Listas con asesinos y siglas históricamente asesinas

Cuanto más se hace notar la ETA, más hay que hablar de Franco. La relación es evidente. La única forma de justificar los pactos con Bildu o sus listas con asesinos es hablar de Franco. Es hablar de Franco o tener que echar a Bildu y no se puede echar a Bildu porque el gobierno depende de Bildu. Utilizar a Franco como pretexto para cualquier atrocidad es por otro lado lo que ha hecho siempre la ETA. LA justificación de ETA para matar a la gente es que eran fascistas opresores del pueblo vasco. Esto mismo permitía a los supuestos liberadores del pueblo vasco matar a todos los vascos que quisieran, mediante el sencillo recurso de calificarlos de fascistas. Si matas a un fascista ya no eres un asesino, sino un luchador antifascista. La mejor forma de disimular para alguien que practica métodos fascistas, como la eliminación física del que no piensa como él, es autodenominarse antifascista. Es todo muy ridículo, pero hay que admitir que funciona con una parte importante de la población.

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Así las cosas estos días hemos tenido que asistir al espectáculo de diversas formaciones extremistas, amigas entrañables de Bildu, sosteniendo que el problema no son los asesinos que Bildu ha metido en su lista, sino todos los franquistas que hay en las listas de los partidos de la derecha. No busquen las siglas de una banda terrorista franquista ni los pistoleros de esa banda en la lista de ningún partido de la derecha, pero si alguna ventaja tiene la izquierda es que fabrica sus discursos a prueba del contraste con el mundo real, vean si no el entusiasmo con el que todavía algunos defienden el comunismo.

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El caso sin embargo es que, aparte de los terroristas en las listas de Bildu, sí que hay algunas otras anomalías en la política española, pero a la izquierda. Podríamos decir que se trata no de las listas asesinas sino de la anomalía de las siglas asesinas.

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Cualquiera puede comprobar que el PSOE es históricamente un partido golpista, violento y antidemocrático. Ahí está la hemeroteca que lo demuestra. Sin embargo, ahí está este partido con sus siglas. De algún modo, al igual que la izquierda abertzale, ha considerado que no tiene que hacer autocrítica, que no tiene que condenar una parte de su pasado, que no tiene que refundarse, que no tiene que dejar de venerar a sus líderes históricos y que no necesita un cambio de siglas. De este modo aquí tenemos en 2023, sin que nadie haya querido tocarlas, las mismas siglas que desde 1933 proclamaban la dictadura del proletariado, el derrocamiento de la Segunda República, el arriado de la bandera tricolor y la instauración en España de un régimen como el de Stalin. La verdad es que si, a causa de los pistoleros en las listas, el PSOE le exigiera a Bildu una sincera autocrítica sobre su pasado, Bildu le podría responder con razón al PSOE que dónde está vuestra sincera autocrítica sobre el vuestro.

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Todo lo anterior se puede aplicar con la misma razón a una formación como ERC, que tampoco ha afrontado autocrítica alguna por su pasado como manifiesta el mantenimiento de sus siglas, unas siglas teñidas de sangre que además fueron golpistas en el siglo XX y han vuelto a ser golpistas en el siglo XXI. No es que Rufián le vaya a hacer reproche alguno a Bildu por su pasado, pero si lo hiciera se encontraría con el mismo problema del PSOE, que Bildu podría decirle a ERC que hiciera autocrítica por su propio pasado primero.

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Si ya el terror rojo del bando republicano es poco conocido y objeto de una intensa desmemoria por parte de la izquierda, el terror catalanista de ERC es aún menos conocido, no digamos en la propia Cataluña bajo su granítico régimen nacionalista. No obstante en medio de la oscuridad brillan con luz propia algunas luces como la de Dolca Catalunya, en cuya web podemos encontrar algunos datos curiosos de la terrible represión izquierdista y nacionalista durante la Guerra Civil en Cataluña.

Bajo la Generalitat nacionalista de Lluís Companys (ERC) fueron asesinados 4.513 barceloneses. Otras fuentes nombran 4.554. En Gerona fueron 810, en Lérida 1.261 y en Tarragona 1.504. En total, más de 8.000 catalanes fueron asesinados siendo presidente Companys por ser católicos, empresarios, «derechistas», catalanes y españoles, o sencillamente por no ser afines a los partidos que gobernaban la Generalitat.

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En la web de Dolca Catalunya podemos encontrar un enlace al Decret de Presidència que se firmó para crear el Comité de Milícies Antifeixistes de Catalunya (26 de julio de 1936), responsable de miles de paseos, fusilamientos, torturas y asesinatos, y creador de decenas de chekas.

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También se puede encontrar la Ley de calidad racial promulgada por Companys el 25 de diciembre de 1936.

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Asimismo se recuerda el olvidado asesinato de Francisco Jiménez Arenas, expresidente de la Generalitat ejecutado bajo la presidencia de Companys.

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Se recuerda cómo no a los católicos asesinados durante la presidencia de Companys incluyendo 4 obispos y 1.536 sacerdotes (el 30% del clero catalán).

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Dolca Catalunya también saca del olvido a los 16 socios del Barça asesinados bajo Companys. De estos tampoco se acuerda nadie.

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Hubo además 16 poetas asesinados en la retaguardia, en nombre de la “llibertat” i “Catalunya”.

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El listado incluye funcionarios, policías o periodistas pero quizá lo más llamativo es la ejecución de 90 miembros de la propia ERC asesinados por su propio partido o en luchas intestinas del nacionalismo, la izquierda y el anarquismo.

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Además de recomendarles que visiten la web de Dolca Catalunya, como apunte final cabe añadir que se nos suele decir que los represaliados por el terror republicano, a diferencia de los represaliados por el franquismo, fueron debidamente enterrados y reconocidos, pero ni siquiera esto es del todo cierto. Dolca Catalunya recuerda el caso de las fosas del cementerio de Moncada, de las que en 1940 se exhumaron 1.155 cuerpos de represaliados por el terror republicano, de los cuales sólo fueron reconocidos 472. Se trataba de personas que habían sido fusiladas por los milicianos de la CNT, la FAI y ERC en la tapia del cementerio y arrojadas a una fosa común próxima. En septiembre de 2020 la Generalitat se comprometió a exhumar la fosa de Moncada y Reixach e identificar a las 683 víctimas cuya identidad todavía se desconoce, cosa que no se ha hecho hasta ahora quizá porque la existencia de represaliados por el bando republicano siempre resulta un recuerdo molesto, desmitificador de ciertos personajes y contrario al relato hemipléjico impuesto.

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