Vivimos tiempos en los que cualquier tontería puede convertirse en portada y en que cualquier cosa importante puede pasar desapercibida. ¿Cómo calificar estos tiempos? ¿Decadentes? ¿Irracionales? ¿Habrá sido así siempre? ¿Es esto lo que el sistema nos ofrece o lo que la sociedad está demandando? Siendo mala la primera opción, la segunda sería mucho más preocupante aún, no está nada claro sin embargo cuál es la respuesta que más se ajusta a la realidad. Como ejemplo de todo lo anterior esta ridícula noticia que ayer fue trending topic, objeto de debate en los medios y motivadora hasta de una rectificación por parte del alcalde de Madrid.

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El caso es que la empresa contratada por la Junta del Distrito de Moncloa- Aravaca, dependiente del Ayuntamiento de Madrid, como se observa en la imagen, presentó un folleto con la programación navideña de ese barrio en el que los tres Reyes Magos resulta que eran blancos. Por un error en la calibración de los colores de la impresora o la magia de la fotografía computacional a través de programas como Lightroom o Photoshop, el caso es que nuestro entrañable Baltasar quedó desleído en la impresión del folleto. De inmediato toda la izquierda y su ciberactivismo mediático saltó como un resorte activando una alarma antifascista y acusando al PP de Madrid de racista.

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Como decíamos al principio, resulta bastante sorprendente que un suceso como este haya llegado a ser una cuestión nacional sobre la que se vertieron miles de tuits y de la que se ocuparon todos los grandes medios. ¿Alguien cree realmente que el PP tiene un problema con que sea negro el rey Baltasar?

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Pues si sorprendente es que algo tan absurdo llegue a copar la atención informativa no mucho menos llamativo es que el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, tuviera que acudir a sofocar el incendio mediático anunciando un nuevo folleto con el error subsanado. Obviamente ninguno de los activistas que usaron semejante insignificancia como combustible aceptó que fuera un error sino un caso flagrante de xenofobia de, cómo no, el PP de Madrid. O sea, que algo que no pasaría de ser un chascarrillo local se convirtió en problema nacional y un asunto emergente para el alcalde de Madrid.

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Ante un sucedido como este y la pregunta de en qué momento o en qué sociedad semejante dislate puede convertirse en la noticia del día, tal vez cabría recordar el famoso bulo de mayo de 1936 cuando se propagó por Madrid la noticia de que unas mujeres de Acción Católica habían estado repartiendo caramelos envenenados a hijos de obreros. El resultado fue un estallido de violencia que acabó con varias y iglesias y conventos quemados. Cabe preguntarse qué podría suceder si en un momento dado se llegaran a mezclar en nuestra sociedad del siglo XXI el Twitter y el odio de 1936.

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Además de esto, cabría reseñar que realmente no sabemos con seguridad de qué color o raza eran los Reyes Magos. En los Evangelios lo único que se dice es que “vinieron del Oriente a Jerusalén unos magos”. O sea, que bien podrían ser los tres reyes de color blanco, amarillo o negro. En realidad lo importante del relato es su significado y no su literalidad. Lo sustantivo obviamente no era el color de los magos. Por lo demás nadie duda que en la tradición cristiana no es que no haya el menor problema con que Baltasar sea negro, sino que probablemente es el rey favorito de los niños.

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Como remate final, cabría recordar aquella parodia siniestra que tuvo lugar en enero de 2014 organizada por el Ayuntamiento de Valencia, en la cual los Reyes Magos eran sustituidos por tres reinas magas republicanas. Más allá de tener aspecto de haberse escapado de un burdel del siglo XVIII, por supuesto las tres reinas republicanas (para eso eran magas) además eran blancas. Curiosamente las ciberlegiones izquierdistas salieron en apoyo de la patochada en vez de calificarla de racista. Y por supuesto el alcalde de Valencia (Joan Ribó, Compromís) no repudió esta representación. Por el contrario, la cabalgata “laica” con estas tres peculiares reinas pero republicanas, magas y blancas, se ha continuado realizando desde entonces todos los años, recuperando por cierto una idea del bando republicano de 1937. Puede que no lleguemos nunca a conseguir mezclar en la proporción adecuada Twitter y el odio de 1936, pero desde luego no será porque algunos irresponsables no lo estén intentado.

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