Las cifras más curiosas de la administración foral y los Presupuestos de Navarra para 2021

Diario de Noticias ponía ayer el acento de los presupuestos forales para 2021 en un apartado curioso: el de los gastos de personal. Con la las contrataciones y la guinda de la subida salarial del 0,9% los gastos de personal de 2021 supondrán un tercio de todo el presupuesto de Navarra.

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Expuesto este dato sin ponerlo en contexto podría dejarnos indiferentes, pero la percepción cambia cuando, regresando al pasado, repasamos por ejemplo los Presupuestos de Navarra del año 2007, en los que los gastos de personal sólo representaban un cuarto de los presupuestos. Es decir, sólo pagar las nóminas de los empleados públicos ha pasado de en torno al 25% del gasto total a en torno al 33%, y nos encontramos ante un fenómeno creciente lo que induce a pensar que cada vez quedará menos dinero del que pagamos en impuestos para otra cosa que no sea pagar a los empleados públicos. Llegados a cierto punto podríamos pensar que el presupuesto puede acabar consistiendo simplemente en que la mitad del dinero de los contribuyentes privados pase a los bolsillos de los empleados públicos.

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La información del Noticias señala el incremento de gasto en muchas otras partidas, aparte de las de personal, no obstante lo cual el incremento presupuestario del gasto de personal respecto al ejercicio anterior es del 8,8%, lo que significa que los 119 millones de incremento del gasto de personal absorben casi la mitad de los 223 millones de incremento del gasto general. Todo este incremento general del gasto, por otro lado, se lleva a cabo en un momento de crisis económica y zozobra general. Es decir, el gobierno separa en dos el mundo de lo público y el de lo privado, deja sobre lo privado todo el esfuerzo de esta crisis e incluso aumenta los costes de lo público que debe soportar el sector privado. Como puntilla final, el gasto de personal se ha incrementado un 37% en 8 años. No faltan por tanto muchos años antes de que todo el presupuesto sean gastos de personal. Obviamente nadie parece percibir que para meter monedas en el saco de los empleados públicos hay que sacar monedas del saco de los empleados privados.

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Que los gastos de personal representen un tercio del gasto presupuestario total adquiere además un significado todavía más preocupante teniendo en cuenta que nos encontramos, como señalábamos, ante unos presupuestos expansivos. Es decir, llegado un punto en que hubiera que recortar gastos ya sea por el estrangulamiento de la economía, ya fuera porque Europa dejara de financiar nuestros monstruoso déficit público, los gastos de personal, que para el gobierno son los más difíciles e impopulares de tocar, pueden llegar a representar mucho más del 33% actual, que ya es una barbaridad. Más aún teniendo en cuenta que el sueldo promedio de los empleados públicos, que sale de los presupuestos, es mucho más elevado que el de los empleados privados, que son los que financian los presupuestos. El descontrol de las cuentas públicas, por si alguien no se ha dado cuenta, desemboca en la asfixia del sector privado y viceversa.

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Hablando de brechas, el Noticias también se refiere en su artículo al hecho de que el 71% de la plantilla de empleados públicos son mujeres. Por alguna extraña razón esto no es un problema, ningún colectivo masculino protesta y no se implanta la discriminación positiva hacia el varón ni una política de cuotas.

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La partida específica de los salarios de los altos cargos experimenta un incremento del 56,43%, pasando de los 3,1 millones de 2019 a los 4,9 previstos para 2020. Por si alguien tenía dudas de que se trata de un presupuesto extraordinariamente social y progresista. Y familiar, añadiría alguno con malicia.

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Finalmente, resulta llamativo que la temporalidad en el sector público foral sea del 48%, que por un lado es mucho más alta que en el 2014 con UPN, cuando sólo era del 35%, y por otro lado es mucho más alta que la del sector privado, que según el INE es del 23%. Resulta que el empleo precario es que el crean nuestros políticos. En concreto los que más se rasgan las vestiduras al hablar del empleo precario.

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