Si eres mujer y quieres parir, fuera de Estella tendrás que salir

Pensábamos que la sanidad pública navarra iba mal, pero todo puede empeorar. No hay reto que nuestro bienamado gobierno de progreso no pueda alcanzar, si es para ir a peor. Se reían al principio de que el anunciado apocalipsis con la llegada del gobierno del cambio no llegaba, aunque lo que evidentemente no llegaba nunca era el reino de leche y miel, pero sí que parece que poco a poco va llegando el apocalipsis foral. Un claro exponente de esta deriva hacia el abismo es la decisión, a la fuerza por falta de médicos, de derivar todos los partos en Estella hacia Tudela y Pamplona.

Cínicamente podría pensarse que menos mal que las políticas progresistas, abortistas y antifamilia desploman también la natalidad. Si algún niño en Estella consigue no obstante abrirse camino hacia la vida, la madre tendrá que ser desplazada a Tudela o Pamplona, o nacer en un taxi como en las películas de los años 50, gracias a los resultados regresivos de las políticas de progreso. Con el pornoconsejero de Salud de Geroa Bai hay sexo lésbico en las marquesinas para los niños, pero no le pidas poder dar a luz a un niño en Estella.

Una vez más llama la atención cómo con Marta Vera en la consejería de Salud, antes del cambio, lo escandaloso y lo que llenaba las portadas y los minutos de las tertulias era si en el complejo hospitalario la tortilla era lo bastante amarilla. Ahora la sanidad pública navarra tiene 88 pacientes en lista de espera por 1.000 habitantes frente a los 78 de la media nacional, lo que nos convierte en la quinta región española con mayores listas de espera, y el tiempo medio de espera de los navarros para una primera consulta con el especialista es el tercero más alto de Espàña, con 110 días de espera frente a los 87 de media nacional. Pero los medios que se escandalizaban por el pelo de un activista en la sopa del complejo hospitalario, y llevaban el hecho a portada, ahora callan. Casi hasta bendicen la situación. Y eso que pagamos muchos más impuestos por un servicio peor. Pero mejor un servicio peor y más caro si nos lo dan los nuestros que un servicio mejor y más barato si nos lo dan los de enfrente. ¿Y aún nos asombra nuestra decadencia foral? ¿Y con este nulo nivel de exigencia por parte de su gente y esta impunidad electoral puede extrañarnos que el gobierno de progreso pueda permitirse el lujo de hacerlo todo tan mal?

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