políticos evitaron escribir siquiera un tuit de condena. A lo mejor el atentado contra Vidal Quadras se decidió en Irán, pero lo celebró mucha más gente en España que en Irán. Y después de todo ya veremos realmente dónde se decidió.

¿Dónde es más evidente en España la falta de libertad? ¿Donde está VOX presente en algún gobierno o donde gobierna el nacionalismo? ¿Han impedido acaso simpatizantes de VOX pronunciar una conferencia a una figura de la izquierda en una universidad como se le impedido a Cayetana Alvarez de Toledo en Barcelona? ¿Han participado personalmente los líderes de VOX en algún escrache para impedir la libertad de expresión de alguien como han participado algunos líderes de Podemos o Más Madrid?

¿Ha posado Abascal alguna vez con una bandera nazi como otros han posado con una bandera de la URSS? ¿Se ha sacado Ortega Smith una foto cocinando con un uniforme de las SS como otros se la han sacado con un chándal de la RDA? ¿Ha escrito Buxadé algún tuit exaltando la figura de Pinochet como Yolnda Díaz lo ha escrito exaltando la de Castro? ¿Ha presentado Ivan Espinosa un programa en el que le preguntaba a su invitada qué hay que hacer con la gente de ERC y la invitada le ha respondido que matarlos? ¿Quiénes son entonces realmente los peligrosos enemigos de la democracia en este país?

¿Qué es lo peligroso ahora mismo en muchos lugares de España? ¿Pensar distinto que VOX o pasear con una bandera española? Para vivir tranquilo en el País Vasco, Cataluña o muchas zonas de Navarra, ¿hay que hacerse de VOX o de Bildu? ¿Hay algún ayuntamiento de VOX que contrate unos payasos que pidan la impunidad de unos terroristas de extrema derecha? ¿Hay siquiera terroristas de extrema derecha? Si los hay, ¿hay alguien que los llame presos políticos? ¿Ha indultado VOX a algún delincuente a cambio de poder gobernar de su mano? ¿Ha hecho VOX algo que el día anterior de necesitar hacerlo decía que era inconstitucional? ¿Quién pone en peligro el estado de derecho aquí? ¿Quién pone en peligro la libertad aquí?

Por lo demás, es probable que las palabras de Abascal respecto a que Pedro Sánchez sea colgado por los pies no vayan a pasar a la historia como las más afortunadas de su carrera, pero establezcamos algún matiz. En primer lugar Abascal no ha dicho que hay que colgar a Pedro Sánchez o que él quiere colgar a Pedro Sánchez, lo que ha dicho es que es el pueblo español el que va a acabar tan harto de Sánchez que va a querer colgarlo por los pies. Se trata más bien de un diagnóstico que de un deseo o una consigna. En segundo lugar no parece una frase que se pueda abrazar en su literalidad. Si Abascal hubiera dicha que el pueblo va a querer cotarle los huevos a Pedro Sánchez, nadie lo hubiera tomado en sentido literal, pero en cambio sí se ha tomado lo de colgarlo por los pies en sentido literal.

Parece que se deseara que realmente hubiera un partido que literalmente quisiera colgar a Pedro Sánchez por los pies. ¿Cómo hemos llegado a esta situación? Pues porque todos los socios del PSOE son o partidos golpistas, o filoterroristas, o chavistas, y por tanto la única forma de blanquear esas alianzas es convertir en nazi a la alternativa. Si la elección es entre los sanchistas y gente normal, el electorado elegirá a la gente normal, por tanto hay que vender la idea de que la elección es entre el sanchismo o el fascismo, a ver si mucha gente que empieza a renegar del sanchismo lo sigue votando por miedo a la ultraderecha.

Naturalmente hay otra razón más que obvia para criminalizar a VOX y es dificultar una alternativa democrática al poder. Si consigues que 33 diputados de la derecha sean inusables la mayoría necesaria para echar al sanchismo pasa de 176 a 209. Lo increíble es que el PP se sume a veces con cierto entusiasmo a esta criminalización, no dándose cuenta por un lado de que es injusta, por otro de la total ausencia de complejos del PSOE para pactar por su lado con quien sea, y finalmente porque de esta manera se cierra a sí mismo el acceso al poder, movilizando al electorado rival y autopenalizando sus pactos con VOX.

Es por esto que presentar a Abascal como un peligro para la democracia no depende de lo que haga o diga Abascal. Y es por ello que a Feijóo se le va a presentar como un prisionero de la ultraderecha haga lo que haga. Es absurdo pensar que la izquierda va a dejar de acusar de fascistas a los partidos de la derecha hagan lo que hagan los partidos de la derecha, porque acusarlos de fascismo es la única estrategia y la única jugada para mantener el poder que tiene la izquierda. Por tanto no tiene sentido tratar de hacer o decir cosas para que la izquierda no te tache de fascista, puesto que va a hacerlo de todas formas. Lo que hay que hacer es enfrentar ese discurso con la verdad.

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