Las vacunas son baratas. Papanatismo europeísta, patentes y fracaso en la gestión política de la pandemia

Siquiera tímidamente algunos medios comienzan a atreverse ya a señalar lo que parece bastante evidente: la torpeza con que la UE ha gestionado todo el capítulo relativo a la adquisición de vacunas. Por pagar menos, querer picotear de muchas vacunas pero haciendo pedidos de cantidades muy limitadas, y formar muy tarde los contratos con las farmacéuticas, Europa va ir todo un trimestre por detrás de países como EEUU, Gran Bretaña o Israel.

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Al final son dos las vacunas que de momento están dando mejores resultados y se han comprado insuficientes dosis de estas vacunas, en cambio se han comprado muchos lotes de otras muchas vacunas que o están dando un resultado mucho peor o van a tardar mucho en llegar. Todo resulta muy absurdo porque se van a gastar cientos de miles de millones de euros en planes de ayudas más que dudosos cuando el gasto en vacunas, que es el esencial y donde no tenía sentido ser cicateros, va a representar un montante mucho menor. Por ejemplo, cada dosis de Pfizer cuesta unos 15 euros. Con sólo 1.500 millones de euros se podrían comprar 100 millones de dosis, de sobra para inmunizar con las dos dosis requeridas a todos los españoles. Hace unos meses no sabíamos qué vacuna iba a ser mejor, pero ya sabíamos cuáles iban a llegar primero. Comprar todas las dosis necesarias de cada vacuna para inmunizar a toda la población hubiera sido un gasto más que razonable. Salta a la vista que el coste de las vacunas, contra lo que piensa mucha gente, resulta insignificante frente a los 140.000 millones del plan de ayudas de la UE con el que Pedro Sánchez y Pablo Iglesias van a comprar su perpetuación en el gobierno.

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Por supuesto esto tiene una traducción inmediata en el número de personas contagiadas y muertas, pero también en la economía. O sea, que todo lo que se ha querido ahorrar en vacunas y mucho más, se va a perder por la falta de vacunas y la tardanza en su llegada. Todo por culpa de una muy cuestionable gestión de las compras.

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Lo que en cambio sí ha tenido bastante difusión en algunos medios es la idea de obligar a las farmacéuticas a renunciar a las patentes por sus vacunas. Esta idea es mucho más popular que cuestionar a la UE porque cuenta con la ventaja del prejuicio de la masa contra las farmacéuticas. A menudo este prejucio resulta incluso contradictorio en los términos: como las vacunas las hacen las empresas farmacéuticas deben ser peligrosas, pero las queremos para todos y de inmediato. No nos desviemos sin embargo con estas pequeñeces de la genial idea de obligar a las farmacéuticas a renunciar a sus patentes.

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Por supuesto la idea es que si las farmacéuticas renuncian a sus patentes todo el mundo podría comenzar a producir la vacuna por su cuenta, lo que multiplicaría la disponibilidad de las dosis. Esta idea parte de una varios errores de principio. El primero es pensar que, como decíamos, las dosis escasean por culpa de las empresas y no muy principalmente por las torpes gestiones de compra de los gobiernos. El segundo es pensar que las patentes son malas. El tercero imaginar que liberando las patentes cualquier se puede poner a fabricar vacunas en la bañera de su casa.

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Seguramente merece la pena detenerse un momento en el asunto de que las patentes no son algo malo sino bueno. Las patentes son un avance histórico. Las patentes protegen los derechos del inventor en vez de castigarlo, igual que la propiedad intelectual protege los derechos de los escritores, los músicos o los cineastas frente a los piratas. La piratería no ayuda a que todo el mundo pueda leer, escuchar música o ver películas. La piratería, llegada a cierto punto, lo que por el contrario haría sería hacer imposible que nadie pudiera recuperar los recursos invertidos en filmar una película, y que por tanto no se produjeran películas. Con las canciones, los libros, las medicinas o los aviones no pasa algo muy diferente. En realidad existe un ranking llamado International Property Rights Index que muestra la protección de cada país a las patentes y los derechos de propiedad. De forma escasamente sorprendente los países más ricos, más desarrollados y más punteros son los que más protegen los derechos intelectuales. En los primeros lugares del ranking, de hecho, tenemos a Suiza y Finlandia, mientras que los últimos lugares los ocupan Haiti, Yemen y Venezuela.

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Aunque ya ha quedado bastante demostrado que la escasez de vacunas no se debe a los precios y que 100 millones de dosis de Pfizer sólo cuestan 1.500 millones de euros, hay un último argumento absolutamente tumbativo para quienes exigen la renuncia a las patentes de las vacunas y es que, de hecho, aunque por lo visto toda esta gente no lo sabe, esta renuncia ya se ha producido. Al menos en el caso de Moderna, que el 8 de octubre anunció que no tomaría acciones legales contra nadie que utilizara sus patentes para el desarrollo de alguna vacuna. Por si alguien todavía piensa que renunciar a las patentes eliminaría los problemas, esa renuncia ya se ha producido y no ha resuelto el problema. No queda por tanto más remedio que seguir poniendo el ojo en los gestores de la pandemia.

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https://investors.modernatx.com/news-releases/news-release-details/statement-moderna-intellectual-property-matters-during-covid-19

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