Memoria histórica y libertad educativa en tiempos de pandemia

Algo que no parece entender la derecha, o una parte de la derecha, es que para poder ganar ampliamente unas elecciones hace falta una mayoría social, pero antes de tener una mayoría social hay que tener una mayoría mediática, educativa y cultural. Si no todo son tableros inclinados, ventanas de Overton cerradas e ir corriendo detrás del electorado en vez de atraerlo. Desde luego la izquierda sí que entiende perfectamente la importancia capital de este esquema y hoy tenemos varios buenos ejemplos de ello. Una vez más también queda evidenciado que la izquierda, lejos de pisar el freno por la pandemia, la usa para apretar el acelerador a fondo y adelantar el calendario de su agenda ideológica.

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Que los hijos no son de los padres el gobierno lo tiene muy claro. Que los hijos tampoco son del gobierno ya no tanto. Lo que tiene clarísimo es que en tanto los hijos puedan decidir por sí mismos el gobierno prevalece sobre los padres. Precisamente se trata de que el gobierno y no los padres elija la educación de los hijos para que, cuando empiecen a pensar por sí mismos, el punto de partida sea el pensamiento del gobierno. El gobierno deja, eso sí, que los padres se ocupen de la farragosa tarea de llevar y traer los niños al colegio, hacerles la merienda, contarles cuentos, llevarlos al médico, cambiarles los pañales o sonarles los mocos. Para eso sí que son de los padres y no de Celaá. La cuestión es que el gobierno tiene muy claro que una mayoría electoral progresista sólo puede venir precedida de un predominio progresista en el campo de la educación. Mientras nos distraemos con la pandemia el gobierno sigue dando pasos para socavar la libertad educativa de las familias y convertir los colegios en las fábricas de los futuros votantes de los partidos en el gobierno.

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Como para el gobierno la pandemia sólo es una cosa más de las que pasan, y de hecho puede ser hasta aprovechable para ir alcanzando sus metas, ha decidido cambiar el nombre de la Estación de Chamartín por Estación Clara Campoamor. Quien controla el presente controla el pasado. Quien controla el pasado controla el futuro. La reescritura de la memoria histórica tampoco se detiene por un mero virus. Naturalmente no se trata del pasado ni de la memoria, sino una vez más de fabricar votantes futuros.

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En realidad la memoria histórica de la buena sería leer a Clara Campoamor, la cual en “La revolución española vista por una republicana” escribe cosas del siguiente tenor, cosas que en virtud de la nueva ley de memoria histórica podrían ser hasta ilegales y censurables aunque después le pongan su nombre a una estación.

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“Se ocuparon tierras, se propinaron palizas a los enemigos, se atacó a todos los adversarios, tildándolos de “fascistas”. Iglesias y edificios públicos eran incendiados, en las carreteras del Sur eran detenidos los coches, como en los tiempos del bandolerismo, y se exigía de los ocupantes una contribución en beneficio del Socorro Rojo Internacional”.

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“Con pueriles pretextos se organizaron matanzas de personas pertenecientes a la derecha. Así, el 5 de mayo se hizo correr el rumor de que señoras católicas y sacerdotes hacían morir niños distribuyéndoles caramelos envenenados. Un ataque de locura colectiva se apoderó de los barrios populares y se incendiaron iglesias, se mataron sacerdotes y hasta vendedores de caramelos por las calles. En el barrio de Cuatro Caminos fue horriblemente asesinada una joven francesa profesora de una escuela”.

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“Estos hechos fueron denunciados en el Parlamento, y he aquí la lista de actos violentos, tal y como se imprimió en el Diario de Sesiones sin que el Gobierno los negara.

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“Hechos acaecidos en plena paz y bajo el ojo indiferente de la policía, entre el 16 de febrero y el 7 de mayo de 1936, es decir, a los tres meses de gobierno del Frente Popular.

-Saqueos de establecimientos públicos o privados, domicilios particulares o iglesias: 178.

-Incendios de monumentos públicos, establecimientos públicos o privados e iglesias: 178.

-Atentados diversos contra personas de los cuales 74 seguidos de muerte: 712″.

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“¿Por qué el gobierno republicano nacido de la alianza electoral se abstuvo de tomar medidas contra aquellos actos ilegales de los extremistas? No suponía más que un problema de orden público acabar con todos los excesos contrarios a su propia ideología y métodos. Si el gobierno se mantuvo pasivo es porque no podía tomar medidas sin dislocar el Frente Popular”.

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“En cuanto a los partidos de derecha, un exceso de prudencia les llevó a silenciar a sus propios diputados. Sin embargo el Sr. Calvo Sotelo denunció esos hechos ante las Cortes en un famoso discurso. Aquel acto le costaría la vida”.

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Como contrapunto al relato histórico indiscutible que pretende imponer la izquierda escribiendo la historia desde el gobierno, el PP y Ciudadanos han apoyado una propuesta de VOX en Madrid para cambiar los nombres de las calles dedicadas a los socialistas Indalecio Prieto y Largo Caballero. El PSOE se ha rasgado las vestiduras ante la decisión de arrebatar honores a estos “demócratas”, pero una vez más la memoria histórica buena es repasar lo que realmente defendían estos demócratas, que dicho por ellos mismos no era precisamente la paz ni la democracia. En el caso de Prieto resultan bastante expresivas sus propias palabras ya en el exilio, reconociendo su participación en el golpe de 1934 y arrepintiéndose de ella. Malamente se puede pretender que VOX, PP y Ciudadanos liberen a Prieto de una culpa que reconoce él mismo. La pregunta es si el propio PSOE conoce la historia de Indalecio Prieto, incluso contada por él mismo. Por debajo de cierto nivel seguro que la desconocen y por encima de ese nivel cada vez quedan menos cabezas en ese partido.

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“Me declaro culpable ante mi conciencia, ante el Partido Socialista y ante España entera, de mi participación en aquel movimiento revolucionario. Lo declaro como culpa, como pecado, no como gloria. Estoy exento de responsabilidad en la génesis de aquel movimiento, pero la tengo plena en su preparación y desarrollo”. Discursos en América. Confesiones y rectificaciones.

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En cuanto a Largo Caballero, “el Lenin español”, la hemeroteca es amplia y abrumadora incluso recurriendo a los propios periódicos del PSOE, y es que en los años 30 el PSOE no pretendía como ahora pasar por pacífico ni demócrata. ¿O cómo se cree la izquierda que se explica la mitad de la historia que llevó a España a la guerra?

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Todo esto que acabamos de recordar seguramente no lo conocen muchos socialistas ya que, a fin de cuentas, ¿quién se lo iba a haber enseñado? ¿Celaá? ¿Adriana Lastra? ¿El profesor de la ikastola? ¿Jorge Javier Vázquez? Pero es que la derecha política, mediática y cultural tampoco ha intentado hacer ese trabajo memorialístico. Es decir, dentro de todo hay una lógica en que el PSOE sólo recuerde la parte de la historia que le interesa aunque no sea muy honesto al hacerlo, pero por qué iba el PSOE a estar contando todo el día la parte oscura de su pasado que no toca nunca ni la derecha, lo que en principio sí que tendría que ser su trabajo. El pasado sólo dejará de ser un arma arrojadiza cuando lo recordemos entero. De hecho cuando nos lo venden masticado y troceado como con la memoria histórica no es conocimiento, sino simple adoctrinamiento. Y tampoco sirve para superar el odio, sino para enervarlo.

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