Pues por si faltaba algo con este maravilloso gobierno ahora llega la Ley Trans. De esta ley se puede decir más o menos lo mismo que todas las iniciativas legales que va impulsando el gobierno. Que no tiene pies ni cabeza y se aprovecha la pandemia, en vez de para apartar cuestiones partidistas y buscar la unidad, justo para sacar adelante todo tipo de leyes divisoras y polémicas, utilizando para ello las circunstancias extrañas y los poderes especiales de que goza el gobierno.

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Algunos de los contenidos más polémicos de esta Ley Trans se refieren a que a los 16 años alguien sin consentimiento de los padres ni respaldo médico pueda decidir como si tal cosa cambiarse de sexo.

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En realidad y para ser precisos, además, cambiarse de sexo es imposible. Un hombre puede someterse a una serie de intervenciones quirúrgicas que lo convertirán en un hombre operado, no en una mujer. Por otro lado se nos dice que ser hombre o mujer no tiene nada que ver el sexo biológico. O sea, el sujeto no se convierte en mujer por ponerse tetas, sino que se pone tetas precisamente porque es mujer. Pero al mismo tiempo ser mujer no tiene nada que ver con tener tetas. De hecho a la vista de esta ley no hay quien sepa en qué consiste ser hombre o mujer.

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Desde luego a los 16 años y sin necesitar consentimiento de los padres ni una validación médica ni psicológica resulta curioso que alguien no pueda votar, o conducir un coche, o tener un arma, o jugar en casino, o comprar tabaco, o hipotecar sus bienes con el banco, o meterse monja, pero se pueda cambiar de sexo. Todas esas cosas que no se deja hacer a los menores es en parte para defender a la sociedad de peligro de un joven con un arma o un coche, por ejemplo, pero también y sobre todo para defender al propio menor. Simplemente se asume que por su importancia y complejidad hay cuestiones para las que se requiere un cierto nivel de madurez. Es decir, la Ley Trans viene a significar que un cambio de sexo no es una cuestión importante ni compleja.

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Aunque cambiar de sexo es imposible y un hombre no puede ni cambiar sus cromosomas ni quedarse embarazado, y esto sólo hablando de cuestiones y diferencias físicas, lo que sí puede hacer en cambio es amputarse su aparato reproductor. No puede por tanto conseguir el objetivo presunto de cambiar de sexo pero sí puede en cambio provocarse un daño o una mutilación irreversible. Y efectivamente, hay personas que se han sometido a un cambio de sexo y se han arrepentido. Podemos hartarnos de ver en los medios personas que se han “cambiado” de sexo contándonos su drama personal y moviéndonos a compasión, pero no nos van a enseñar a ninguna persona que haya cambiado de sexo y se haya arrepentido. Este tipo de testimonios se van a esconder en el debate de la ley.

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Como instrumento para mover a la población a la aceptación de esta ley se va a usar por supuesto de manera indiscriminada el elemento emocional, como en toda cuestión polémica en la era actual. De este modo se nos mostrará el sufrimiento de personas que no aceptan o se sienten en conflicto con su género, vendiéndonos la idea de que un cambio de sexo es una solución y un punto final a su sufrimiento. Como a cualquier persona normal no le gusta ver a otra sufriendo, vamos aceptando masivamente la idea de que la gente que cambia de sexo pasa de ser infeliz a ser feliz y ya está, ergo fin de la discusión, pero las cosas no son así. Si nos van a enseñar a las personas que se han arrepentido tras cambiarse de sexo, mucho menos a las que se han suicidado después de hacerlo. No por no haber cambiado de sexo, sino después del supuesto cambio. Como para dejar semejantes decisiones en manos de niños.

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Por supuesto la Ley Trans incide en muchas de las irracionalidades de la ideología de género. En realidad la Ley Trans es una enmienda a la totalidad de la ideología de género. Defender a la vez la ideología de género y la Ley Trans es absurdo, pero tampoco es que a un gobierno comunista y bolivariano se le pueda reprochar demasiado el defender ideas absurdas. En todo caso es absurdo, por ejemplo, defender al mismo tiempo la idea de que el género es una construcción social y un resultado de la educación para a renglón seguido afirmar que hay hombres que se sienten mujeres pese a todo el condicionamiento social y la educación que han recibido para ser hombres. ¿En qué quedamos entonces? Si hombres y mujeres somos iguales, por otro lado, ¿cómo es posible estar en un cuerpo equivocado? Es decir, si interiormente todos somos iguales, ¿cómo va a haber una discrepancia entre el interior y el exterior de la persona? O la Ley Trans o la ideología de género, las dos cosas al mismo tiempo no tienen sentido.

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Por otra parte, la Ley Trans no exige a nadie que se opere para cambiarse de sexo. Una mera declaración basta para aceptar el cambio. Por supuesto una mera declaración posterior podría descambiarlo. ¿Cuál es entonces el valor de esa declaración? ¿A qué tipo de picarescas no habrá de dar lugar en una sociedad que reserva plazas, establece baremos o penaliza delitos en función del género? ¿Y cuál será la edad oficial, la raza o la altura de los españoles? La que digan el metro o el calendario o la que ellos sientan? ¿Dónde ponemos el límite de las realidades fluidas? Es todo un gran despropósito.

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No falta quien, de todos modos, observa que quizá la Ley Trans tal y como se ha presentado no deje de ser una especie de globo sonda o trampantojo político. La idea sería presentar una ley de máximos con el objetivo real de aprobar una Ley Trans más suavizada la cual pudiera venderse, en comparación con la inicialmente presentada, como razonable y moderada. O no. cualquiera sabe lo que a este gobierno y sus socios les puede parecer excesivo.

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Comentarios (1)
  1. Elena says:

    Lo más impactante es la foto que acompaña la noticia 🙂 .

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