¿Por qué la vacunación triunfa en Israel y fracasa en Chile?

 

La vacunación es la solución a la pandemia. ¿O no lo es? Observando lo que sucede en Israel sí lo es. Allá al menos el 60% de la población ha recibido una dosis de la vacuna. El resultado es que las cifras de contagios, hospitalizaciones y fallecidos se han desplomado. Las gráficas resultan bastante expresivas a este respecto.

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Como contraste, Chile es otro de los países con más porcentaje de vacunados del mundo. Al menos un 30% de la población ha recibido ya al menos una dosis de vacuna. La mala noticia es que las cifras de contagios en Chile siguen descontroladas lo que, pese a la campaña de vacunación, ha determinado nada menos que un nuevo confinamiento domiciliario. ¿Podemos o no podemos entonces confiar en la vacunación para acabar con esta pandemia?

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Parece que los expertos siguen analizando lo que está sucediendo, pero si nos fiamos de los datos publicados existe una obvia diferencia entre la campaña de vacunación en Chile respecto a la de Israel.

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La campaña de vacunación en Israel se basa casi exclusivamente en las vacunas de Pfizer y Moderna.

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En Chile, por el contrario, podemos leer que el país ha importando 13,25 millones de vacunas de las que 1,28 millones de dosis son de Pfizer, el resto, el 90%, son vacunas chinas de Sinovac. Es por esto que Chile presenta un porcentaje tan elevado de vacunados pero, al mismo tiempo, da la impresión de que la vacuna china (pese a la propaganda de la república popular comunista) está lejos de la eficacia que están mostrando las vacunas occidentales.

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Desde luego es una mala noticia que haya vacunas que no funcionan o funcionan con menos eficacia que otras. Esto reduce a escala mundial la disponibilidad de vacunas eficaces. Al mismo tiempo, esto nos señala la necesidad de fijar la adquisición de vacunas en aquellas que funcionan.

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Lo anterior nos conduce una vez más a lo que no ha hecho la UE, con el resultado de que al menos el bréxit sanitario le ha salido a Gran Bretaña mucho mejor que la permanencia en la UE. Hasta el mes de febrero, o sea anteayer, la UE sólo había comprado 300 millones de dosis de Pfizer y 160 millones de dosis de Moderna. Para vacunar con las 2 dosis a los 450 millones de habitantes de la UE, hacen falta 900 millones de dosis. ¿Cómo no va a haber un cuello de botella en la vacunación?

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En realidad, la UE apostó sobre todo por la vacuna de Astra Zeneca, la primera que compró, comprometiendo la adquisición de 400 millones de dosis. Frente a Pfizer y Moderna, Astra Zeneca era una vacuna europea y además la más barata. Sin embargo no se puede comprar una vacuna por criterios políticos, económicos o sentimentales. Además de la escasez en general, y de la escasez de las vacunas que se están demostrando más eficaces en particular, resulta también que la población no tiene libertad para poder elegir. Cuando el gobierno no nos deja elegir la vacuna que nos van a poner, no es porque nos ofrezca la mejor, sino la que tiene, si la tiene, cuando la tiene. Si las autoridades sanitarias no nos pueden ofrecer más que una vacuna, malamente podemos creer que forzosamente es la mejor, sino la que hay, ¿nos recomendarían la misma si tuvieran vacunas de sobra de todas las farmaceúticas? ¿Qué nos recomendaría un médico a través de nuestro seguro si no hubieran maniatado al sistema privado? Desastre sobre desastre. ¿Cuántas vidas y quiebras económicas va a suponer la lentitud y falta de determinación en la adquisición de vacunas? ¿Cuántos confinamientos y recortes de derechos nos habríamos podido evitar? ¿Responderán algún día nuestros políticos, a nivel nacional y comunitario, por esta mala gestión?

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