La coronadeuda de la pandemia de gasto público

Entre las noticias importantes, jugosas y poco destacadas de esta semana se encuentra la de que la banca española, la malvada banca española, lleva comprados 38.500 millones de euros de deuda pública desde marzo.

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Esta noticia, que fácilmente puede pasar inadvertida, implica sin embargo dos realidades fundamentales para entender algunas de las cosas que están sucediendo a nivel económico. En primer lugar que la deuda pública está creciendo, otra vez, de un modo totalmente desmesurado, con el agravante de que esta crisis parte de unos niveles previos de endeudamiento ya difícilmente soportables, que no obstante crecen y crecen a un ritmo pocas veces visto y nunca sostenido.

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Con ser grave el crecimiento incontrolado e insostenible de la deuda, la siguiente vuelta de tuerca es la propia información de que los bancos han comprado 38.5000 millones de esa deuda emitida por el estado español. Sin duda todo el mundo recuerda, por haberlo escuchado en multitud de ocasiones, los 60.000 millones del rescate bancario de la crisis de 2008. Un rescate que en realidad no tuvo casi nada de bancario. Es decir, los bancos más bien financiaron el rescate que lo recibieron, ya que las realmente rescatadas fueron las cajas, por no llamarlas la “banca pública”. Interesa tener esto claro porque frecuentemente se señala a los bancos privados como culpables de la crisis y disfrutadores del rescate, mientras se propone una banca pública como modelo alternativo. Esta idea triunfa de un modo notable pese a que supone dar la vuelta casi por completo a lo que pasó en realidad y precisamente al fracaso del modelo de bancas públicas dependientes de los políticos y gobiernos. Pero tampoco es esto ahora lo más llamativo, aunque haya que decirlo.

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Lo llamativo, y también tiene bastante que ver con aquel rescate que tanto indigna aún a la izquierda, es que los bancos aporten 38.500 millones a financiar el gasto público. O sea, hay 38.500 millones que los bancos, en vez de prestárselos a las empresas y familias españolas, o invertirlos en otros activos, los dedican a comprar deuda pública. Los bancos privados captan miles de millones de ahorros de los españoles y se los entregan al estado para que pague sus gastos. Conviene subrayarlo porque a veces y desde ciertos discursos parece que hay una especie de oposición natural y esencial entre el estado y la banca, cuando la banca es una fuente esencial de financiación del estado.

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Volviendo al famoso rescate de 2008 y a los 60.000 millones que costó no dejar caer a las cajas y evitar un corralito, el hecho es que una parte importantísima de esos 60.000 millones del rescate a las entidades financieras, estas la utilizaron para a su vez prestar dinero al estado. Es decir, casi podría decirse que el estado rescató a los bancos con 60.000 millones de euros y los bancos, por su parte, devolvieron el favor usando esos 60.000 millones para comprarle deuda al estado. O sea, que el rescate del estado a los bancos fue casi un auto-rescate del estado. Si añadimos que lo rescatado no fueron tanto los bancos como las cajas de naturaleza pseudo-pública y tuteladas por los políticos, en realidad podríamos concluir que el famoso rescate bancario que tanto indigna a la izquierda estatalista fue una operación provocada por el estatalismo, consistente en estatalismo y desembocante en último término en una ayuda a la financiación del estado.

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Ante el nuevo crecimiento disparado de la deuda y la actuación de los bancos como intermediarios en la captación de ahorro privado para financiar el gasto del estado, cabe a su vez hacerse al menos un par de preguntas. Al igual que en 2008, el riesgo presente del endeudamiento es el llamado crowding out. Este efecto consiste en que los bancos le prestan el dinero al gobierno en vez de a las familias y las empresas porque nadie rescata a las familias y empresas pero sí a los estados. De este modo, el estado consume todo el crédito disponible y las empresas y familias se vuelven a quedar durante la crisis sin financiación, agravando la crisis. A menudo el gobierno se anota como una medalla los créditos ICO, que en virtud de lo que acabamos de explicar es un poco la pescadilla que se muerde la cola, o cómo uno intenta arreglar el problema que él mismo crea apuntándose encima una medalla.

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De cara al futuro, el problema evidente es la insostenibilidad de la deuda. Muy difícilmente los estados occidentales en general, no digamos el español en particular, van a poder pagar jamás la deuda ya acumulada, como para pagar todavía más deuda. En un momento dado esto puede significar la fenomenal explosión de todo el castillo de naipes del crédito. Algunos ya hablan abiertamente del reseteo del sistema y, llegado ese día, significará que los gobiernos habrán estado financiando durante años y años el sobregasto actual con cientos de miles de millones de ahorros de los españoles que, llegado el reseteo, simplemente se habrán volatilizado. Evidentemente en ese escenario también habrá un reseteo bancario ya que todo este crédito que vemos que los bancos están facilitando al estado será objeto de un impago absoluto. Llegados a tal punto las cosas irán mal para todos, hasta para las cigarras, pero qué duda cabe de que el día del reseteo del sistema, si realmente llega ese día, será sobre todo el día del apocalipsis de las hormigas. Quizá por eso activos que suben en estos momentos o que muestran un vigor previsto por pocos son el oro o las criptomonedas. Ante un Armagedón financiero lo que no tendrá valor ninguno es la deuda pública, por lo que los ojos de muchos observadores se vuelven hacia activos tan viejos como el oro o tan novedosos y externos al sistema (por lo que podrían sobrevivir al colapso del sistema) como las criptomonedas. La respuesta a dónde encontrar refugio ante un reseteo del sistema desde luego es polémica, pero en cambio se universaliza la impresión de que el reseteo apocalítptico cada vez es más inevitable. Impresión que se universaliza y confirma conforme crece y crece la deuda global, no digamos la deuda española, que ya a fecha de hoy sobrevive tan sólo por estar conectada al respirador artificial del Banco Central Europeo.

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