La importancia de lo estático

Lo que queda suele tener más importancia que lo que se marcha. Lo que perdura suele ser más fuerte que lo que se olvida. Lo que se mantiene suele tener mejor base que lo que se derrumba.

Me he dedicado con regularidad a defender los procesos dinámicos sociales, o más bien a tratar de definirlos y estudiarlos desde mi humilde posición. Lo mínimo que pretendía conseguir es poner sobre la mesa la imposibilidad que supone la predicción exacta del comportamiento humano del futuro así como el diseño central y racional de la legislación y del orden social. Todo esto con la idea de destacar lo inútiles que son los debates sobre cómo tiene que ser la composición social cuando esta deriva irremediablemente de procesos que se escapan a nuestro alcance. No obstante he querido pararme en este texto a reflexionar brevemente sobre la existencia de una serie de pautas o tendencias apoyadas sobre la base de nuestra naturaleza que se reflejan en la realidad de forma continuada, es decir, quiero reconocer y poner en valor la existencia de hechos que vemos con reiteración y que pertenecen a nuestro propio ser, que están ligados a nuestra especie como el comer y que son imposibles de evitar.

Emplazo para el futuro un trabajo más extenso analizando cuales pueden ser algunas de estas cuestiones y por qué (tarea engorrosa), pero quiero aclarar que no me estoy refiriendo a las partes de la Verdad disponibles para la razón humana sino a los comportamientos que se dan forma reiterada en la espontaneidad. Para que el lector entienda quiero que piense en cosas como la familia o las jerarquías, hechos que aparecen y cuya explicación tiene que venir de un estudio ex post.

La existencia del dinamismo pone de relieve la importancia de lo estático. Conociendo lo primero y su verdadera naturaleza tiene que derivar en la conclusión de que existen cuestiones que se mantienen inmóviles a lo largo del tiempo y que su defensa tiende a ser irracional. Esto es precisamente por la dificultad que conlleva explicar la necesidad de mantener lo que siempre ha estado y lo que siempre se da ya que no viene de un examen concienzudo sino de la espontaneidad. Que la defensa sea claramente irracional no quiere decir que sea inútil o equivocada. En este caso podemos decir que defender lo estático es una muestra de sentido común que aparece en las personas que mantienen un respeto hacia sus raíces. El problema sólo puede aparecer en el momento de detectar qué cuestiones son realmente estáticas, de hecho podría atreverme a asegurar que todo el mundo acaba por defender en última instancia algo universal y que los debates más profundos e interesantes son, precisamente, los que tratan de descubrir qué componentes del mundo son siempre iguales.

Normalmente lo estático ha pertenecido con mayor intensidad a las corrientes de pensamiento conservadoras que saben detectar su importancia. Estas ideas, derivadas, como dije, de la clara irracionalidad, caen muchas veces en incongruencias al no saber detectar el fondo de la cuestión. La defensa de la familia es un claro ejemplo. Se defiende porque sí, porque es importante, porque la sociedad se organiza así, porque es bueno o por creencias religiosas. Muy poca gente se para a analizar que la familia es algo que aparece continuamente (aún siendo verdad que toma diferentes formas) en todas las sociedades humanas. Por ello está bien luchar por su respeto y porque no pierda categoría social, pero es inevitable que aparezca y reaparezca una y otra vez a lo largo de la historia. Pertenece a esa parte de nosotros que se escapa a nuestra razón. Puede tratar de racionalizarse, si, recomiendo para ello el artículo académico de Hans Hermann Hoppe titulado: “Sobre el origen de la propiedad y la familia“. Sin embargo pienso que cualquier estudio antropológico que se dedique a estos menesteres será siempre incapaz de desentrañar la Verdad oculta tras esto.

Lo estático es lo que permanece entre lo dinámico. Asegurar la existencia e importancia de uno no debe llevar a la deducción de que lo otro no existe o no importa. Lo dinámico sirve para detectar lo estático. Defender lo que perdura debe ser imperioso para todo aquel que respete el cambio natural y viceversa. Al final, en nuestra vida diaria, lo que acaba sobresaliendo entre el resto de cosas es precisamente aquello que se mantiene inmóvil. El sueño de volver al hogar, el recorrer las calles y estancias de la infancia, el recuerdo que produce una simple habitación, los paisajes cambiantes pero que siguen manteniendo su esencia después de décadas y que nos suscitan añoranza… Ya no solo son cuestiones que nos afectan en general como especie y a nuestra organización social. Al igual que el hecho de poder apreciar un momento de silencio o una escena en la que uno deja de percibir el paso del tiempo, son, precisamente estas cosas, las que nos producen felicidad y que no tendrían ningún sentido sin la existencia de lo estático. Los propios sueños cumplidos tienen su valor por haber estado en nuestra imaginación durante mucho tiempo. Son las proyecciones duraderas las que nos dirigen. Nos mueve más y mejor un gran proyecto como tener una familia, un buen trabajo o hacer que nuestros padres estén orgullosos que los pequeños planes que van y vienen.

Por Benjamín José Santamaría Martín

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