Sobre la adopción homoparental

Para tratar la adopción homoparental debemos aclarar la cuestión de base: no existe el derecho de las parejas (sean heterosexuales u homosexuales) a adoptar, el derecho es del niño a ser adoptado. Tal es así porque se impone el bien del niño, sujeto particularmente vulnerable de la sociedad, a los deseos- o en algunos casos caprichos- de los adultos.

De esta premisa se extrae una conclusión lógica que configura uno de los argumentos más sólidos en contra de la adopción homoparental: se debe procurar que el niño, sujeto central del asunto, recupere aquello que perdió; es decir, un padre y una madre. A dicho argumento también le podemos sumar el de la disposición natural del hombre y la mujer para cumplir los roles de padre y madre, así como la complementariedad que dos personas del mismo sexo nunca tendrán.

Desde el progresismo se suele dar tres típicos argumentos a favor de la adopción homoparental: con “amor” alcanza para criar; permitir dicho tipo de adopción reducirá la cantidad de niños huérfanos; y que una pareja homosexual puede gozar de mayor estabilidad financiera que una pareja heterosexual, por lo que el niño gozará de un mayor bienestar. Lo primero es una visión sumamente limitada, idealizada e ingenua sobre la crianza, en particular, y las relaciones humanas, en general. No amerita más comentarios. Lo segundo no contempla el origen del problema. El mismo no reside en la cantidad de parejas buscando adoptar, sino en el sistema de adopción. En Argentina, por dar un ejemplo, son bien conocidos los casos donde se demoran años en dar una mísera respuesta. Y eso si tienes la suerte de ser famoso. La verdadera solución se encuentra en la reforma del sistema de adopción en pos de su óptimo funcionamiento. Con respecto a lo tercero me parece prudente realizar una pequeña aclaración. Cuando los conservadores hablamos de la prioridad de las parejas heterosexuales a la hora de adoptar damos por sobrentendido que nos referimos a aquellas que cumplen con los mínimos requisitos económicos. No obstante, los conservadores entendemos que dichos requisitos no son los únicos y que la estabilidad financiera no es sinónimo de bienestar absoluto.

Pero las voces a favor de la adopción homoparental no se hacen oír únicamente en el progresismo. Desde algunos sectores liberales argumentan que se debe permitir la adopción homoparental porque “el Estado no debe vulnerar la igualdad ante la ley y debe ser neutral”. Sobre la primera parte remarco que es un error creer que negarle la adopción a una pareja homosexual equivale a vulnerar la igualdad ante la ley, ya que, como vimos al principio, no existe el derecho a adoptar. Sobre la segunda parte es preciso detenernos un momento. Esta afirmación nace del concepto de ‘neutralidad moral del Estado’ de John Rawls, en su obra ‘Teoría de la justicia’; concepto fundamental del liberalismo moderno. Este fue refutado por Michael Sandel en ‘El liberalismo y los límites de la justicia’, desnudando sus contradicciones implícitas y su imposibilidad práctica. No ahondaré en detalles porque excedería los límites de este humilde texto. En esta oportunidad me atengo a señalar que un ‘Estado acrítico’ es una ficción que no existe por fuera del Mundo Ideal. Si en este caso pretendemos que haya “neutralidad a la hora de adoptar” entonces el Estado no tiene motivos para rechazarle la adopción a un psicópata o a un pervertido. Una vez que partimos de la base correcta- esta es, que no existe la ‘neutralidad moral’, y mucho menos en el Estado- comenzamos a forjar un verdadero criterio y a vislumbrar los argumentos lógicos.

Por supuesto que no soy ajeno a las polémicas que suscita la postura conservadora sobre la adopción homoparental, así como tampoco soy ajeno a que dichas polémicas surgen de malinterpretaciones y tergiversaciones deliberadas. Espero que estas líneas hayan sido suficientes para esclarecer que la postura conservadora no rechaza la adopción homoparental por mero capricho; sino que, de hecho, vela por el bien mayor del niño, aun a costa del capricho de los adultos.

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Comentarios (2)
  1. Iturbide says:

    ¿Postura conservadora? Cuando en un debate asumes las reglas de juego del contrario estás perdido.

    Ahora resulta que esta cuestión no se resuelve con un poquito de sentido común y respeto a la naturaleza de las cosas sino desde premisas ideológicas, que, por cierto, suelen ser medias verdades para alcanzar o mantenerse en el poder.

    Este artículo me ha hecho recordar la frase que se atribuye a Voltaire: “Señor, líbrame de mis amigos que de mis enemigos me libro yo”.

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  2. galtza says:

    Es un tema delicado. Conozco una pareja de hombres con 4 hijos (creo que son por gestación subrogada en usa ; pero nunca he preguntado ni tengo por qué hacerlo porque no es mi problema ) y a los niños se les ve felices , sanos y tan normales. Los dos pequeños son todavía muy peques pero los mayores tienen unos 6 años o así y no se diferencian en nada de los otros niños. Aparentemente todo normal , vamos. Si fuesen adoptados sería lo mismo, esa pareja educarían perfectamente a esos críos. Hace años yo tenía no solo dudas si no prejuicios en este tema pero por lo menos en el caso que conozco todo perfecto. En nuestro vecino país de Marruecos nadie que no sea musulmán puede adoptar porque allí la religión prima sobre todo y el estado considera a los huérfanos como musulmanes por defecto y por tanto un matrimonio de no musulmanes no puede hacerse cargo de ellos, hay parejas españolas que se convierten al islam para poder adoptar a un huérfano marroquí.. eso sí que me parece sumamente curioso y terrible y no que una pareja de mujeres o de hombres críen a un niño. Y que esa gente con es a mentalidad esté llegando de manera masiva a nuestro país..me parece acojonante. Uno matrimonio vecino tienen dos hijos(adolescentes ya y los dos con problemas por cierto, uno de ellos da miedo) marroquíes adoptados , la mujer es española y el es marroquí por tanto no tuvieron problemas para adoptar.

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