La curación milagrosa de Trump y el “Regenerón”

¿Cómo de grave ha estado Trump? No es una cuestión fácil de contestar porque, en una época en que casi todo el periodismo es periodismo de partido y la mentira un arma política común, Trump es el personaje más controvertido del mundo y por tanto aquel sobre el que más se miente y más dicterios se vierten. No obstante, sabemos que ha sido contagiado, que ha tenido fiebre y fatiga, que en algún momento se le tuvo que poner oxígeno aunque fuera de forma puntual, que el viernes tras cerrar los mercados fue trasladado a un hospital militar y que ayer volvió a la Casa Blanca, aparentemente no sólo habiendo derrotado al coronavirus sino radiante y con la energía de un vendaval. Pero hay otra cosa que sabemos sobre Trump y es que el viernes se le administró un fármaco experimental que, algunos dicen ahora, puede haber sido la clave de la recuperación de Trump.

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En realidad es muy difícil saber cómo de grave ha estado Trump y su supuesta gravedad se atenúa o exagera según las fuentes, incluidas las oficiales. También es muy difícil saber el papel exacto jugado por el nuevo fármaco en la recuperación de Trump, en parte precisamente porque no sabemos hasta qué punto pudo haber sido grave su estado. Sabemos que subió por su propio pie al helicóptero que le llevó al hospital y que al día siguiente grabó un vídeo tranquilizando a los estadounidenses y a los mercados sobre su situación. No parece por tanto que en ningún momento su estado fuera muy grave o crítico.

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El uso de este medicamento experimental con Trump ha generado cierta perplejidad porque, si la afectación del presidente era leve, parece llamativo y hasta desproporcionado haber recurrido a un medicamento experimental y no plenamente probado, como cuando en casos muy graves se acude al “uso compasivo”. Por otro lado, si Trump estaba más grave de lo que suponemos y tras recibir el medicamento ha mejorado de una forma tan significativa, sería una gran noticia que pudiéramos encontrarnos ante un nuevo frente de combate contra el coronavirus. Hasta ahora sólo tenemos mascarillas, test y la esperanza de una vacuna. De lo que hablaríamos ahora sería de un medicamento capaz de acabar con el virus en las personas infectadas, basado en los anticuerpos monoclonales.

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Cuando el organismo detecta al coronavirus, el sistema inmune produce unas proteínas destinadas a neutralizarlo impidiendo que penetre en nuestras células y se reproduzca. Los anticuerpos monoclonales son copias sintéticas de laboratorio clonadas a partir de los anticuerpos que se encuentran en la sangre de una persona infectada y recuperada. Administrando estos anticuerpos sintéticos, particularmente en personas que no están generando exitosamente o suficientemente sus propios anticuerpos, el medicamento ayudaría a los pacientes a derrotar la enfermedad y ya antes de Trump había mostrado algunos resultados prometedores, aunque todavía muy preliminares.

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Más allá de la recuperación de Trump, por consiguiente, resulta noticiosa la existencia de este medicamento llamado REGNCOV2, desarrollado por la empresa Regeneron. No es por otro lado el único medicamento que se está desarrollando basado en esta técnica por lo que, como con la vacuna, dentro de unos meses podría haber varios medicamentos de este tipo en una fase más avanzada de desarrollo. En todo caso con las medidas de contención, los test, la vacuna y los antivirales, todo parece indicar que es cuestión de no mucho tiempo el disponer de las herramientas para atacar al coronovirus por todos los flancos hasta erradicarlo de nuestras vidas. Obviamente hay todavía una espera en medio que se nos puede hacer larga, pero una espera con esperanza; con certidumbre, incluso.

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