La independencia judicial en España en la UCI

La libertad sufre en España un ataque importante casi a diario. Con eso y con todo, lo que parece el anuncio inminente de un acuerdo del PP con el PSOE para la renovación del Consejo General del Poder Judicial sería un ataque muy por encima del promedio diario al que nos vamos acostumbrando. Se trata de un hecho potencialmente gravísimo, capaz de poner en cuestión la independencia de la Justicia, el cumplimiento de las leyes y los fundamentos del estado de derecho en los próximos años. Con el poder judicial también en sus manos, el actual gobierno gozará de un poder prácticamente absoluto y lo que es igual de malo: la voluntad de usar ese poder absoluto de modo abusivo y despótico. No es que sea buena idea dar el poder absoluto ni a un santo, pero es locura concedérselo a alguien con tics claramente tiránicos.

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Desde luego podría objetarse que la renovación de los órganos judiciales va a ser fruto de un pacto entre el PP y el PSOE. O sea, que hay un equilibrio entre bloques, ¿pero acaso sabemos algo de eso? ¿Acaso no cabe temer lo contrario?

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Por un lado tenemos un bloque absolutamente radical de separatistas y ultraizquierdistas que no da jamás un paso atrás y que tiene a Pedro Sánchez cogido por la poltrona. Nos dicen que la renovación se ha pactado entre el PP y el PSOE pero esto es tan increíble que hace pensar lo peor. ¿Realmente se cree el PP que el PSOE ha vetado a Podemos y el resto de socios de los que depende? ¿Qué boniatos habrá acabado firmando el PP con un bloque capaz de nombrar fiscal general del estado a Dolores Delgado? Porque esto lo más temible de todo, la debilidad del PP, de los otros sabemos todo.

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De una parte tenemos un bloque radical pero fuerte y firme en sus objetivos, con todo el poder mediático de su parte, el cual lleva meses y meses atacando al PP, ejerciendo presión sobre él y acusándole de bloquear las instituciones. Podemos ha acusado al PP hasta de golpismo por no avenirse a aceptar sin condiciones la lista de nombres de Pedro Sánchez. Como si el bloqueo sólo dependiera de uno. Como si la obligación de alcanzar un mayoría cualificada no tuviera como fin precisamente el generar un bloqueo en caso de que los nombramientos no fueran aceptables para todas las partes.

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Dicho esto, los antecedentes del PP invitan a concebir los peores temores. Hablamos de un partido al que se le han ido los votantes a izquierda y derecha, con el nacimiento de VOX y Ciudadanos, por indefinición en la defensa de sus ideas y valores. Es decir, la debilidad del PP no es un asunto actual sino endémico. Pero es que en los últimos tiempos la izquierda le manda al PP las alianzas, prohibiéndole aproximarse a VOX, le cesa a los portavoces parlamentarios y hasta le obliga a cambiarse de sede. O sea, ¿qué principios va a defender un partido que por no poder mantener no es capaz de mantener ni su sede central y la cambia no por voluntad propia, sino por la presión de los acontecimientos? La cambia además absurdamente, en sustitución de un análisis autocrítico de su último batacazo electoral, en sustitución de la asunción consiguiente de responsabilidades, y en la ridícula esperanza de que cambiando de sede la izquierda mediática le va a tratar mejor y se va a olvidar de los mantras habituales con los que lo ataca. Como si una demostración de debilidad sirviera para desestimular futuros ataques en vez de lo contrario.

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Podemos temer por tanto que el acuerdo del PP para la renovación del CGPJ es una auténtica cesión infamante que le proporcionará un poder tan enorme como descontrolado a la izquierda. Un poder que utilizará sin contemplaciones para machacar la libertad educativa o para aplicar arbitrariamente el Código Penal en virtud de la ideología. El PP le entrega a la izquierda el arma que lo ha de descoyuntar, pero no es la primera vez que vemos esto mismo en el Partido Popular.

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Lamentablemente la situación actual de bloqueo podía haber sido una gran oportunidad para buscar una salida en la dirección opuesta. Es decir, para despolitizar la Justicia y dejar los nombramientos de los jueces en manos de la propia magistratura. Ningún acuerdo entre el PP y el PSOE podía ser bueno porque el reparto partitocrático es una reincidencia en el error y una mala noticia en sí misma. Pero es que además este acuerdo llega con el PSOE más radical de la historia reciente y el PP más débil y desnortado. La pieza que le faltaba a la izquierda para subvertir por completo la democracia imperfecta que disfrutamos o padecemos era precisamente el control de la Justicia. Esperemos que el PP no se lo haya entregado a la izquierda envuelto en papel de regalo. Como consuelo el PP se juega su futuro con este asunto. Por un lado porque una cesión como esta en un momento tan delicado sería incomprensible para sus propios votantes, y por otro porque la izquierda no quiere ese poder para otra cosa que para destrozar a sus rivales políticos, categoría dentro de la cual sigue figurando el PP incluso a pesar de sus denodados esfuerzos.

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