Eutanasia, el nuevo maravilloso derecho a ser ejecutado por el estado

La mayoría gubernamental, con algunos apoyos adicionales como el de Ciudadanos, aprobó ayer la Ley de Eutanasia. El momento elegido para aprobarla se produce con decenas de miles de ancianos muriendo y un estado de alarma que limita la oposición a esta decisión. Es una ley con un estupendo sentido de la oportunidad. Sin duda son muchas las cosas que se podrían decir de esta ley, pero para empezar una de las más obvias es que oficializa el derecho a ser ejecutado por el estado. Habrá quién crea que esto es un enorme logro para las personas, pero más bien es un poder incomprensible que se le otorga al estado. Es también una ley que convierte a los médicos en verdugos, o como quiera que llamemos al encargado gubernamental no de salvar vidas sino de eliminarlas. Desde luego este encargado no es ya que tenga que ser un médico que no se haya acogido a la objeción de conciencia, sino que cabe preguntarse por qué tiene que ser siquiera un médico cuando su labor de acabar con el paciente no requiere conocimientos médicos. Por si fuera poco es una ley que pasa a crear la categoría de personas con vidas indignas. O sea, hasta ahora la vida de todo el mundo era digna, ahora ya no, y las personas que pertenecen al grupo de personas indignas pueden ser exterminadas. Esto es exactamente lo que el Congreso aprobó ayer. Navarra Suma, PP y VOX se opusieron a esta nueva ley proponiendo, alternativamente, una mejor ley de cuidados paliativos que la mayoría parlamentaria no ha querido abordar.

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Al crear una categoría de personas con una vida indigna y eliminable obviamente creamos una frontera que antes no existía, cuando éramos todos dignos y no teníamos el maravilloso derecho a que nos matara el gobierno. El problema de esta frontera, aparte del hecho de por sí de que exista esa frontera, es cuáles son los contornos de esa frontera y cómo se cruza esa frontera y se entra o se sale del territorio de la indignidad.

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No cabe ninguna duda , por otro lado, de que los límites a esa frontera van a ser totalmente arbitrarios y de que van a ir ensanchándose con el tiempo. Cada vez la vida de más personas se va a considerar indigna y más personas van a entrar en esa categoría de personas eliminables. Es lo que está pasando en otros países. Es lo que impone la propia lógica de la eutanasia. Y es que de hecho, ¿cómo poner los límites? Un ciego, ¿no tiene derecho a pedir la eutanasia si su ceguera le provoca una infelicidad insoportable? Y si matamos al ciego para que su vida no sea indigna, ¿cómo llamamos a la vida de los demás ciegos? ¿Qué mensaje les mandamos?

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En principio se supone que en el territorio de la gente con una vida indigna las personas entran por propia voluntad a pedir que el gobierno las mate. Nadie las fuerza a cruzar esa frontera. Son totalmente libres de hacerlo. Esto nos lo dice una gente que al mismo tiempo afirma que no existe la libertad sino el condicionamiento, que de los comportamientos de los individuos, por ejemplo los terroristas o los maltratadores, no son responsables los individuos sino la sociedad. Que la clave del comportamiento de los ciudadanos es la educación y el condicionamiento social. Una chica anoréxica no se siente gorda porque ella decide verse gorda, pero todos los que pidan la eutanasia van a ser gente que pida su muerte sin ningún condicionamiento social, familiar ni ambiental, en un acto puro de libertad.

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Una cosa que en todo caso van a tener en común el 99% de los que pidan la muerte al gobierno es que seguramente van a ser personas que le cuestan dinero, medios y problemas al gobierno. A lo mejor no se puede decir sin más que el gobierno va a matar a esta gente porque le cuesta dinero y esfuerzo y no sabe muy bien qué hacer con ella, pero el hecho es que ese va a ser el efecto sea o no deseado y sea o no el motivo gubernamental para la creación de este nuevo “derecho”. Por si acaso no se han dedicado más recursos a mejorar los cuidados paliativos.

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O se aprueba la eutanasia o no se deja a nadie atrás

En un día como hoy tampoco se pueden dejar de recordar algunos mantras gubernamentales como que nadie va a quedar fuera del escudo social, que apoyamos a “los de abajo” (donde sin duda están los enfermos, los ancianos, los sufrientes, los fracasados, los solitarios, los abandonados y el 99% de futuros clientes de este nuevo derecho), o que de esta crisis vamos a salir sin dejar a nadie atrás. Por lo visto habría que matizar un poco este eslogan especificando que de esta crisis nos va a sacar el gobierno sin dejar a nadie atrás… vivo. Habría muchas maneras de llamar a toda la gente que morirá por culpa de esta Ley de Eutanasia pero seguro que la más inexacta no es la de decir que se trata justamente de la gente que esta sociedad progresista y maravillosa ha decidido dejar atrás.

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Comentarios (1)
  1. Iturbide says:

    Por fin alguien destripa la trampa con nos han colado la eutanasia (dulcemente por supuesto).

    La trampa es que nos venden un avance en la libertad individual; una libertad del siglo XXI para luego encontrarte con esto:

    “Artículo 4. Derecho a solicitar la prestación de ayuda para morir.”

    El derecho se convierte la posibilidad de que el munificente Estado que vela por nosotros, previo expediente administrativo (y menos mal que ya no se lleva lo de las pólizas que si no también) nos conceda la gracia de mandarnos al otro barrio.

    ¿Verdad que no suena tan bien eso de que la eutanasia sea una prestación más del Estado del Bienestar?

    He aquí la mentira: Nos venden como un avance en la libertad individual lo que no es sino un paso más en el control estatal.

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