Europa nos dejará vendidos al sanchismo

Esta es una de esas predicciones que nos comeremos con mucho gusto llegado el caso, porque tener que comérnosla será bastante menos dañino que acertar. No obstante no cabe más remedio que ser eurocríticos: ahí está la realidad. Las relaciones entre los países, por su propia naturaleza, siempre son dialécticas. Un país es un grupo de interés que convive con otros grupos de interés. Las relaciones entre los grupos de interés nunca son de amistad o enemistad, sino de coincidencia o divergencia. En política internacional no hay amigos ni enemigos permanentes, sino sólo intereses permanentes, como siempre ha repetido con atino Henry Kissinger. Creer que Alemania o Francia es tu amiga, y además tu amiga permanente, es tan infantil como delirante. Nuestros intereses con Alemania o Francia a veces estarán alineados y a veces estarán confrontados. En principio somos competidores, grupos de intereses distintos que pugnan por unos mismos recursos limitados: naturales, financieros, clientelares, estratégicos. El gobierno alemán no se pregunta cuál es el bien para España, sino para Alemania. El gobierno español no se pregunta tampoco cuál es el bien para Alemania, sino para Sánchez.

Yendo por delante todo lo anterior, pensar que la UE va a salir al rescate de la democracia española es una enorme ingenuidad. Para empezar el parlamento europeo es en un primer plano una amalgama de partidos extranjeros, y en segundo plano una amalgama de partidos ideológicos. ¿Va a alinearse el izquierdismo europeo contra la izquierda española? ¿Va a pesar más el amor a la democracia o a la españolidad que la ideología? Si en el párrafo anterior considerábamos que los países son grupos de interés en relación dialéctica entre sí, los partidos del parlamento europeo son a su vez grupos políticos de interés en relación dialéctica entre sí. Nadie va a venir de Europa a salvar España, salvo que le interese salvarla. Y si lo que le interesa es ahogarla, la ahogará sin piedad.

De hecho, mientras Italia se convierte en la puerta del gas alemán los españoles al parecer comeremos de la amnistía y del reconocimiento nacional de Euskal Herria. ¿En qué escenario a las potencias europeas competidoras de España les interesa una España fuerte en vez de una España endeudada, dependiente y distraída en sus monsergas interinas? ¿Nos van a ayudar a resolver nuestros conflictos interinos para convertirnos en competidores más fuertes? Pedro Sánchez no va a poner los intereses de España por delante de los intereses de Pedro Sánchez o del PSOE, ¿y nos creemos que Macrón va poner los intereses de España por delante de los de Francia o por delante de los de Macrón? Cuando Puigdemont escapó de España no se fue a Mozambique o a Nepal a huir de la justicia española y europea, se fue tranquilamente a 10 kilómetros de Bruselas, a limpiarse el cristal de las gafas con la euro-orden dictada contra él, sin privarse de darse de vez en cuando un paseíto por Alemania o Italia. La UE observará y analizará los problemas de España con mucha atención y preocupación. Y después los seguirá observando un poco más. Y puede que más tarde todavía los observe y analice otro poco más aún.

Fiar por completo a Europa la solución al conflicto entre democracia y sanchismo puede ser un error absolutamente devastador. ¿Qué pasará si la UE rechaza todas las peticiones de ayuda de la oposición y confirma la naturaleza democrática de las decisiones de Sánchez, la validez de la amnistía y la ortodoxia de las resoluciones de Pumpido? No sólo es que la UE no ayudaría a frenar al sanchismo, sino que sería el sanchismo quien encontraría el respaldo de la UE para cuestionar la naturaleza democrática de la oposición. Si todo el discurso contra los actos del sanchismo va a depender de lo que diga la UE, todo el discurso contra el sanchismo colapsaría en el momento en que la UE dijera que los pactos de Sánchez y sus actuaciones son discutibles, pero no flagrantemente ilegales.

Lo que se decide en Europa depende además del que más se lo trabaja. O sea, lo que Europa piensa de España depende en gran medida del relato que llega al resto de Europa desde la propia España. Hay que vender el relato en la UE para que la UE te compre el relato. Los editoriales o los análisis televisivos se pagan a tanto el párrafo o a tanto el minuto. Acabamos de saber que Cerdán  hizo la vista gorda a un informe del Tribunal de Cuentas sobre gastos de la Generalidad de más de 400 millones de euros en Europa, para relatar, visibilizar y comprar adehesiones a su “pruseso”. Algunos observadores malpensados no dejan de ver también con suspicacia la posibilidad de que un rescate a Siemens-Gamesa sirva para lubricar la aprobación alemana a la amnistía sanchista. Europa dará la razón al que más haya invertido en que se la de. Nuestra dependencia de la UE, nuestra confianza ciega en ella y nuestra necesidad de validación de su parte oscilan entre lo suicida y la ridiculez.

No se trata de que dejemos de pelear en la UE o de que renunciemos a toda ayuda que pueda llegar de la UE, pero habrá que tener un plan B. Es más, ¿tiene sentido que la hipotética y evanescente ayuda de la UE sea el Plan A?

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Comentarios (2)
  1. mirentxu says:

    La Union Europea sigue la agenda 2030. Los socialistas y los PPs europeos siguen la agenda 2030.
    Lo que está pasando en España es un aperitivo de lo que quiere para todo el mundo la agenda 2030.
    La Union Europea ve con buenos ojos esa probatina y espera a ver que pasa. Si se puede repetir en todos los demás paises o hay que esperar un poco para que estén maduros
    Esa es la dura realidad

    Bien puntuado. ¿Te gusta? Thumb up 5 Thumb down 0

  2. De Navarra says:

    Ante unos datos macroeconómicos que evidencian el ruinoso estado al que el Presidente Sánchez y sus socios han llevado las cuentas públicas de España, es sorprendente que la UE no haya decidido cortar semejante sangría en las arcas públicas españolas. Aquellas visitas inquietantes de los temidos “hombres de negro” de Bruselas, guardianes de la fidelidad presupuestaria, parece que forman parte de la historia. Ahora, las autoridades políticas y económicas de la UE (especialistas en dispararnos periódicamente “tiros en el pie” que nos empobrecen) han marginado las rigurosas exigencias económicas a los países miembros, para centrar todo su interés y prioridad en políticas supranacionales de ingeniería social. A los gerifaltes de la UE, solo les preocupa la implementación de la nueva doctrina ideológica concentrada en la nefasta Agenda 2030.
    Está claro que a la UE no le pone nerviosa el déficit ni el endeudamiento que pueda generar un gobierno “de su cuerda”, le hace temblar que pueda llegar a España una fórmula de gobierno, como la que ya tienen en Italia, Polonia o Hungría, que pudiera ser menos sumisa que P. Sánchez a la Agenda ideológica 2030. ¿Podemos seguir confiando en la UE?. El “sanchismo” parece que sí.

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