La paradoja de condenar una pintada “antifa” en Cizur

Ayer tuvo lugar en Navarra el penúltimo episodio de insultos y pintadas intimidatorias, concretamente en Cizur Mayor contra Andoni Serrano (Geroa Bai), concejal de Presidencia, Función Pública y Seguridad Ciudadana de la localidad.

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Como puede apreciarse, entre las pintadas aparece una esvástica tachada, lo que nos lleva una vez más al mundo de la paradoja y la inconsecuencia. Es decir, quien hizo las pintadas se consideraba un antifascista luchando contra un fascista (y por tanto legitimado por ello), aunque en este caso el fascista fuera de Geroa Bai. La pregunta es, ¿quién decide si el concejal de Cizur es o no es un fascista y hay que luchar contra él?

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O sea, hay formaciones políticas que ya han normalizado el discurso del ladrillazo. Si eres un fascista mereces un ladrillazo. ¿Pero quién decide quién es un fascista? ¿El que lanza el ladrillo?

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La condena “selectiva” de la violencia política

Quienes han condenado las pintadas contra Serrano, pero no otras pintadas, otros insultos e incluso agresiones contra otras personas, parece que en este caso no aceptan la condición de fascista de Serrano como justificación de las pintadas. ¿Por qué? Esto es que tienen un criterio para distinguir entre los ataques antifas aceptables y los inaceptables. ¿Cuál es ese criterio? ¿Podrían explicitarlo? Aparte de Serrano o Geroa Bai, ¿a qué otras personas y partidos no es aceptable hacerles pintadas, insultarlas, amenazarlas o agredirlas y por qué? ¿A quién en cambio sí es aceptable insultarles y pegarles y por qué? ¿Y por qué el que ha hecho las pintadas no tiene razón en este caso y en otros sí? ¿No se comportan algunos partidos como el propio autor de estas pintadas a la hora de distinguir?

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Para nosotros no hay duda, lanzar ladrillos siempre está mal, hacer pintadas insultando, marcando y señalando a una persona está mal, ¿pero cómo lo hacen los que piensan que está bien siempre que se lo hagan a otros? ¿Dónde ponen el límite y porqué? Si no se condenan los insultos, las amenazas o hasta las agresiones a ciertas formaciones, ¿se puede exigir después a esas formaciones que condenen las agresiones a los que no condenaron sus agresiones?

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Ya vemos que no hay un criterio fijo para condenar los ataques de los mal llamados antifas. Lo único fijo es que cuando la víctima es de izquierdas todo el mundo condena la agresión, pero cuando la víctima es de derechas no todo el mundo lo hace. A lo mejor por tanto la que se tiene que mirar si tiene un problema con la violencia radical es la izquierda. O más precisamente, a lo mejor es el electorado el que le tiene que obligar a hacérselo mirar, si no queremos acabar todos mal.

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