Lo próximo, ¿un ongi etorri a los asesinos de Ernest Lluch?

El pasado sábado fue el aniversario del asesinato de Ernest Lluch, el 21 de noviembre del año 2000. El PSOE recordó profusamente este aniversario y la figura de Lluch, ¿pero recuerda en cambio quién le mató? Por ejemplo, ¿cómo llamarían los nuevos socios del PSOE a los asesinos de Ernest Lluch? ¿Les llamarían asesinos? ¿Les llamarían presos políticos? La cuenta de Bildu califica reiteradamente y sin complejos a los asesinos de ETA como presos políticos, ¿de qué pasta hay que estar hecho para asociarte con alguien que monta homenajes o llama presos políticos a los asesinos de tu gente?

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Hace pocas fechas también, coincidiendo con todos los tejemanejes entre el PSOE y Bildu y dejando a cada cual la interpretación de esta coincidencia, ha sido acercada a una cárcel vasca una de los miembros del comando Barcelona que asesinó a Lluch. Pero vayamos un poco más allá. Si por ejemplo esta presa saliera de la cárcel el mes que viene, ¿le montarían un ongi etorri en su localidad? ¿Hasta dónde estaría dispuesto a arrastrarse el PSOE para mantenerse en el poder?

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¿O seria a la asesina de Ernest Lluch a la única a la que no le harían un ongi etorri? Y a eso, ¿cómo lo tendríamos que llamar?

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De entre todos los socialistas asesinados por ETA, sin embargo, al menos el PSOE tiene a su favor en el caso de Lluch que su hija es una declarada partidaria del gobierno de Sánchez y sus alianzas. No es por otro lado un caso inédito que hijos de socialistas asesinados por ETA, como María Jaúregui, hija del exgobernador civil de Guipúzcoa del PSE, Juan María Jáuregui, o Josu Elespe, hijo de Froilán Elespe, edil del PSE-EE de Lasarte asesinado por ETA en 2001, bendigan al actual gobierno y sus alianzas. Claro que por otro lado podríamos citar otros casos como el de Maite Pagazaurtundúa, o el de José Maria Múgica, hijo de Fernando Múgica, que solicitó su baja en el PSOE tras la cena entre Mendía y Otegui.

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Una de las sucias características del juego para legitimar los pactos con Bildu es pretender que quienes no los bendicen no se alegran del fin de ETA o incluso acusarlos de lamentar que haya paz. Cuando nos preguntábamos de qué pasta están hechos los que se asocian con tipos que montan homenajes a los asesinos de su gente, la respuesta es que de la pasta de los que razonan con este tipo de argumentos.

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Desde luego todos nos alegramos de que ETA ya no mate, pero no hay ninguna lógica en que esa alegría cambie los nombres ni la naturaleza de las cosas. A los asesinos, por contentos que estemos, les seguimos llamando asesinos. Si alguien les cambia el nombre a los asesinos será por otro motivo, no porque esté contento. La alegría de que ETA no mate tampoco puede conducirnos a la mentira de afirmar que ya todo es normal por estos pagos. Aquí a los asesinos se les sigue sin llamar por su nombre. Aquí sigue habiendo kale borroka, la última vez hace apenas unos días. Aquí para muchos aún sigue siendo imposible acudir a un mitin en muchas localidades con la seguridad de que no les vayan a tirar piedras. Y el nacionalismo y la extrema izquierda, por cierto, presumen de ello. Aquí un profesor no puede quitar una pancarta en ciertos colegios sin jugarse la salud. Aquí no todo el mundo puede ir un sábado por la noche a un bar de Alsasua a tomarse una copa. Decir todo esto no es no querer la paz, es no conformarse con eso que algunos llaman, sin serlo totalmente, paz o normalidad. Hasta que las cosas no sean totalmente normales la izquierda abertzale no será homologable en términos democráticos. Porque todas esas cosas existen porque la izquierda abertzale hace política más cómodamente con ellas que sin ellas. Mientras pasen todas esas cosas es que la izquierda abertzale no las está rechazando ni trabajando para que no se repitan.

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Al hilo del asesinato de Lluch, cabe recordar que le mataron de dos tiros en la cabeza en el garaje de su casa, cuando iba a tomar el coche para ir al trabajo. Hay quien todavía justifica a los etarras diciendo que había una guerra, pero incluso en una guerra esto sería un crimen de guerra. Asesinar de un tiro en la nuca a un civil desarmado es un crimen también en una guerra. Los etarras sólo son vulgares asesinos. Y la izquierda abertzale y los que ahora llaman hombres de paz callaron cuando se cometieron todos estos crímenes. Y les hacen homenajes. Y les siguen sin llamar asesinos. ¿De qué pasta hay que estar hecho para llegar al poder usándolos a ellos como muleta?

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