Crítica a la defensa utilitaria del monopolio del uso de información

La argumentación que prefiero realizar contra la propiedad intelectual —o monopolio del uso de la información, como sería un nombre más exacto para esta legislación debido a que el nombre de propiedad intelectual nace como una justificación a lo que antes se llamaban monopolios estatales— es la que se asienta en la ética libertaria y por tanto en una ética deontológica—como ya he hecho previamente—, no en un utilitarismo. No obstante, gran parte de los intentos de justificar el monopolio en el uso de información son utilitaristas. Según ellos este monopolio incentiva la innovación y aumenta el bienestar económico de la sociedad.

En primer lugar, el objetivo del derecho no es incentivar la innovación o aumentar el bienestar económico de la sociedad. Citando a Stephan Kinsella, “la maximización del bienestar no es el objetivo de la ley, sino la justicia: dar a cada uno lo suyo.” Citando a Justiniano, “la Justicia es el deseo constante y perpetuo de dar a cada uno lo suyo. Las máximas de la ley son: vivir honradamente, no dañar a nadie, dar a cada uno lo suyo.” La intención de la ley es resolver conflictos impartiendo justicia, no pretender calcular cómo mejorar las condiciones económicas de los ciudadanos, no obstante, las patentes y el copyright tampoco nos enriquecen.

Los monopolios sobre la información generan nuevos conflictos

Arguendo que esto sí que fuese así, y que el fin de establecer las normas de una sociedad fuese diseñar un sistema ético cuyo objetivo fuese evitar conflictos y mejorar la condición económica de los sujetos del Derecho, en segundo lugar, tenemos que conceder monopolios sobre el uso de la información no solo no solventar conflictos, sino que además los generan artificialmente. La razón por la que establecemos unas normas para regir sobre dos o más personas es para evitar conflictos. Como dice Hans-Hermann Hoppe, todo conflicto nace sobre el uso de bienes rivales. Aún viviendo en el Jardín del Edén donde todos los recursos fuesen súper abundantes, aún existiría el cuerpo de cada habitante del Jardín que sería escaso por lo que sería necesario establecer unas normas para evitar el conflicto sobre el uso de estos. La justificación de la propiedad privada nace por la necesidad de razonar quien tiene el mejor reclamo de cada recurso escaso para, en caso de conflicto, saber quien puede excluir a quien de su uso. La información, el bien sujeto bajo los monopolios de la propiedad intelectual, no es un recurso escaso ni rival. Cuando se me prohíbe el uso de una información que conozco, o sobre la que tengo posesión cataláctica, se me restringe cierto uso sobre mi bien privado, se termina con la propiedad privada. Tener posesión jurídica de un bien significa que yo puedo decidir absolutamente sobre la exclusión del uso de este. Pero en el momento en el que yo mismo puedo ser excluido de cierto uso de mi bien, entonces dejo de tener posesión privada sobre el mismo y paso a tener posesión fiduciaria, concedida y delimitada por el Estado. Por ejemplo, alguien puede patentar una técnica de cultivo y si yo cultivo en mi campo con mis semillas y herramientas usando tu técnica patentada aún sin saberlo, puedo ser demandado por ti y hasta perder lo que debería ser mi propiedad privada obtenida mediante apropiación original y transferencia de títulos de propiedad. Que yo utilice esta técnica, o que yo dirija una obra derivada sobre Star Wars no impide a nadie más usar esa técnica de cultivo o borra las películas de Star Wars de George Lucas. Las leyes de propiedad intelectual crean conflictos artificialmente. Quizás los utilitaristas defiendan que copiar causa conflictos, pero ¿seguro? Las sociedades y mercados libres funcionan copiando. Copiar se basa en aprender de y emular las acciones del otro aumentando así nuestro conocimiento y productividad, lo cual beneficiaría aquellos que intercambien conmigo directa o indirectamente—en una sociedad libre eso sería todo el mundo—. Cada año somos más personas en la Tierra y mñas ricos. Esto no se debe a que obtengamos más recursos, sino a que mejoramos la manera de trabajar con los que ya tenemos gracias al incremento de la información.

No está probado que los cambios de nivel de bienestar sin patentes sean negativos

En tercer lugar, concediendo que el lugar del derecho no es impartir justicia y tampoco es evitar conflictos, sino maximizar el bienestar económico, entonces los defensores de la propiedad intelectual deberían poder demostrar que esta ley puede mejorar las condiciones económicas de los sujetos. Esto es indemostrable. No se puede saber cual hubiese sido la innovación en cada industria sin copyright o patentes. Difícilmente se puede defender que la innovación sería cero, ya que cuando los monopolios estatales no existían no lo era y tampoco tenemos ningún razonamiento lógico para creerlo. Una defensa más o menos justificada es que habría menor innovación que la actual. De ser cierto, esto sería imposible de calcular. En un mundo sin patentes y copyright pasaríamos de un nivel de bienestar de X1 a X2. Pero los utilitaristas no tienen ninguna prueba que el cambio de X1 a X2 sea negativo; quizás este fuese positivo como los críticos de la propiedad intelectual defendemos. Son ellos, lo que quieren legislar y creer derechos artificiales sobre los que recae la carga de la prueba para demostrar tal cosa, lo cual es imposible. Pero de ser calculable y el resultado negativo, no sabemos si la diferencia compensa con el coste del sistema de patentes. Aún si pudiésemos calcular exactamente cuántas innovaciones han sido patentadas y cuanto han aportado al PIB, cosa que sí se puede calcular, no sabríamos si estas innovaciones o más se hubiesen dado sin los monopolios de la información concedidos por el Estado. Tampoco podemos comparar este supuesto beneficio con los daños que genera este sistema porque estaríamos incurriendo en comparaciones intersubjetivas de valor. Cien mil euros ganados por Apple gracias a su patente pueden valerle menos que mil ganados por mí en un sistema sin patentes. Otro problema es cómo se podría medir el coste de bienes fuera del mercado como el valor de una vida o el tiempo que uno pasa en prisión. Si se pudiese demostrar que una vacuna contra el coronavirus hubiera salido antes de lo que lo haría con restricciones de patentes, ¿cuánto se valorará cada vida perdida? Hay gente que ha ido a la cárcel por violar patentes. ¿Cómo medimos el tiempo que estos han pasado ahí?

Las patentes son nocivas para las pequeñas empresas

Por cuarto y último lugar, aunque se pudiese medir todo esto, los hechos empíricos y el razonamiento lógico nos demuestran lo contrario. Debido al sistema de patentes se generan industrias oligopólicas las que se demandan las unas a las otras por cantidades millonarias (véase el caso Apple Inc. v. Samsung Electronic Co., Ltd). En EE. UU. mismo se desperdician cientos de millones de dólares en juicios por el pago de abogados, jueces, arbitraje, multas. Existe un enorme desperdicio en esta industria en recursos que podrían ser usados para otros fines. Existe una gran concentración artificial de grandes empresas debido a que unas pocas grandes empresas monopolizan todos los procesos necesarios para producir dentro de esa industria mediante las patentes, como en el caso de la telefonía. Estas se demandan entre ellas y se pagan una licencia para continuar operando con la patente del otro al llegar acuerdos privados. Las grandes empresas cuentan con un arsenal de patentes para amenazar con demandas a sus competidoras y negociar acuerdos extrajudiciales. Tienen tantas patentes registradas que las otras empresas desconocen cuantas, solo saben que tienen que estar preparadas para las demandas y posibles acuerdos. Los precios de las demandas y de los abogados es demasiado alto por lo que se forman oligopolios. Las pequeñas empresas tienen grandes obstáculos artificiales para entrar en el mercado ya que sufren de un peligro constante al poder ser demandadas por cualquier técnica o proceso que puedan estar empleando y que haya sido patentado aún sin saberlo. Estas empresas podrían recibir más inversión de no ser las patentes ya que se acabaría el riesgo de ser denunciadas por el incumplimiento de alguna patente que tanto asusta a los posibles inversores. Se forman unas enormes barreras de competición que las pequeñas empresas no pueden pagar estas licencias y tampoco tienen patentes con los que negociar. Esto también sube el precio a los consumidores debido a que se forma un oligopolio. Estas, además, durante el tiempo que dure la patente no tienen que innovar tanto porque se encuentran protegidas. El copyright incluso dura muchos más años que las patentes, pudiendo durar cientos de años.

¿Puede reivindicar un cristiano el “derecho positivo” de propiedad?

Pasando de la crítica a la defensa utilitarista de este tipo de monopolios, pensando en el público de Navarra Confidencial planteo la siguiente pregunta: ¿se puede ser cristiano y estar a favor del derecho de propiedad? De contestar afirmativamente, esto implicaría la aceptación del uso del Estado para parar la difusión de la palabra divina como por ejemplo al impedir la libre distribución de traducciones de la Biblia u obras que buscan divulgar el catolicismo.

Como creo que del primer punto que he concedido por el poder argumentar, que la función del Derecho no es buscar incentivar la economía o asegurarse que una o ciertas empresas sean rentables, sino hacer cumplir la justicia, la propiedad intelectual debe de ser eliminada porque no es justa y atenta contra la propiedad privada. Un ejemplo que da frecuentemente Kinsella es que como libertario debemos defender la abolición de la esclavitud, no explicar cómo podría una plantación ser eficiente sin esclavos o directamente no criticar esta institución porque los agricultores ganarán más con ellos. Es una medida socialista que solo puede darse mediante un Estado —una institución criminal— que crea artificialmente un actio in rem de algo que no podría ser considerado ni un actio in personam. Es decir, no puede haber un derecho que vincule a todo el mundo porque al conocer información sobre algo no puedes saber si existe copyright o una patente y sobre cual no al no ser posiblemente delimitarlas; por ejemplo, al escuchar una canción no puedes saber si posee derecho de copia sobre su uso. Por tanto, lo que se sea, dado sea. Es el resultado sea cual fuere de una sociedad sin propiedad intelectual será el resultado justo, sea el número de innovaciones de X+1 o de X-1.

Para una más elaborada y profunda crítica a la propiedad intelectual recomiendo leer las obras y ver las conferencias de Stephan Kinsella, austrolibertario y abogado especializado en patentes.

Referencias

Kinsella, N. Stephan. 2008. Against Intellectual Property. Auburn, Estados Unidos: Ludwig von Mises Institute.

———. 2010. “Ideas Are Free: The Case Against Intellectual Property.” Mises Institute.

———. 2011a. “How Intellectual Property Hampers the Free Market.” Foundation for Economic Education.

———. 2011b. “How to Slow Economic Progress.” Mises Institute.

———. 2011c. “Rethinking IP.” Mises Institute.

———. 2013. “Law and Intellectual Property in a Stateless Society.” Libertarian Papers 5 (1): 1–44.

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