Una vez más ya tenemos los resultados del “navarrómetro”, la encuesta general en la Comunidad Foral de Navarra que periódicamente encarga el Parlamento de Navarra. La encuesta comprende toda una serie de cuestiones sobre la actualidad pero el asunto que centra al final toda la atención es la intención de voto del personal. En este sentido el navarrómetro presenta un resultado un tanto peculiar: en una sociedad totalmente desbarajustada por la pandemia y en la que todo está revuelto y patas arriba sólo hay una cosa que sigue exactamente igual que antes de la pandemia y son los resultados electorales de 2019 respecto a los que nada habría cambiado. Está pasando un huracán sobre nosotros pero el vendaval no mueve ni una papeleta, o eso por lo menos dice el navarrómetro.

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El navarrómetro por lo demás no es más que otra encuesta, en un momento en que la reputación de las encuestas no pasa por su mejor momento. Esto sucede no tanto porque las encuestas no pudieran ser herramientas válidas de conocimiento sino porque hace tiempo que se han convertido en instrumentos que se usan para influir en la realidad y no para conocerla ni reflejarla. Por eso fracasan.

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En este sentido, no osaremos decir que el gobierno actual ha dictado los resultados que tenía que ofrecer el navarrómetro, pero los resultados del navarrómetro son exactamente los que el gobierno hubiera dictado de haber podido. Este navarrómetro, por decirlo de algún modo, es la carta a los Reyes Magos del pentapartito, particularmente de María Chivite:

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-El pentapartito mantiene la mayoría

-La oposición no gana ni un diputado

-El PSN sigue siendo el partido más votado del pentapartito

-El PSN gana 1 diputado

-VOX seguiría sin entrar en el Parlamento

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Los resultados resultan llamativos no sólo por todo lo anterior, sino porque entre los resultados electorales de 2019 y el navarrómetro nos ha apisonado una pandemia en la que nos hemos convertido, no casualmente, en el país con más contagiados y fallecidos del mundo, también en el más afectado en términos económicos. Seguramente esto no es casual porque hasta el 8M el actual gobierno mantuvo una postura totalmente negacionista. No podemos observar en un universo paralelo si habiendo tomado medidas antes ahora tendríamos muchos menos muertos, pero sabemos que hasta el 8M, perdiendo un tiempo precioso y fundamental para la contención, fue imposible tratar de que el gobierno aceptara el tsunami que nos llegaba. No sólo eso, a partir de ese momento y en lo peor de la pandemia empezó a realizar recomendaciones absolutamente nefastas, como desaconsejar el uso de la mascarilla. Cierto es que a su favor los partidos en el gobierno cuentan como una mayoría mediática abrumadora pero, ¿qué más tendría que haber hecho mal el gobierno para que la población estuviera ampliamente descontenta de su gestión? De ser ciertos los resultados del navarrómetro a lo mejor tenemos la desgracia de tener a los peores políticos a la hora de gestionar las crisis pero los mejores a la hora de manejar la propaganda y moldear a la opinión pública a su gusto.

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Dicho lo anterior, tampoco nos fiemos demasiado del navarrómetro. El anterior navarrómetro, cuando gobernaba Geroa, pronosticaba que Geroa seguiría siendo el partido más votado del ahora pentapartito. También anunciaba la entrada de Ciudadanos en el parlamento foral con 3 diputados. A UPN le daba 15 escaños y al cuatripartito 23 frente a los 20 que tuvo. Por no mencionar aquel navarrómetro que le daba a UPN 8 diputados y a Podemos 18. Es decir, la credibilidad de una entidad que publica sondeos se la da su nivel de aciertos en el pasado y con el navarrómetro tenemos un historial de volantazos suficiente para poder pensar lo que queramos.

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Un elemento llamativo es que en el navarrómetro que se acaba de publicar hay la misma proporción de navarros que económicamente están no sólo bien o muy bien sino igual de bien que antes de la pandemia. Lo que sin embargo cambia apreciablemente es el número de navarros que pasan de estar regular a estar mal o muy mal. Eso no se traduce en el navarrómetro en ningún travase de votos ni ningún castigo electoral, pero es un cambio significativo. Por lo demás los votantes del pentapartito son los que más satisfechos están de su situación económica personal lo que también resulta curioso, más aún partiendo de su propio discurso de que las crisis no les afectan a los ricos.

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El resumen del navarrómetro podría ser que el suelo está temblando pero encima de la mesa todas las copas siguen tiesas e impertérritas. Las patas de la mesa y el tablero supuestamente están desconectados.

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Una pregunta interesante podría ser para qué dice esto el navarrómetro. Es decir, volviendo a la cuestión de si las encuestas en estos tiempos tratan de reflejar la realidad o modelarla, en el caso de que el navarrómetro perteneciera a la segunda especie el mensaje podría ser el de que es inútil criticar al gobierno, no digamos movilizarse o manifestarse contra él. No sólo no serviría para nada criticar al gobierno sino que incluso lo reforzaría. El mensaje a los descontentos es que deben dejar de protestar, desmovilizarse y aplaudir con los demás. Otro mensaje implícito sería que no tendría sentido pensar en ir a votar para castigar al gobierno porque la mayoría esta satisfecha y no serviría para nada. Desde luego el gobierno firmaría encantado este diagnóstico, lo cual es precisamente lo sospechoso. A veces no sirve de mucho protestar, aunque en ocasiones la protesta es la única forma de mantener la dignidad, pero lo que evidentemente no ha conseguido nunca nadie es derribar un gobierno a base de aplausos.

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