Una sociedad sin Estado no es una garantía de caos

Es cotidiano para los libertarios tener que escuchar dogmas falsos o falacias acerca de la anarquía de propiedad privada y sobre su viabilidad. Desde marxistas que auguran caos y pobreza hasta liberales clásicos y minarquistas, necesitados de Estado, que lo califican de utópico. En este artículo replicaré estas falsas creencias, exponiendo sus fallos y aclarando malinterpretaciones comunes respecto al anarcocapitalismo.

El anarcocapitalismo desembocará en caos

Es de muy poca lógica esta afirmación por distintas razones, a desarrollar a continuación.

El primer motivo es que el mayor promotor del verdadero caos ha sido el Estado y los sistemas coactivos. Desde ataques a la propiedad y libertad hasta la provocación de conflictos armados que costaron millones de vidas humanas por simples intereses estatales. El Estado es la antítesis del orden, necesita caos para hacer sentir a la sociedad un falso sentimiento de seguridad, de que sin él todo sería desorden y desconcierto.

La segunda es confundir términos. Anarquía no es falta de orden, es falta de líderes; y el orden que mejor funciona es el que nace de una manera voluntaria, no el que es impuesto. La sociedad libre se organiza de manera espontánea a partir de decisiones particulares sobre temas y asuntos que les preocupan. A través de un orden espontáneo se explica el surgimiento de instituciones naturales (leyes de propiedad, lenguaje, familia) que son resultado de una multiplicidad de acciones humanas que surgen de manera voluntaria y evolutiva a través de un proceso social inconsciente de aprendizaje. De este proceso, de libre prueba y error, nace la civilización. Y como afirma Miguel Anxo Bastos: “El anarcocapitalismo es algo tan civilizado que ya no necesita de nadie que lo gobierne, sabe gobernarse solo”.

Las mafias tomarían el mando

Otra situación bastante paradójica ya que el Estado es la mayor mafia y el mayor promotor del mercado negro y la delincuencia organizada.

El Estado, como lo definiría Bastos, es peor que una mafia, atenta contra tu propiedad para protegerte de ella misma y te reclama admiración y lealtad. Necesita de la violencia y el robo para poder existir, sin esta coacción no pueden sobrevivir. Por eso la base y la fundamentación de la acción de la mafia y el gobierno es la imposición y la presión. David Cristhian definía el Estado como una fuerza coercitiva para imponer la ley y extraer impuestos. Estas dos acciones están asociadas, ya que los impuestos son la ley y son necesarios para mantenerla, al igual que la ley es necesaria para que los impuestos sean impuestos y no lo que verdaderamente son: un robo.

Y no solo es que el Estado es la mayor mafia, sino que sin un ente regulador y prohibitivo las mafias no existirían. El auge del crimen organizado en EEUU dio inició con la ley Volstead ( o más conocida como la “ley seca”). Esta ley prohibía la producción, venta, importación y consumo de bebidas alcohólicas con el fin de acabar con la violencia, pero lo único que consiguió fue incrementarla. Con la puesta en rigor de esta ley, los locales y clubs continuaron funcionando ilegalmente en algunos lugares. Como efecto, la cantidad de bares clandestinos se incrementó y la producción y distribución de bebidas alcohólicas fueron asumidas por bandas criminales. El incremento de estas bandas fue una causa muy importante de la violencia entre mafias, todas querían tener el control y el poder.

Y no es que el Estado sea algo ajeno a las mafias, directamente el Estado negocia con ellas. En plena 2ª Guerra Mundial el gobierno estadounidense recurrió a la mafia para beneficiarse de su control en los puertos en la “Operación Inframundo”. También la C.I.A y el FBI tuvieron una estrecha relación con el mafioso Meyer Lansky, el cual no tuvo que pisar la cárcel gracias a continuos acuerdos con el gobierno americano.

En conclusión, el Estado es una mafia y se comporta como tal; toma la riqueza, la producción o la legítima herencia que no le pertenece mediante el robo para poder subsistir, te obliga a que tengas lealtad hacia él y te ataca en caso de no hacerlo. Sin el robo, la imposición, la coacción y la falsa seguridad que te ofrece por tu fidelidad el Estado no es nada.

El Estado es, como dirían los italianos, il capo di tutti capi.

No hay forma real de llegar al anarcocapitalismo

Si que hay un camino para llegar a una sociedad libre, pero es una lucha compleja y esta varía depende de la situación de cada región, no tendrá la misma revolución Corea del Norte que España. En la primera región hará falta un derrocamiento violento del régimen para devolver la libertad y el orden al pueblo coreano, mientras en España se puede llegar desde la caída o colapso del Estado o dando la batalla de las ideas para conseguir una escisión y que la sociedad reaccione.

El mayor obstáculo para llegar a la anarquía de propiedad privada es hacer ver a la gente lo que está mal, convencerles de que son esclavos de un Estado que viola continuamente su propiedad y su proyecto de vida, que son despojados de sus libertades por un “bien común” o que son obligados a dar parte de su trabajo a un sistema violento y parasitario.

Robert Murphy explicaba en “La teoría del caos” que toda persona es consciente de que debe poseer un grado básico de respeto por los derechos de propiedad; un neomarxista entiende que es la “propiedad personal” y un delincuente también comprende que sus actos son delito y atentan contra alguien. Estas ideas de respeto a la pertenencia de uno mismo y a la ajena harían comprender la realidad a la gente, les haría caer en su insensatez y llevaría a cabo a grandes compromisos para alcanzar un consenso de orden; como ejemplo que nos expone Murphy, habla de que, pese a no tener un gobierno formal, los mineros californianos llegaron a acuerdos para respetar los derechos de los primeros asentamientos mediante el acuerdo y la organización

Y no es que el anarquismo libertario solo sea teoría o un modelo de sociedad libre con el que soñemos los libertarios, históricamente se ha demostrado que es viable. Tenemos ejemplos como la Irlanda celta; una sociedad anarcocapitalista que data de la Edad Media basada en un sistema de cortes constituida en clanes a los que uno podía afiliarse y desafiliarse con total libertad. También está el ejemplo de la República de Cospaia, una nación que se originó por un error de designación cuando el Papa Eugenio IV cedió Sansepolcro a la República de Florencia, dejando fuera del tratado a este territorio. Los vecinos declararon en 1484 su independencia como una nación oficial. El lema de Cospaia era “Perpetua et firmas libertas” (La libertad firme y eterna). Al no tener obligaciones fiscales fue una zona de interés para comerciantes llegados desde otras partes para hacer negocios e intercambios. Cospaia acogía a comerciantes judíos que eran discriminados y a vendedores de tabaco que eran considerados contrabandistas. Cospaia volvió a formar parte de los Estados Pontificios en el año 1826 acabando así con una región libre, organizada y próspera.

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