Los hosteleros navarros exigen la dmisión de Chivite y la consejera de Salud

El de la hostelería es sin duda uno de los sectores más castigados, si no el que más, en estos momentos, y dentro del sector de la hostelería el sector de la hostelería navarra es el que afronta debido a las restricciones del gobierno y su prolongación la peor situación. Al confinamiento general padecido entre marzo y junio, el gobierno de Chivite añadió desde el 22 de octubre un cierre general de la hostelería que fue como el remate para un sector ya machacado por la particular afectación del sector. Es por ello que los hosteleros esperaban con ansiedad una relajación apreciable de las medidas la semana pasada mientras que el gobierno, pese a la mejora de la situación sanitaria, les proporcionó el jarro de agua fría de una apertura muy restrictiva con un aforo máximo del 30%.

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Ante esta situación de consternación los hosteleros han elevado el tono de sus críticas exigiendo la dimisión de la presidenta Chivite y la consejera de Salud. No pudiendo abrir ni con el 50% del aforo la situación resulta insostenible para una gran parte de los establecimientos, siendo además muy discutible que esta severidad se justifique por motivos sanitarios. Es decir, las cifras del Ministerio refieren sólo un 2% de contagios generados en el sector hostelero, con lo que no se le puede considerar un foco de propagación. Pero es que además se da la peculiaridad de que Navarra tiene las medidas más restrictivas de toda España para este sector lo que permite realizar algunas comparaciones odiosas. En este sentido, Madrid ha mantenido una política mucho más permisiva con los hosteleros, al mismo tiempo que reducía ostensiblemente, de hecho por debajo de Navarra, los niveles de contagio. La ruina que provoca la política de Chivite hacia la hostelería resulta bien visible, pero no así las ventajas sanitarias de esta política.

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Más allá incluso de los hechos, Chivite ha mantenido una actitud prepotente y combativa contra el sector y sus peticiones, bordeando según los representantes de los hosteleros la frontera de la criminalización. La semana pasada la presidenta presumía de la severidad de las restricciones a este sector particular declarando que “Aunque solo sea por haber salvado una vida, ha merecido la pena cerrar la hostelería”. Las palabras de Chivite resultan llamativas porque en virtud de esa lógica tendría que volver a recluir a toda la población y prohibir toda actividad no esencial. También debería cerrar las carreteras no ya durante la pandemia, sino para toda la vida. Y si acabamos con el coronavirus pero sigue habiendo gripe y neumonías, ¿mantendrá todas las restricciones ya que con ellas seguro que al menos una vida se salvaría? ¿Por qué este criterio de que salvando sólo una vida se justifica el cierre no se aplica más que a la hostelería? ¿Y cuántas vidas se hubieran salvado si el Gobierno de Navarra hubiera recomendado el uso de la mascarilla en el pico de la primera ola vez de desaconsejarla? ¿Cuántas veces no justificaría la dimisión de Chivite e Induráin un error de semejante magnitud?

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Para muchos establecimiento se da la circunstancia de que los costes no se pueden reducir al 30% cuando el aforo se reduce al 30%. Es decir, el alquiler no se reduce al 30%, ni la luz, ni la calefacción, ni los créditos, ni la plantilla, ni los salarios. Con un aforo máximo del 30% muchos establecimientos, sencillamente, no es rentable mantenerlos abiertos. Tratándose de un sector que representa el 7% del PIB y del que dependen más de 20.000 familias parece que el único mensaje que le pueden obligar a escuchar a Chivite en algún momento sólo será cuando se pueda volver a votar.

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