Las semejanzas del colectivismo

Eduardo Gómez 26 agosto 2020 Noticias, Opinión
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Observo incrédulo como como con relativa frecuencia los defensores de ideas generalmente calificadas como “de izquierdas” (comunistas, socialistas y marxistas) pretenden desmarcarse de los fascistas y los defensores de la doctrina nacional-socialista. Será mi intención, en este breve hilo, establecer su relación en 3 ámbitos: el plano económico, la justificación del Estado para imponer su moral y la destrucción del hombre a la que conllevan. Pero empecemos con un poco de historia.

Benito Mussolini fue, antes que líder y creador teórico del fascismo, un activo participante en los círculos socialistas italianos. Pero es que, el propio Partido Fascista Italiano nace como escisión del Partido Socialista Italiano (PSI). Sus primeros votos, sus primeros afiliados y simpatizantes llegaron del socialismo italiano. Formó un cuerpo paramilitar, los camisas negras, que participaron en actos violentos en territorio italiano. Queda clara entonces, su relación más que evidente con el socialismo.

En el caso de Hitler, ocurre algo parecido. Adolf acudió con frecuencia a charlas del DAP, el Partido Obrero Alemán (al menos a partir de 1919) y posteriormente se afilió a dicho partido. En 1920 el partido cambió el nombre a Partido Nacional-Socialista Obrero Alemán. Creo que la implicación del socialismo en la vida de Hitler, ya es más que evidente, pero por si aún quedan dudas destacaré que Hitler, en Mein Kampf dice que “el movimiento nazi debe buscar atraer a los jóvenes de extrema izquierda”.

Vayamos ahora a los tres puntos que planteaba en mi introducción.

En el plano económico, todos los teóricos de estas doctrinas coinciden en que el capitalismo (el libre mercado) es perjudicial y pretenden que el Estado regule los intercambios que se producen, incluso dentro de su sociedad. Para ello, los distintos Estados que han buscado seguir dichas ideologías han terminado potenciando su industria, intentando colocarla por encima de la preferencia de los individuos a comprar productos de mayor calidad que vinieran del exterior. En el caso de la Alemania nazi, Hitler trató, a través de unas instalaciones ubicadas en Polonia, desarrollar un nuevo petróleo que alimentara los motores de sus tanques y otros vehículos a motor, por no hablar de su obsesión con acaparar reservas de agua pesada (motivo principal por el cuál invadió Noruega, que tenía grandes reservas de éste). Pero aún hay más: la regulación de precios ha sido ampliamente defendida por ambas partes. De hecho, Hitler no sólo reguló precios, si no que utilizó políticas expansivas Keynesianas y aplicó controles de capital. Todas estas doctrinas niegan la teoría de la imposibilidad del cálculo económico del socialismo, puesto que pretenden controlar la economía de manera centralizada. Vemos pues, que estas distintas ideologías colectivistas imponen la voluntad de sus políticos por encima de las decisiones soberanas de sus ciudadanos, controlando la economía a su antojo.

En cuanto a la justificación del Estado y, tratándose de ideologías colectivistas, es evidente que todas las citadas corrientes de pensamiento justifican el Estado, no sólo como necesario si no como un bien para la sociedad. Recordemos las palabras de Mussolini en La doctrina del fascismo: “Si el siglo XIX ha sido el siglo del individualismo, el siglo XX lo será del colectivismo, y por tanto del Estado”. Estas ideologías no atribuyen derechos a los individuos, si no que necesitan de un colectivo al que “defender”, llámese este proletariado, raza aria o ciudadanos de un país concreto. Como pueden los adalides de estas ideologías defender los derechos de colectivos sin defender los derechos individuales. Sólo defendido los derechos de los individuos, que son la fracción mínima que compone un colectivo, se defiende a su vez a éste último. El Estado se utiliza pues, para imponer una moral dictada por un líder que jamás será evaluado, puesto que su palabra es admitida como suprema y su pensamiento es el referente de sus seguidores, los cuáles como borregos siguen a su pastor. La función demoníaca, destructora de la moral que cumple el Estado en estas ideologías es simplemente aterradora.

Por último, hablaremos de la destrucción del hombre que suele acarrear las ya citadas líneas de pensamiento. Todas y cada una de ellas, a lo largo de la historia, han necesitado la existencia de una policía con un poder casi ilimitado (KGB, SS…) para mantener una cierta estabilidad social. La violencia necesaria para mantener estos regímenes en pie es, simplemente, brutal. Por otro lado, si miramos a la historia, durante la Segunda Guerra Mundial y posteriores, podemos comprobar que estas ideologías crearon campos de concentración, de trabajo y de exterminio. La presencia del Ejército en la vida política se entendía como algo natural y beneficioso para el resto de la sociedad. Algo que siempre ha caracterizado mi pensamiento es la idea de que si tengo que imponer mis convicciones, mi ideología y mi moral utilizando la coacción y la fuerza física, esta probablemente no sea correcta: en el caso de las cuatro ideologías mencionadas, comparten dicha peculiaridad.

Mas todo esto puede ser pura palabrería, de un hombre que, en varias tardes, escribe un artículo. La comparación que se hace en este artículo puede estar manipulada (les animo a confirmar aquello que he afirmado en estas líneas) y todo esta palabrería puede no ser más que el afán de un libertario de luchar contra el colectivismo, metiendo a distintas ideologías en el mismo saco. Evidentemente, como libertario, siempre me posicionaré en contra de cualquier colectivismo. Pero si no quieren creerme a mí, crean a Joseph Goebbels, que en 1925 declaró en un discurso: “Lenin es el hombre más grande, sólo por detrás de Hitler, puesto que el comunismo y las ideas de Hitler tienen pocas diferencias”.

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