Un principio básico no ya en la política, sino en la vida, es juzgar a las personas no por lo que dicen, sino por lo que hacen. En realidad, aplicar este principio a la política podría resultar bastante revolucionario. ¿Dónde vive mejor la gente y dónde es más libre? ¿Allí donde gobierna la izquierda o allí donde gobierna la izquierda? Para lo que nos va a ser útil este principio en esta ocasión, sin embargo, es para tratar de averiguar qué es lo que quiere el gobierno y con quién esta tratando de pactar. Más aún, para tratar de saber si el gobierno pacta con Bildu porque el PP o Ciudadanos no quieren pactar con el gobierno o si el gobierno pacta con Bildu porque no quiere pactar con el PP y Ciudadanos.

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Un elemento de juicio a este respecto, contra lo que pudiera pensarse, es la eutanasia. ¿Por qué tantos españoles desconfían del gobierno? ¿Por qué las medidas que dicta el gobierno son acogidas por recelo? ¿Por qué hasta las recomendaciones sanitarias son objeto de cuestionamiento? Desde luego una parte de culpa es que las recomendaciones sanitarias han sido en cuestión de meses una cosa y la contraria, lo que obviamente no ayuda mucho a tener confianza en el gobierno, los “expertos” que elige el gobierno para que le aconsejen y las autoridades sanitarias. Pero hay otro motivo tan evidente o más si cabe que es el avance de la agenda política conforme el gobierno iba tomando y recomendando medidas con la excusa del coronavirus.

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En medio de una crisis sanitaria y económica como la actual, uno de los principales eslóganes es lógicamente el de la unidad. No es el momento de discutir, nos dicen, sino el de estar unidos. No es el momento de criticar al gobierno, sino el de apoyarlo. No es que no lo merezca, es que no es el momento. Tenemos que remar todos juntos. Puede que hacia el abismo, ¿pero y lo bonito que es vernos remar todos juntos hacia allí?

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Como es lógico, el gobierno también tiene que hacer su parte para buscar la unidad nacional ante la crisis. En un momento como éste, si se quiere la unidad, se aparca la agenda política, se aplazan las cuestiones más ideológicas y controvertidas y se buscan políticas moderadas, sensatas y de consenso, por no decir de pura necesidad. ¿Pero es esto lo que ha estado haciendo el gobierno? Y si lo que ha estado haciendo todo el tiempo es justo lo contrario de eso, impulsando todo tipo de medidas ideológicas y aprovechándose de la anormalidad de la situación para impulsar su agenda política, ¿puede pensarse que el gobierno ha buscado realmente la unidad? ¿Cuál es el veredicto si juzgamos al gobierno no por sus palabras sino por sus hechos?

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Que en este momento estemos hablando de la eutanasia, porque es una de las cuestiones que está impulsando el gobierno justo en este momento de emergencia nacional, prueba que el gobierno no tiene intención ninguna de buscar la unidad ni contar con la oposición. No planteas asuntos que dividan cuando buscas la unidad. Por el contrario, el gobierno aprovecha la ocasión para impulsar asuntos totalmente controvertidos que dividen absolutamente a la población y que desde luego no tienen nada que ver con la crisis sanitaria y el coronavirus ni con su solución. Eso sí, el gobierno utiliza el coronavirus y el momento para exigir, en nombre de la unidad, una adhesión ciega y acrítica a su agenda política.

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Por lo demás, la aprobación de una ley de “muerte digna” es algo que debería generar rechazo incluso entre los partidarios de la eutanasia. No se puede llamar “muerte digna” a la eutanasia, ni aunque alguien defienda la eutanasia, aunque  no llamándola muerte digna ya no es tan fácil defenderla. La razón en realidad es terriblemente sencilla. Cuando hay dos personas en una misma situación, por ejemplo dos tetrapléjicos, y uno quiere matarse y otro no, no puede llamarse “muerte digna” a la decisión del suicida sin llamar “vida indigna” a la del que elige seguir viviendo. Y esta es una cuestión crucial además porque considerar indigna la vida de ciertos colectivos y empujarlos al suicidio es casi lo mismo. O sea, no se trata de dejarles elegir libremente sino de empujarlos a suicidarse marcando su vida como indigna de ser vivida. Si el estado determina que ayudará a morir al judío que libremente lo pida no está otorgando un derecho y una libertad especial a los judíos, sino diciendo que su vida vale menos que el resto. La eutanasia es un falso avance y un falso derecho. La pendiente de la eutanasia, además, ¿dónde acaba exactamente? ¿En las mujeres violadas? ¿En los ciegos? En realidad el único límite conocido por los defensores de la eutanasia suele ser el crimen. Es decir, los partidarios de la eutanasia no suelen ser, paradójicamente, defensores de la pena de muerte. La vida de un parapléjico, un ciego o una violada no es sagrada, es indigna, pero la de un terrorista o un violador o asesino en serie sí que es siempre sagrada, sí que es digna y sí que hay que respetarla bajo cualquier circunstancia o seríamos salvajes defensores de la pena de muerte.

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Obviamente esto no tiene nada que ver con no estar totalmente a favor de los cuidados paliativos y de evitar a los moribundos y a los enfermos en general sufrimientos innecesarios. Una cosa es ayudar al paciente y otra liquidar al paciente.

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Para terminar resulta imposible no comentar la imagen que ilustra la noticia, correspondiente a una noticia de La Vanguardia. “Yo decido cómo y cuándo morir”, sostiene la pancarta de la señora que se manifiesta a favor de la eutanasia. En realidad casi resulta conmovedora tanta ingenuidad. Nadie decide cómo y cuándo morir. Si pudiéramos decidir cómo y cuando morir, Matusalén seguiría vivo. La pancarta de la señora es totalmente irreal. El momento de morir casi nunca nos viene bien. La manera buena de morir tampoco termina de estar clara. Podríamos pensar que el único que decide cómo y cuando morir es el suicida. Sin embargo, también podríamos pensar que el suicida es precisamente el que menos elige su destino, que cuando alguien se suicida se encuentra en una situación muy extrema y que esa situación extrema, a su vez, difícilmente es querida ni elegida. Con un poco de suerte, como mucho, todavía  a lo mejor podemos elegir que no nos mate el gobierno, la sociedad colmena o los oscuros numerólogos e ideólogos encargados tras las bambalinas de determinar el concepto de “Untermensch” o de “vida indigna”.

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