El rapero Pablo Hásel ha entrado en prisión en medio de una oleada de violencia en las calles de algunas localidades de Cataluña y la Comunidad Valenciana, arropado también por el apoyo editorial de buena parte de los medios de izquierda, incluso por parte de algunos miembros del gobierno que, desde su autoconferida superioridad moral izquierdista, no se cortan un pelo a la hora de llamar nazis a los jueces cuando no les gustan las sentencias que dictan.

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Lo cierto es que los partidarios de Hásel, como acaba de verse, fundamentan su defensa bajo la premisa de que el rapero simplemente utilizó su libertad de expresión para criticar al emérito o la violencia policial. Toda esta defensa carece de fundamento porque no es por ningún delito de opinión que el rapero entra en prisión.

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Para ser precisos, por sus tuits y otras manifestaciones a Hasel sólo le caen dos condenas por injurias y calumnias las cuales consisten en sendas penas de multa. Es decir, no es por opinar, atribuir falsedades o ni siquiera insultar al jefe del estado o a la policía que el rapero entra en prisión, la pena que determina su entrada en prisión viene dada por haber sido condenado también por un delito de enaltecimiento del terrorismo.

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Merece la pena detenerse un momento en este delito porque es la clave de su entrada en prisión. Así, por ejemplo, la sentencia recoge un tuit en el que el cantante dice: “Las manifestaciones son necesarias pero no suficientes, apoyemos a quienes han ido más allá”, e ilustraba esta afirmación con una foto de María Victoria Gómez Méndez, una terrorista de los GRAPO. “Sí nos representan”, era el texto de otro tuit con la foto de Ignacio Varela Gómez, otro terrorista de los GRAPO.

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En la condena de Hásel, además, juega un papel el hecho de que sea multireincidente por diversos motivos. En 2014 ya fue condenado por enaltecimiento del terrorismo, aunque entonces no entró en prisión precisamente por carecer de condenas previas. En aquella ocasión las letras de sus canciones decían cosas como “Prefiero grapos que guapos. Mi hermano entra en la sede del PP gritando ¡Gora ETA! A mí no me venden el cuento de quiénes son los malos, sólo pienso en matarlos”. “No me da pena tu tiro en la nuca, ‘pepero’. Me da pena el que muere en una patera”. “¡Que alguien clave un piolet en la cabeza a José Bono!”. “¡Merece que explote el coche de Patxi López!”.

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Adicionalmente, ante la violencia desatada por sus partidarios tras su detención, no sería difícil concluir que efectivamente el discurso de Hásel no sólo es un enaltecimiento de la violencia e incluso una incitación a la misma, sino una incitación exitosa, lo que vendría a confirmar la pertinencia y justicia de la sentencia.

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