Abstrayendo el concepto de ingeniería social

En la actualidad, la sociedad está expuesta a una manipulación cuasi constante, llevada a cabo por medios muy diversos: currículos dictados por el Estado, propaganda, medios de comunicación del mainstream, discursos políticos y redes sociales.

El problema se puede atribuir al conglomerado ideológico de la cuarta fase de ese proceso revolucionario de carácter luciferino, que busca erosionar el orden natural creado por Dios, tomando como recurso esa abstracción artificial que se conoce como Estado a día de hoy.

Hablamos de ideologías como el multiculturalismo, el ecologismo, la potenciación de la cultura de la muerte y la ideología de género (feminismo y homosexualismo), promovidas por medio de la intimidación, la tergiversación y la censura. Sí, teniendo en cuenta la transición de quinta fase, globalista.

Debido a esas corrientes ideológicas, tiene sentido hablar de una desarrollada hegemonía “progre” o izquierdista (a poderse considerar como algo basado en una modalidad de marxismo, teniendo en cuenta los planteamientos gramscianos, aunque el naturalismo sea el punto más remoto).

No obstante, si bien, en cierto modo se entiende quiénes son responsables de la misma (teniendo en cuenta también la medida en la que la sociedad no ejerce de contrapeso como sería adecuado o necesario), conviene abstraer y clarificar un concepto concreto.

Por ello, será finalidad del presente ensayo desarrollar la explicación sobre la ingeniería social (ocasionalmente, en caso de comprensión del concepto, solo entendida en tanto que se tiene conocimiento de los distintos métodos de delincuencia telemática).

Definición

Por “ingeniería” puede entenderse, de acuerdo con la Real Academia Española, «un conjunto de conocimientos orientados a la invención y utilización de técnicas para el aprovechamiento de los recursos naturales o para la actividad industrial».

Lo habitual es que nos refiramos a alguna que otra aplicación del pensamiento lógico-abstracto para resolver problemas de diversa complejidad, o simplemente, promover alguna clase de mejora científica o técnica.

Ejemplos de ello pueden estar relacionados con la aeronáutica, la industria, la genética, la informática o las telecomunicaciones. A su vez, entran, por necesidad, otras ramas del conocimiento como las Matemáticas, la Física, la Química, la Lógica y la Biología.

Ahora bien, el campo de aplicación y beneficio puede darse sobre quienes vendrían a ser usuarios o beneficiarios de esos recursos naturales o del avance que pueda suponer cierta actividad industrial

Nos estaríamos refiriendo a la sociedad, en tanto que está compuesta por individuos que vienen a ser seres humanos, poseedores de un órgano conocido como cerebro, conectado al sistema nervioso, y basado en un entorno de capacidades cognitivas (la mente).

Por lo tanto, es posible hablar de “ingeniería social” en tanto que existe la posibilidad de desarrollar una especie de conceptos y teorías que permitan abstraer una realidad parcial o completamente diferente a la actual, sobre todo, falsa.

Desarrollo procedimental

La ingeniería social también puede entrar en contacto con otras disciplinas o teorías que “den sentido” a sus objetivos, disponiendo de una serie de herramientas que distorsionen la faceta de pensamiento de las competencias cognitivas de lo que denominamos “mente”.

Ahora bien, a diferencia de lo que ocurre con las otras ingenierías, no existe una diversidad de agentes que puedan competir constructivamente con la idea de que la sociedad se beneficie de sus servicios.

Un ingeniero aeroespacial podría aspirar a que muchas personas se sintieran satisfechas con los medios de transporte utilizados en hipotéticos futuros viajes espaciales mientras que un ingeniero de software puede pensar en optimizar las búsquedas en Internet.

Distinto es que las empresas prestadoras de esos servicios pretendan incurrir en prácticas inmorales al motivar su uso frente al de la competencia o requerir/aceptar la intervención de ajustes políticos para “blindarse” de la misma. 

Pero esa cuestión escapa los objetivos de este análisis, que no tiene ninguna pretensión de discusión sobre la moralidad de determinados procesos económicos, relacionados con la distribución de bienes escasos.

En este caso no existe la susceptibilidad de trabajar por el bien común (procuraduría del beneficio de la sociedad en su conjunto, practicando decisiones guiadas por una especie de moralidad adecuada y sana, lo cual no implica “invocar” al paternalismo estatalista).

Existe una serie de agentes que, en base a unos propósitos determinados, desean cambiar una cosmovisión que no es que sea compartida, sino que se marca espontáneamente, en base al orden natural divino.

Entienden ellos que no se es libre para desviarse del camino hacia la Verdad (algo más relacionado con la trascendentalidad espiritual que con los estatus de “oficialidad” o “relatividad” que pueden estar marcados por el compás de la artificialidad positivista).

Por lo tanto, necesitan no solo elaborar una serie de análisis y desarrollos que estén sustentados en base a la mentira y la antítesis del orden natural, sino que necesitan imponerlos por medio de la fuerza.

Necesitarían tratar las mentes de los distintos componentes de una sociedad como un “todo”, sujeto a una planificación centralizada en la que no se estaría recurriendo a medios de producción y distribución de bienes y servicios (entiéndase por ello el “socialismo”).

Como puntualizara el filósofo Hans-Hermann Hoppe:

«La ingeniería socialista es así aparentemente mucho más abierta a la crítica, a las reacciones cambiantes, a las nuevas ideas—y esta actitud sin duda atrae a una gran cantidad de personas que no estarían dispuestas a suscribirse a ninguna de las otras formas de socialismo. Por otro lado, sin embargo, y esto debe tenerse en cuenta también, no hay casi nada, incluyendo incluso lo más lo ridículo, que a los ingenieros sociales no les gustaría probar en sus semejantes, a quienes ellos ven como paquetes de variables a ser técnicamente manipulados como peones en un tablero de ajedrez mediante el establecimiento de los estímulos correctos»

Una vez explicado lo anterior, convendrá hacer alguna clasificación tanto de los propósitos que orienten la consecución de sus acciones como de la clase de mecanismos de los que pueden dispensarse para alcanzar lo que se hayan propuesto.

En cuanto a los propósitos de orientación hacia finalidad concreta alguna, convendrá hacer la siguiente distinción:

  • Adoctrinamiento: Les conviene asegurarse de que un conjunto en sí de la población comience a modular sus criterios y puntos de vistas a la versión ideológica cuya transmisión se considerase. Esto puede afectar a su cosmovisión grosso modo o a la visión que convenga tener sobre un asunto o tema en concreto.
  • Censura: En un debate, a la larga, siempre tiende a triunfar la verdad, en la cual estarán envueltas tanto la sana doctrina como otra serie de principios y hechos contrastables. Por lo tanto, se tiene que evitar la probabilidad de generación de ese resultado natural. Para ello, conviene aplicar un mecanismo que contrarreste la dinámica de refutación. Por ello, hay que prohibir la discusión y puesta en cuestión de la verdad a imponerse.
  • Coacción: En la medida en la que hablamos de un novus ordo sin sustento natural, trascendental y demostrable, no les resulta conveniente dejar todo pasar y que fluya por sí mismo, con el transcurso del tiempo. Ya sea de manera gradual o automática, conviene forzar a la población a que suscriban todo lo que se ponga sobre el papel.
  • Toma de rehenes: En base a estrategias sensacionalistas y de victimismo, se puede recurrir al tratamiento de determinados segmentos de la población como rehenes, sujetos manipulables y utilizados al servicio de esa promoción ideológica (los ingenieros sociales se arrogarían, falsamente, la representación de todos ellos).

Mientras, los mecanismos de los cuales se dispensarían los expertos en ingeniería social (siempre por medio del Estado, sin perjuicio de que con este colaboren entes como grandes corporaciones) serían los siguientes:

  • Legislación penal (se puede llegar a contemplar una pena de prisión)
  • Sanciones administrativas (multas que pueden tener un valor astronómico)
  • Subvenciones (mecanismo de fomento, por vías económicas, de la dependencia estatal)
  • Control de los medios de comunicación y la educación
  • Propaganda institucional
  • Legislaciones ideológicas que orienten las acciones previamente estipuladas

Con todo ello, de manera represiva, se procurará imponer una especie de “verdad oficial”, que pueda tener un respaldo de cierta extensión no solo en tanto que haya afectados de esas manipulaciones, sino una especie de relativist mindset.

Ejemplos

Considérese el proceso de la Revolución (ese fenómeno que dio sus primeros pasos con el igualitarismo eclesiástico promovido en la Reforma protestante, aunque cierta máxima expresión, también posterior, se pusiera de manifiesto tras la toma de la Bastilla).

Los distintos derivados del proceso en cuestión, ya fuera de una manera más directa o indirecta, han sido motivo para la aplicación del proceso de ingeniería social, en base a falacias conceptuales.

Ejemplos concretos, a lo largo de la historia, han guardado relación con la superioridad racial, las luchas de clases (obreros vs. burgueses), conceptos de nación y cuestiones de índole religiosa.

En la actualidad, cabe enfrentarse a todas las expresiones ideológicas de la cuarta Revolución (ideología de género, cultura de la muerte, multiculturalismo, ecologismo y globalismo) y de la transición hacia la quinta fase (estatismo covidiano).

De hecho, en casos como España, existe una especie de problema adicional que guarda relación con los movimientos nacionalistas periféricos, de carácter pagano, estatista, intervencionista y expansionista.

Conclusiones

La sociedad, a día de hoy, se ve estrangulada en la medida en la que el artificio modernista del Estado vulnera el principio de subsidiariedad y procede a estrangular a la misma, de modo que no pueda desarrollarse.

Los cuerpos intermedios se ven amenazados mientras que se vela por una atomización que llame psíquica y moralmente a la dependencia estatal. Pero esta amenaza no solo es económica, sino también cultural. Por ello, la ingeniería social ha de alarmar también.

Referencias bibliográficas

Por Ángel Manuel García Carmona

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