Esta pasada noche ha sido movida en Pamplona, literalmente, pero por una vez y sin que sirva de precedente nada han tenido que ver los políticos, sino los terremotos. Afortunadamente no es frecuente por estos pagos afrontar una sucesión de movimientos sísmicos susceptibles de sacar a la población del sueño o hacer temblar perceptiblemente las paredes y el mobiliario. Aunque en realidad esto no es del todo preciso.

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Habiendo tenido la curiosidad de consultar nuestra propia hemeroteca, nos encontramos con que los terremotos son desde luego un asunto infrecuente, pero ni mucho menos inédito.

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Nuestra primera cita retrospectiva con los terremotos nos retrotrae al año 2007, en los albores de este confidencial, concretamente al mes de abril, en el que precisamente el titular de la noticia era que “Navarra ha sufrido varios terremotos en los últimos días”, un titular que demuestra la recurrencia del pasado y que prácticamente podría ser válido para hoy. Se apuntaba que estos fenómenos se habían producido en torno a localidades como Biurrun, Lizoain, Aoiz, Beriain, Nagore, Salinas de Pamplona y Barasoain. Finalmente se remataba indicando que los portavoces de la Coordinadora de Itoiz se habían apresurado a afirmar que los seísmos eran consecuencia del llenado del embalse de Itoiz,

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Precisamente Itoiz vuelve a ser cita de nuestra hemeroteca en el año 2010, momento en que los antipantano de la izquierda abertzale anunciaban que se habían producido 3.484 seismos en Navarra durante los últimos 6 años, desde el llenado de Itoiz. Esto viene a confirmar que efectivamente en Navarra son frecuentes los terremotos, que los abertzales tienen un umbral de percepción de los seismos mucho más sensible que el del resto de los naturales y que Itoiz es un pantano totalmente a prueba de terremotos, resistiendo 3.484 seismos que ya serán 12.000. Eso sí, se han tirado 4 años en el poder y han dejado lleno de agua Itoiz. O mostrando que les da igual que hubiera una catástrofe o que no se creían una sólo palabra de todo cuanto decían.

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En marzo de 2013, sin embargo, la noticia era que en los últimos días venían sucediéndose con frecuencia movimientos sísmicos de pequeña intensidad en la zona de la Sierra del Perdón y los alrededores de Pamplona y que algunos de estos pequeños terremotos habían sido sentidos lo que, sumado a su recurrencia, había generado una lógica inquietud. El geólogo Antonio Aretxabala, director técnico del Laboratorio de Edificación de la Escuela de Arquitectura en la Universidad de Navarra, escribía en su blog que “Desafortunadamente los geólogos no podemos adelantarnos a los acontecimientos, tampoco prever si el fenómeno se acrecentará o cuándo terminará. El estado actual del conocimiento geológico es el que es y se basa más en interpretar los fenómenos del pasado y del presente que acertar lo que vendrá en el futuro. Las mejores herramientas que tenemos para reducir posibles daños son la investigación por un lado y la prevención por otro, ambas se traducen en normas urbanísticas, constructivas y pedagógicas frente a la realidad sísmica de Navarra”. Ante esta incertidumbre concluíamos que tendríamos que seguir recurriendo a nuestra ironía y nuestra inquebrantable fe en el gobierno para seguir adelante con nuestra vida cotidiana sin vivir aterrorizados. O sea, lo mismo que podemos decir en 2020 aunque multiplicado por 38.

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La siguiente noticia de nuestra hemeroteca relacionada con terremotos nos conduce al año 2016 y a un titular significativo: “¿Puede haber un terremoto importante en Navarra?”. La razón de este titular fue un terremoto en el centro de Italia en esas fechas, de magnitud 6,2, el cual provocó varios cientos de muertos. A este respecto distinguíamos entre magnitud e intensidad. La magnitud es una variable determinada por la energía que libera un terremoto. En este sentido podría decirse que es una medición objetiva. La intensidad, por el contrario, es una variable determinada por los daños provocados por el terremoto. Dos terremotos de la misma magnitud pueden provocar daños muy distintos según el lugar en que se produzcan, las características del terreno, las calidades de construcción, etc. Adjuntábamos en todo caso un mapa de la web del Instituto Geográfico Nacional mostrando la peligrosidad sísmica de la geografía española. Navarra queda incluida en una zona en la que podría producirse un terremoto de intensidad VI. A su vez mostrábamos la Escala de Mercalli ilustrando el tipo de daños que provocan los terremotos en función de su intensidad.

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Como reseña final, queda por anotar que en el momento de escribir estas líneas, y esperemos que todo quede ahí,  el mayor de los terremotos registrados en las últimas horas ha tenido una magnitud de 4,6 y una intensidad de entre IV y V. El terremoto más grave registrado en Pamplona del que se tiene noticia es el de 1903, con una magnitud de 5 en la Escala de Richter. El mayor terremoto navarro fue el de Lizoáin en 2004, con un 5,3. Podríamos concluir que lo sucedido en las últimas horas a nivel sísmico en Navarra puede inscribirse dentro de la normalidad. Confiemos que en eso quede la cosa, que aquí quede esta reseña para la hemeroteca futura y que al menos en este campo no tengamos que acabar descubriendo este año otra “nueva normalidad”.

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