Encantadores vecinos de Alsasua felicitan así la Navidad a la familia de una víctima de los “txabales”

Si hay una reflexión que no se ha hecho el pueblo de Alsasua es la de qué hacer para que esto no vuelva a pasar, cómo dejar de considerar héroes a los que practican la violencia contra quienes no piensan como ellos, cómo desactivar el belicismo de una parte importante de esa sociedad que, o practica la violencia contra sus contrarios, o la aplaude, o mira para otro lado. Esa sociedad en la que ser la madre de un ultra violento es un mérito para ser diputada, de hecho el único mérito. Por el contrario, más bien parece que se ha hecho todo lo posible para que en Alsasua nada cambie. Para que esa atmósfera opresiva contra el que piensa o es diferente no se desactive, de modo que el pensamiento único se perpetúe, por convicción o por miedo. Desde luego nadie va a ir a Alsasua a discutirle a nadie su nacionalismo porque sabe que se juega la vida y la hacienda. Es por ello que Alsasua sigue siendo el mismo pueblo maravilloso en el que suceden cosas como esta:

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Alguien podría pensar que formar un grupo para apalear a una par de guardias civiles fuera de servicio y sus parejas ya es bastante cruel, pero alguien que pensara así no conoce bien al nacionalismo vasco radical y su amor por los métodos de acoso fascistas. La alegre txabalería abertzale que idolatra a Adur, Jokin y Ohian, y no es para menos tras los baños de masas recibidos en su defensa, acosa sin tregua hasta a la familia de una las víctimas de la paliza. Una paliza que ni siquiera se reconoce, variando las versiones abertzales entre la trifulca tabernaria o el montaje policial, como para pretender que la condenen. Aunque hay hasta videoguías de Alde Hemendik grabadas antes de la paliza escenificando cómo hay que llevar a cabo este tipo de agresiones. Pero según ellos es una trifulca más como la de cualquier otro lugar. Si es que acaso hubo trifulca acaso fueron los guardias civiles y sus parejas los que apalizaron a varias docenas de jóvenes txabales de la localidad, lo que diga la ETB. Si hubiera habido sangre visible en la camisa del sargento, entonces habría sido la de Adur, Jokin u Ohian. No veremos un apoyo en la calle a las víctimas equivalente al que muchos dieron a sus agresores.

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Puesto que ninguna autocrítica se ha llevado a cabo, en Alsasua nada ha cambiado, todas las víctimas han tenido que abandonar el pueblo y la localidad sigue siendo un espacio notorio de falta de libertad. A Alsasua sólo se puede ir a decir públicamente lo que diga el nacionalismo vasco. Si alguien viene de fuera a reafirmar lo que dice el nacionalismo vasco es bienvenido. Si alguien viene de fuera a cuestionarlo es un provocador, un fascista y alguien contra el que el pueblo debe movilizarse para insultarle y lanzarle botellas. Eso si tiene suerte y hay un cordón policial entre los txabales y él. Pero es que está claro desde el principio que Alsasua no es un pueblo al que se quiera  llevar la libertad. No, no, Alsasua es el modelo de falta de libertad con sus respectivos resultados electorales que el nacionalismo quiere exportar.

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