40 aniversario del cierre de “El Pensamiento Navarro”

Por su interés, les dejamos el editorial del último número de El Pensamiento Navarro (páginas 1 y 2) escrito tal día como el pasado 13 de enero de hace 40 años, que sería perfectamente aplicable a día de hoy.


¡VOLVERÉ…!

con mis principios, si España es salvable (Carlos VII)

«El Pensamiento Navarro» deja hoy de publicarse, aunque sus fieles lectores esperemos que su desaparición no sea definitiva, pues estos malos tiempos no han de durar siempre.

He dicho «sus fieles lectores» con toda verdad y exactitud, porque la fidelidad ha sido la característica principal de los que dieron vida y rodearon a este periódico, y de la Causa que representa: fidelidad no sólo a unos principios y a una doctrina, sino diríamos a todo un concepto del mundo, el cual durante más de siglo y medio se ha ofrecido a España para su salvación sin regatear heroísmos, sacrificios y lealtades.

Pero una parte de España (tenazmente apoyada por la Europa antiespañola) no los aceptó. Y por no aceptarlos la comunidad hispánica se ha ido deteriorando progresivamente, ha ido malviviendo entre fracasos y bandazos, entre contradicciones y claudicaciones, en continua y fatal decadencia hasta llegar al momento actual en que culminan y estallan todos los errores acumulados en esos ciento cincuenta años. Y esos errores fueron denunciados y ese mal camino señalado y su meta prevista día a día por «El Pensamiento Navarro» a lo largo de los casi veintiocho mil números que viene publicando desde 1897.

Denunciar y combatir el error y señalar la verdad es misión nobilísima, clarividente, salvadora, propia de espíritus dignos e íntegros. Tal fue la misión de «El Pensamiento Navarro» que llega a esta hora con el orgullo, la satisfacción y la alegría del deber cumplido.

DENUNCIAR EL ERROR Y SEÑALAR LA VERDAD

Claro está que desde la orilla de enfrente se podría argüir que lo que para nosotros es error y perdición, para otros es salvación y verdad. Y, en pura teoría, podría ser un argumento aceptable. Pero deja de serlo cuando la realidad demuestra las cosas con hechos ciertos y palpables. Y la realidad presente de España está bien clara. Desde hace ese siglo y medio ha prevalecido y dominado todo lo que «El Pensamiento Navarro» combatió. El carlismo fue derrotado en tres guerras (siempre con ese apoyo «europeo» contra nuestra Causa popular española). El demoliberalismo impuso en todo sus leyes, sus instituciones, su doctrina política, social y económica. Es un hecho cierto, irrefutable. Y ese triunfo suyo, ¿a dónde nos ha llevado? Pues a esta situación de 1981, a esta situación a la que nadie, ni aún sus patrocinadores, se atreven a calificar de buena porque a la vista está lo mala, lo malísima, lo pésima que es. Y si nuestros enemigos triunfadores nos llevaron al mal, es lícito creer que nosotros, radicalmente opuestos a ellos, haciendo todo lo contrario que ellos, hubiésemos conseguido más bien para la Patria, es decir, para todo nuestro pueblo. La realidad de los hechos demuestra, pues, que ellos ciertamente estuvieron en el error que nos ha llevado al mal y que nosotros pudimos haber estado en la verdad que nos llevase al bien.

LOS GRANDES FRACASOS DEL DEMOLIBERALISMO ANTIESPAÑOL. LAS CONSTITUCIONES PLAGIADAS Y FRACASADAS

El extranjerismo de los plagiarios de instituciones y leyes creadas para otros países, para medios humanos muy distintos al nuestro, pedante y torpemente trasplantados a España, y una falsa concepción de ese gran bien inevitable que es el progreso, son los causantes del grande y reiterado fracaso del demoliberalismo español (antiespañol) desde principios del siglo XIX. Así, desde que España abandonó el rumbo que le señalaba su Tradición (Tradición es el auténtico progreso evolutivo, de entrega –tradere– de unas generaciones a otras) sólo hemos contado fracasos, miserias, sangrientas luchas interiores y desprestigio exterior. La Historia lo demuestra con sus hechos innegables.

Desde 1808 hasta el día actual pueden contarse catorce Constituciones (entre sancionadas y nonatas). Es decir, que cada promedio de trece años la sociedad española se constituyó, se desconstituyó y se volvió a constituir. Y, ¿es eso serio y puede vivir así una sociedad? He ahí el grande, el evidente, el torrencial fracaso del demoliberalismo español. El liberalismo, que fue capaz de destruir la España antigua, demostró y demuestra ser incapaz de edificar una España nueva. Por eso llevamos tantos años viviendo entre pugnas y escombros, tanto en lo moral como en lo material.

DEFINICIÓN VERDADERA DEL RÉGIMEN «DEMOCRÁTICO»

Las doctrinas y actitudes que «El Pensamiento Navarro» representa, se opusieron siempre a esas Constituciones traducidas del extranjero, a ese Estado y a esa sociedad de capitalistas, caciques, políticos profesionales, etc., que ha caracterizado y caracteriza a la España demoliberal. Porque democracia no es, como etimológicamente pudiera creerse, el gobierno del pueblo para el pueblo, sino semánticamente, el gobierno de los políticos profesionales para sus oligarquías, clientelas y grupos de presión.

UNA LIBERTAD TEÓRICA IMPIDE A LOS ESPAÑOLES LAS LIBERTADES CONCRETAS Y PRÁCTICAS

Entre otras cosas, esas Constituciones representaban un centralismo absorbente, plagiado de la Revolución francesa. Esas Constituciones liberales, en nombre de una Libertad abstracta y teórica, privaron a los españoles de las legítimas libertades concretas y tangibles a las que tenían derecho. Y esas libertades fueron siempre definidas y defendidas por el carlismo. Un famoso diario carlista asturiano de principios de este siglo se llamaba así: «Las Libertades». Por todo eso, un espíritu tan agudo como el de Amicis, que visitó a España a mediados del siglo pasado, pudo decir que los únicos verdaderos liberales que había encontrado eran los carlistas.

Los enemigos liberales de esas libertades fueron los que privaron a Navarra (¡al viejo, libre y glorioso Reino hispánico de Navarra!) de su personalidad, de sus fueros, de su admirable constitución tradicional interna (impidiendo la evolución natural de ésta en los nuevos tiempos), para convertirla en una «provincia más» –sin embargo «foral»– de una Nación asfixiada por una minoría extranjerizante que nos imponía el centralismo, el sistema inorgánico y otros errores que han terminado en la gran tragedia de la España actual.

LAS DICTADURAS NECESARIAS PARA LA PERVIVENCIA DEL LIBERALISMO

Esas Constituciones, ese sistema liberal y extranjerizante, es el culpable, además, de la serie de dictaduras de espadones que padecimos a lo largo de los años del predominio liberal. Parece paradójico, pero es bien cierto: el liberalismo hispánico (en España e Hispanoamérica) para no hundirse definitivamente tiene que recurrir periódicamente a la dictadura de los espadones. Porque el demoliberalismo en España e Hispanoamérica, como sistema artificial, engendra el caos, y como en el caos no puede vivir ninguna sociedad, es necesaria la dictadura que restablezca un mínimo vital de orden para seguir subsistiendo y poder realizar nuevamente otro ensayo demoliberal. De ese modo nace ya preñado con un dictador dentro, y toda dictadura surge ya preñada de otro ensayo liberal. Ese ciclo es el que está padeciendo España desde principios del siglo XIX. Y frente a él, el carlismo supuso el intento de establecer un Estado de derecho español y a la española para el uso justo y legítimo de todos los españoles.

Recordemos la parte más próxima de este proceso: el caos de la última época de la Monarquía liberal (1917-23) trae la dictadura de Primo de Rivera (1923-30); esta dictadura desemboca en la República; incapaz de adaptarse a España, da lugar a la guerra civil y al régimen de Franco (1936-75); de éste se pasa al régimen actual (1975-…?) que es el caos multiplicado por el caos y que se caracteriza, no por su obra constructiva y pacificadora, sino por unos rótulos bien claros que debemos recordar.

CARACTERÍSTICAS DEL ACTUAL ENSAYO DEMOLIBERAL CON CONSENSO MARXISTOIDE Y SEPARATISTA

TERRORISMO que asesina (más de doscientos asesinados en el año último).

SEPARATISMO que divide a los pueblos y amenaza romper la unidad de la Patria.

PARTIDISMO que divide a los hombres y los enfrenta unos contra otros.

DIVORCIO que impide la sólida unidad y función natural de la familia.

PARO OBRERO que alcanza ya cerca de dos millones, el más alto de Europa, y lleva angustia a los hogares.

SUBIDA IMPARABLE DE PRECIOS que está haciendo la vida imposible a los españoles, y que se realiza principalmente en beneficio de la gran Internacional multicapitalista, y que obliga a los usuarios de servicios a costear el equipamiento de los mismos pero no a participar de sus dividendos. Éste es uno de los hechos más indignantes del régimen actual.

BAJA ATERRADORA DE LA PRODUCCIÓN que nos lleva a la ruina, pues sin producción no hay riqueza repartible, y sin riqueza repartible no puede haber bienestar social.

ESPANTOSA RUINA MORAL con la pornografía, el juego, el agio, las drogas y tantos males como están deshaciendo la sociedad y que atacan principalmente a la juventud.

PRESIÓN FISCAL SOBRE LOS MÁS POBRES para sostener un monstruoso aparato del Estado central y de los grotescos «entes» autonómicos, que en vez de fomentar el trabajo y las fuentes de riqueza, sólo crean enjambre de cargos pródigamente remunerados para satisfacer el vientre insaciable de las clientelas políticas a las que hay que mantener bien hartas para conservarlas adictas. Así España es hoy un inmenso comedero de políticos y un derroche de viajes, sobornos y lujos intolerables.

JUBILACIÓN DE DIOS. FALSOS DIOSECILLOS FOMENTADOS DESDE EL EXTRANJERO

Y para hacer todo esto más fácil, quitando valores que lo impidan, el Estado hedonista del demoliberalismo, apoyado por el consenso de marxistas y separatistas, ha jubilado a Dios. Tal vez Dios ya no es la razón suprema. Es algo secundario, que únicamente resulta aceptable en «la intimidad de las conciencias», como se dice en el tópico liberalesco. Así hemos llegado a un Estado, a varios Estados, a una Nación, a varias nacionalidades que no reconocen a Dios, pero que se rigen por varios diosecillos transitorios, inquietos y venales que se llaman UCD – AP- PSOE – PCE – PNV – HB – ETA – GRAPO, etc., que sólo representan teóricas ideologías foráneas, apetitos de políticos y sus clientelas y votos anónimos, abstractos, sin nombre ni cuerpo, como lo exige la doctrina y la mecánica del liberalismo roussoniano.

Todos estos diosecillos, o, mejor dicho, verdaderos diablillos con cuernos y rabo, que hoy son la gran polilla de la Patria, fueron inspirados, empujados y dirigidos desde el extranjero, desde donde también se les ayudó pecuniariamente. Esto no es un secreto para nadie: basta leer los periódicos de 1976 y 77 con las visitas, asistencia a Congresos, suscripciones, etc., que los secretarios generales y personajes de los partidos demócratas, socialistas y comunistas extranjeros realizaron bien públicamente en España.

SITUACIÓN ACTUAL. DANZA DE BILLONES

Así llegamos a 1981, repetimos, con cientos de asesinatos; con la Patria dividida por el separatismo; con cerca de dos millones de parados; con subidas del 15 al 30 por ciento de los precios cada tres o cuatro meses; con las revistas, escenarios y pantallas convertidas en alcoba de prostíbulo; con una sala de juego en cada esquina; y con un constante tráfico de drogas entre los menores. Y con el mayor desprestigio exterior, pues servimos de burla y escarnio hasta a los moros del Polisario y del Sultán de Marruecos; y, como remate de esto, nuestro presupuesto suma BILLONES y la deuda comercial pasa de un BILLÓN. Estas cifras eran hasta ahora teóricas, únicamente usadas en cálculos astronómicos, pero hoy hay que recurrir a ellas para medir el inmenso fracaso abismal del liberalismo español.

España es hoy, insistimos, el puro caos, sin normas de gobierno, con quiebra total del Estado de derecho, que ni la vida de los ciudadanos puede garantizar (ETA y GRAPO sentencian, ejecutan, mutilan y secuestran a cientos de ciudadanos impunemente). Se podría decir con una frase bien gráfica que España es hoy como una turbulenta película del Oeste… pero sin “sheriff”.

En cambio, gozamos de la decimocuarta Constitución muy democrática, con su Tribunal Constitucional que cuesta una millonada, y hasta nos van a traer un “ombudsman” al estilo sueco-finlandés. ¡Consuélate y alégrate pueblo español, que al fin vas a gozar del estreno de un “ombudsman” como en Estocolmo o en Helsinki, pero sin su independencia!

EL TRISTE EJEMPLO DE EUSKALERRÍA

De todo esto tenemos el ejemplo de nuestra vecina Vasconia, de la noble Euskalerría, hundiéndose día a día en una tragicomedia de sangre, odios y ridiculeces, de separatismo tribal, cerril y aldeano, donde se asesina y se tortura (¡tiros a las rodillas para mutilar ambas piernas!) y se arruina al país; todo ello en un caos demencial que hunde a los vascos (que emigran a millares), dignos de mejor suerte. ¡¡Y a ese caos quieren que se sume Navarra!!

El liberalismo les trajo el centralismo opresor primero y, después, aliado o “consensuado” con marxistas y separatistas, esta situación actual de locura vesánica, degradación y bancarrota. Ante eso, ¡cómo resalta la razón que tenía el carlismo foral, entrañable y popular, frente a los liberales centralistas de antes, y frente a los demócratas, marxistas y separatistas de ahora!

EL CLARO SIGNIFICADO DE LA ABSTENCIÓN

Síntomas bien claros hay (y ciego estará quien no lo vea) de que España se siente cada vez más lejos del sistema de los partidos y de los políticos profesionales que hoy padecemos. Un partido mayoritariamente abrumador está surgiendo: el abstencionista, los que, repetimos, no quieren saber nada de los partidos ni de los hombres que hoy se le ofrecen, pues teniendo opción para votarlos, les dan el desprecio y la repulsa de su abstención. Esto es un hecho cierto, que también está ahí y que nadie puede negar. En 1977, cuando las primeras elecciones abrían una posibilidad a la esperanza del nuevo ensayo demoliberal, votó el 80 por ciento. A partir de entonces la abstención fue creciendo, y en las últimas elecciones en Andalucía y en Galicia votaron tan sólo el 35 y el 24 por ciento. En las elecciones vascas del año 80, el llamado Partido Nacionalista Vasco, sólo tuvo el 22 por ciento de los votos. Indudablemente los españoles van por un lado y las oligarquías políticas que detentan el poder por otro. Nunca fue mayor ni más visible el divorcio entre unas clases gobernantes y un pueblo. Y el porvenir inmediato será de aquéllos que sean capaces de sintonizar con ese descontento, con esa decepción de la gran mayoría de españoles. Y en eso, el carlismo, dirigido con inteligencia y renovados sus cuadros, tal vez tuviese mucho que decir y que hacer.

«EL PENSAMIENTO NAVARRO» TENÍA RAZÓN

Contra lo que condujo a todos estos errores de las “democracias” y de las “dictaduras”, EL PENSAMIENTO NAVARRO estuvo en pie de guerra. Ganaron ellos (siempre, repetimos, con ayuda extranjera). Y ahí está el resultado. Que las víctimas de los atentados, que los obreros parados, que los empresarios arruinados, que los jóvenes envilecidos por la pornografía y la droga, piensen que nosotros nos vamos sin haber tenido ninguna culpa en sus males. Nos vamos, pero ahí queda la España demoliberal, marxistoide, del terrorismo, del separatismo, y la ruina moral y económica, hundiéndose cada vez más en la sima sin fondo del desgobierno, de la demagogia, de la extranjerización y del separatismo.

EL PENSAMIENTO NAVARRO pudo haber prolongado su vida comprándola con la indignidad. Pero nuestra cabecera, nuestro nombre, sólo sirven para esa fidelidad a que aludimos en las primeras líneas. Y así ahora desaparecemos con las mismas lealtades y las mismas enterezas que tuvimos siempre.

Por otra parte, debemos recordar que la prensa de todo el mundo está en crisis. La prensa ya no es “el cuarto poder”. Otros medios técnicos de propaganda (cine, radio, TV, altavoces móviles, etc.) le han restado buena parte de su eficacia. A esto se ha unido un enorme aumento en los costes de edición, que resultan desproporcionados con relación a sus rendimientos políticos y económicos. De ahí que una gran parte de los periódicos de todo el mundo malvivan entre apuros y ayudas que casi siempre tienen carácter de soborno. Recuérdese el caso del periódico arquetipo inglés “The Times” de Londres. EL PENSAMIENTO NAVARRO no iba a ser una excepción. Y prefiere retirarse a ser sobornado. De ese modo podremos volver con la frente muy alta.

VITALIDAD Y RETORNO DEL CARLISMO

Tales las causas de nuestra desaparición, que esperamos sea temporal. Porque “El Pensamiento Navarro” es el carlismo tradicionalista, el tradicionalismo, y éste no puede desaparecer porque, además, y por encima de ser una Comunión con su doctrina y soluciones sociales, políticas y económicas, es una tradición de luchas, de sentimientos, de sacrificios, con su romancero popular que habla de mozas, de boinas y de fusiles… El Carlismo es la mística de lo español y existirá mientras España exista. Y aunque se llegase a un momento en que no hubiese ni una sola persona física que fuese carlista, el carlismo, como tal mística, resurgiría en otras generaciones. El carlismo es como el Guadiana, que desaparece bajo la tierra para surgir más allá y más potente.

Y así fue siempre. Se nos dio por muertos en 1839 y reaparecimos en 1849. Se nos “exterminó” entonces, y resurgimos en 1860 y 1869. Se nos dio certificado de defunción en 1876, y en 1931 estábamos aparentemente muertos, pero renacimos en 1936 con más de ciento treinta mil requetés combatientes, de los que más de veinte mil eran navarros. ¿Qué pasará en los años inciertos que seguirán a 1981 tras el fracaso y el hundimiento, una vez más, del demoliberalismo con sus consensos y sus “entes” autonómicos separatistas?

EL CARLISMO TRADICIONALISTA, RESERVA DEL OCCIDENTE CRISTIANO

El carlismo tradicionalista, además de todo lo que representa en España como doctrina y esperanza, constituye ideológicamente una gran reserva para el Occidente. Así se reconoce hoy en extensos sectores del pensamiento cristiano de Europa y América. Véase lo que sobre esto dice el ilustre filósofo norteamericano Frederick Wilhemsen, catedrático de la Universidad de Dallas: “El carlismo no sólo contiene las semillas de una doctrina profundamente arraigada, sino las ramas del futuro… Podemos decir que si el carlismo nunca hubiese existido, el Occidente tendría que inventarlo hoy para salvar su vida contra todo lo que le amenaza desde dentro y desde fuera”.

VOLVERÉ, SI ESPAÑA ES SANABLE

Como dijo nuestro gran Carlos VII al despedirse de los batallones navarros, asturianos y castellanos que le acompañaron a la frontera de Valcarlos, en febrero de 1876, nosotros podemos repetir: “¡Volveré!”.

No volvió el rey don Carlos corporalmente. Pero volvieron los hombres fieles a su doctrina, volvieron en 1936 para hacer un gran sacrificio romántico y ser después aherrojados y traicionados en una historia reciente, triste y fea que no vamos a recordar ahora aquí.

“¡Volveremos!”. Así lo escribió el propio Carlos VII en esa magnífica pieza de la literatura española que es su testamento político: “Si España es sanable, a ella volveré aunque haya muerto; volveré con mis principios, únicos que pueden devolvernos su grandeza; volveré con mi Bandera, que no rendiré jamás y que he tenido la dicha de conservaros sin una sola mancha, negándome a toda componenda, para que vosotros podáis tremolar[la] muy alta”.

“Si España es sanable”. Si no lo es, si la perversión, el cáncer, la gangrena de los partidos políticos le ha llegado al tuétano de sus huesos, España se hundirá en el caos; se fraccionará en tribus y taifas, colonias de las Internacionales multicapitalistas y marxistas que ahora las fomentan; desaparecerá de la Historia como desaparecieron otras naciones próceres. Pero si hay un resquicio para la salvación, para una reacción vital, habrá que volver a nosotros, que somos “la mística de lo español”; que teníamos y tenemos toda la razón, aunque nos negasen o nos nieguen las razones. Fuera de nosotros, con demoliberalismo o marxismo, con dictaduras o separatismos, sólo se llegará a lo que los cronistas medievales llamaron certeramente “la pérdida”, “la destrucción de España”.

“El Pensamiento Navarro” deja hoy de publicarse porque, como don Carlos, se ha “negado a toda componenda”. Pero esperamos que esta desaparición no sea definitiva. Por eso en este número, final de una etapa de deber cumplido, puede decir como el gran Rey carlino:

“¡VOLVERÉ!”.

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