¿Por qué España? ¿Por qué Madrid?

¿Por qué España? ¿Por qué Madrid? En los últimos días nos lo venden como un misterio. Como si fuera algo extraño. En realidad, lo raro sería que España no fuera uno de los países más afectados por el coronavirus, y más extraño aún sería que España fuera uno de los países más afectados sin serlo Madrid. No obstante, desde ayer sabemos un poco más respecto a lo poco sorprendente que resulta que España sea uno de los países del mundo más castigados por el coronavirus, casi podría decirse que el que más.

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A este respecto, el diario El Mundo publicaba ayer que Seguridad Nacional advirtió al gobierno antes del 8M de que los contagios en España se estaban desbordando, que era un hecho el aumento del número de fallecimientos confirmados a causa del virus y que los casos se concentraban en la Comunidad de Madrid.

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Evidentemente el gobierno desoyó todas estas advertencias, evitó la toma de medidas y además convocó a las mujeres para que se manifestaran masivamente el 8M. La semana siguiente se habían contagiado Irene Montero, la vicepresidenta Carmen Calvo, la mujer de Pedro Sánchez, la ministra de Política Territorial y Función Pública, Carolina DariasTodas ellas acudieron a la manifestación del 8M, donde probablemente se contagiaron, salvo que se contagiaran aún unos días antes, lo que por otro lado confirmaría que el coronavirus corría ya descontroladamente por Madrid la semana anterior, que por tanto el 8m en esas condiciones fue un disparate, y que por mantener el 8M se mantuvieron todo el resto de actos masivos que se celebraron en Madrid y en el conjunto de España. Como por otra parte quizá hubiera sido muy descarado declarar el estado de alarma el día 9, la toma efectiva de la decisión no llegó hasta el 16. Por más vueltas que le demos la clave de todo lo que está sucediendo en España se encuentra ahí. Esas dos semanas en que no se hizo nada probablemente hubieran sido clave en que España no tuviera más casos ahora que Francia, Alemania, Grecia o Portugal.

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El 8M no sólo marcó un punto de inflexión en la actuación gubernamental sino en la de los medios afines al gobierno, que además son casi todos. Antes de celebrar el 8M era implanteable pensar en medidas de contención para detener al coronavirus. Tras el 8M el gobierno empezó de repente a pensar en medidas de contención, tanto que en una semana pasamos de la nada al confinamiento casi absoluto de toda la población española. Los medios que hasta el 8M se reían de quienes avisaban del peligro y entrevistaban expertos que aseguraban que la peor epidemia era el miedo, de repente empezaron a encontrar expertos que advertían de la seriedad del asunto.

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El papel de los medios en la gravedad del impacto sobre España merecería capítulo aparte. Ignorando lo que hicieron los medios en otros países, aquí los programas más exitosos y los creadores de opinión más notables se mofaban de la gravedad de la pandemia, hacían gracietas con los que ya empezaban a usar mascarillas o compraban provisiones por lo que pudiera suceder, que efectivamente sucedió, o animaban a la población a no tomar medidas ni distancias respecto a los contagiados evitando su señalamiento y discriminación. ¿Qué papel tienen muchos de nuestros famosos, ideólogos, opinadores y periodistas de partido en la situación que estamos viviendo? ¿Hubiera tenido el mismo impacto el coronavirus en España con una parrilla mediática más independiente o simplemente un poco menos sectaria?

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Por último queda por reseñar los desaciertos continuados de las autoridades sanitarias. O para ser más precisos, de las autoridades políticas sanitarias. Primero, por ejemplo, se desaconsejó la mascarilla. Se declaró que no hacía falta comprar material porque con el que ya había para la campaña de la gripe sería suficiente. En vez de cuarentenas y rastreadores se indicó a las personas que venían de zonas de riesgo, o incluso que habían estado con alguien infectado, que siguieran haciendo vida normal y relacionándose con los demás. Se despreció la importancia de hacer test. Por supuesto no se tomaron medidas de control en las fronteras. ¿De verdad es un misterio que estemos tan mal? ¿Podríamos estar mejor si tenemos un gobierno que no dio pie con bola y ofreció durante semanas, las semanas clave además, las recomendaciones exactamente contrarias a las que habría que haber tomado?

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Desde entonces de algún modo no hacemos más que arrastrar ese pecado original porque, por hacer todo tarde y mal, llegamos a tener muchos más contagiados que el resto de países de nuestro entorno. Naturalmente el confinamiento tan estricto al que fuimos sometidos redujo los niveles de afectación, pero al partir de un nivel de contagios más alto que los demás siempre seguimos en un nivel de propagación mayor. Si los demás redujeron la propagación a la décima parte, nosotros la hubiéramos tenido que reducir a una vigésima parte para igualarnos a ellos. Por eso en cuanto se empezaron a levantar las restricciones nuestras cifras volvieron enseguida a superar a las de los demás, primero tímidamente, después con claridad. Paradójicamente nuestro confinamiento fue mucho más severo que otros, también más destructivo para la economía, pero cuando tienes un nivel de contagio (400) que cuadriplica al de tu vecino (100), aunque hagas un confinamiento más severo, no empatas con él aunque reduzcas tu nivel a la cuarta parte (100) y el vecino sólo a la mitad (50). Por eso estamos vendidos desde marzo respecto al resto del mundo. Como mucho podemos lamentarnos de la mala suerte de que el virus se propagara rápidamente desde Italia hacia España. Otros quizá no mucho menos torpes tal vez tuvieron un poco más de tiempo para actuar, o actuando al mismo tiempo no tenían el mismo nivel de contagios que ya teníamos en España.

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Una vez que España se convirtió en un foco mundial de la pandemia, obviamente Madrid estaba vendida. Malamente podía ser España foco de la pandemia sin que lo fuera Madrid. Madrid es la capital, la mayor puerta de entrada a las visitas desde el extranjero, el nudo central de toda la red viaria, aérea y ferroviaria. Y además es la comunidad con mayor densidad de población. Si decimos que los españoles somos menos disciplinados que los nórdicos es aceptable, incluso solemos verlo como algo de lo que enorgullecernos, pero no lo es decir que los inmigrantes son más indisciplinados que los españoles, o que conviven en hogares más numerosos y vulnerables. Sea como sea los contagios son mayores entre la población inmigrante. No sólo en España, sino que es un fenómeno que se repite en el resto de países. El 40% de los contagios en Madrid son inmigrantes. A mayor población inmigrante mayor riesgo de propagación. Es un hecho, no una valoración de la inmigración. Como también es un hecho que la población más vulnerable, la que engloba el 99% de los fallecimientos, es la mayor de 70 años. España es uno de los países más envejecidos del mundo y con un mayor porcentaje poblacional de mayores de 70 años. En este caso no es un factor del que se pueda responsabilizar al gobierno. O al menos no por completo. Pero también ayuda a explicar en parte nuestra mortalidad.

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A la vista de todo lo que ha sucedido podemos concluir además que el fallo fundamental de nuestro escudo sanitario ha sido político. Si mandas a la sanidad un alud de enfermos no hay recursos en el mundo para poder atenderlos. Países con muchos menos recursos que nosotros ostentan mucho mejores cifras que nosotros. No hace falta un gran esfuerzo mental para entender que si el gobierno falla cuando llega el momento de tomar una decisión y reacciona demasiado tarde, la sanidad se colapsa. Si el gobierno reacciona sólo un poco tarde, la capacidad del sistema puede proporcionar un margen un poco mayor de reacción, pero si el gobierno reacciona muy tarde no hay sistema sanitario en el mundo que hubiera podido detener el aluvión. Por otro lado, como decíamos, este gobierno presumía de tener todo el material que podía hacer falta y que no resultaba preciso almacenar más por precaución. Ningún sistema sanitario del mundo puede tener una capacidad que quintuplique sus necesidades habituales por si un día hay una pandemia. El presupuesto de Sanidad se comería el 100% de los recursos públicos, el país sería un hospital, además un hospital vacío en sus 4/5 partes todo el tiempo que no hubiera una pandemia. Frente a este absurdo insostenible, lo que se espera es que el gobierno sepa venir a tiempo una crisis para ir elevando el nivel de recursos necesarios o para ir tomando las medidas de contención oportunas. Es evidente que nuestro gobierno falló por completo en estos apartados. Es posible que otro gobierno hubiera podido hacerlo igual de mal, pero peor parece difícil. De hecho casi no es posible encontrar en todo el mundo otro gobierno que lo haya hecho peor. La pregunta a estas alturas de por qué España está como está no tiene sentido. En la hemeroteca se encuentra toda la explicación.

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