Libertarismo y exploración espacial

Eduardo Gómez 18 agosto 2020 Noticias, Opinión
Imagen de Libertarismo y exploración espacial

A lo largo de la historia de la humanidad, el hombre se ha esforzado por romper aquellas barreras que le oprimían dentro de un entorno limitado. La historia de la especie humana está caracterizada por la conquista, motivada por la expansión territorial. No es de extrañar, entonces, que la nueva frontera que impide nuestra expansión territorial sea que la mayor parte del territorio de nuestro planeta esté controlado por Estados, lo que imposibilita el descubrimiento de nuevas regiones.

Durante milenios el hombre exploró caminando de un territorio a otro, o como mucho subido a un animal. Luego llegaron novedosos medios de transporte, comenzando con el descubrimiento de la rueda, pasando por el motor y terminando con la última tecnología: naves espaciales, drones y aviones supersónicos.

Es aquí donde comienza nuestro viaje. La exploración espacial es uno de los fenómenos que más auge está teniendo en las últimas décadas, sobre todo tras la llegada de empresas como SpaceX. El interés por el espacio, por descubrir nuevos compuestos o planetas que a éste pertenezcan, así como la fascinación por la naturaleza de nuestro universo motivan cada vez más a pensar que la exploración espacial será la próxima barrera que rompamos.

Para la exploración del espacio es evidente que se necesita financiación, así como proyectos altamente ambiciosos y personal cualificado. En este artículo trato de explicar por qué la exploración del espacio a través de empresas privadas es la única opción viable, justa y económicamente óptima, frente a aquellos que defienden una alternativa financiada por el Estado.

Sobre la propiedad obtenida

Cuando un explorador llegue a un nuevo cuerpo celeste es probable que, ya sea financiado por el Estado o por una empresa privada, se propondrá obtener cierta propiedad dentro de ese terreno. Este fenómeno será especialmente común conforme la exploración se vaya desarrollando, puesto que distintas personas pueden entrar en conflicto sobre a quién pertenece una determinada propiedad. No entraré en este artículo a detallar cuáles son las bases sobre las que el libertarismo apoya la obtención de una propiedad, pero sí destacaré este fragmento como la idea básica: Si cada hombre tiene derecho a poseer su propia persona y, por lo tanto, su propio trabajo, y si por extensión posee cualquier propiedad que haya «creado» o recogido del estado natural de la naturaleza que antes no se utilizaba ni poseía, entonces, ¿quién tiene derecho a poseer o controlar la tierra misma? En resumen, si el recolector tiene derecho a poseer las bellotas o bayas que recoge, o el agricultor su cosecha de trigo, ¿quién tiene derecho a poseer la tierra en la que se han llevado a cabo estas actividades? Una vez más, la justificación de la propiedad de la tierra es la misma que la de cualquier otra propiedad. Porque ningún hombre «crea» materia: lo que hace es tomar la materia natural y transformarla por medio de sus ideas y de su energía de trabajo [1].

Dicha propiedad, según Murray Rothbard [2], podría ser de tres tipos.

En el primer caso, el Estado asumiría la propiedad. Para obtener dicha propiedad el Estado se ha servido de unos recursos escasos que ha extraído, de manera coercitiva y violenta a sus ciudadanos (a través de impuestos o trabajos forzados). Es evidente que, si para obtener una propiedad antes tengo que practicar un robo masificado, dicha propiedad me será ilegítimamente concedida y el delito deberá ser compensado a aquellos que han sufrido sus consecuencias (en esta ocasión no entro a comentar las consecuencias que la pertenencia de la propiedad al Estado puede tener, como la ocultación de información que considere que sus ciudadanos no deben conocer, sólo deslegitimo su propiedad en relación con el derecho natural).

En el segundo caso, según Rothbard, tenemos una propiedad de nadie (también conocida como government non-ownership); es decir, el Estado no se hace cargo de la propiedad obtenida, pero tampoco nadie accede a ella como su propiedad privada. En este caso, según Rothbard, se produciría la tragedia de los comunes; como dicha propiedad no pertenece a nadie, nadie se preocuparía por ella, quedando la propiedad sin explotar y a su vez sin conservar, lo cual no sólo es ineficiente si no que dificultaría la continuación de la exploración, puesto que dicha tierra no podría ser investigada por geólogos o biólogos, obteniendo datos importantes para el avance científico a través del espacio.

Quedando, por tanto, descartadas las dos opciones ya comentadas, la única opción es la propiedad privada. El ser humano que llega y mezcla su trabajo con la naturaleza que allí encuentra, crea una nueva propiedad, puesto que mezcla aquello de lo que únicamente tiene propiedad por su naturaleza (su cuerpo, y por consecuencia su trabajo) con un elemento que la naturaleza ofrece, generando una nueva propiedad que, indudablemente, al nacer de su trabajo, le pertenece [3]. El propietario puede transmitir a otro individuo, mediante un contrato voluntario, dicha propiedad (por ejemplo, un empresario con especial interés en dicho planeta, asteroide u otro cuerpo celeste que le remunere debidamente por ello). Al ser la propiedad privada, pertenece a un individuo o empresa que indudablemente se preocupará por conservarla y explotarla. De lo contrario, su propiedad perderá valor frente a otras que sí aprovechen los recursos que en ella se encuentran, quedando el propietario en un segundo plano. Esta es la opción más correcta desde el punto de vista jurídico, puesto que sólo así la propiedad recibe legitimidad gracias a su apropiación original.

Sobre la eficiencia económica

Aun entendiendo que la financiación de cualquier actividad estatal se obtiene de un robo masivo a sus contribuyentes, en este punto me dispongo a obviar este hecho y admitiré, de manera temporal, que los impuestos cuyo objetivo sean impulsar la exploración espacial pudieran estar justificados.

La exploración espacial supone grandes costes. Los materiales que se utilizan suelen ser aleaciones de titanio, magnesio o aluminio, así como fibras de carbono y una cantidad de metales que soporten los componentes electrónicos (coltán, cobre, etcétera). No sólo eso, la cantidad de combustible (generalmente queroseno, o hidrógeno líquido) eleva los costes. Igualmente, se debe retribuir a los astronautas, que podrían solicitar una indemnización a sus familias si la misión fracasa. Finalmente, debemos añadir los costes de la plataforma de lanzamiento y su mantenimiento.

Esta gran cantidad de costes hace que el lanzamiento de cada nave espacial sea un acontecimiento único y altamente costoso. Hasta ahora, los lanzamientos han sido impulsados por la financiación estatal (incluso la empresa SpaceX, al recibir un contrato proveniente de la agencia estadounidense NASA, está utilizando dinero de los contribuyentes para su investigación). Pero la realidad es que en SpaceX vemos un punto de inflexión. Si bien es cierto que parte de su presupuesto puede venir de contratos que la NASA u otras agencias realicen con la empresa de Elon Musk, es innegable que esta empresa privada ha reducido de manera notable los costes. Hablamos de que, según los datos de la web Statista [4], el lanzamiento de las misiones Apollo (recordemos, desarrollados por la empresa estatal NASA) supuso un coste de unos 390 millones de dólares por asiento, mientras que en el último lanzamiento de la empresa privada estadounidense SpaceX, la nave SpaceX Dragon 2, este fue de 55 millones (de nuevo, por asiento).

Esta drástica reducción en el coste de cada lanzamiento se basa en algo que los economistas libertarios llevan advirtiendo durante años. Si una actividad se desarrolla con presupuesto público, su financiación es prácticamente ilimitada, puesto que si sus costes finalmente son mayores simplemente se subirán los impuestos y se pagará la cantidad adicional necesaria, sin responsabilizar a nadie de este aumento, pero condenando a los contribuyentes a financiar un proyecto deficiente. No son pocos los casos en los que la obra pública no sólo es ineficiente, si no innecesaria.

La solución, de nuevo, es la función empresarial privada. Una empresa privada solo recibirá financiación (en un sistema anarcocapitalista) a través de suscripciones o donaciones de individuos que, libremente, decidan apoyar su proyecto. Al firmar estos un contrato, pueden establecer una serie de exigencias. Una de ellas podría ser un viaje gratis al espacio cada año, o la obligación de la empresa de publicar sus cuentas detalladas cada trimestre. En este último caso, la empresa debe ser transparente con sus financiadores, puesto que si les miente estos pueden dejar de contribuir al proyecto, quedando éste en un mero intento fallido.

Pero aún hay más: la financiación, al no venir del Estado, es limitada. Esto hace que el empresario se vea motivado a reducir los costes de manera drástica, potenciando la investigación, el desarrollo y la innovación (I+D+I) dentro de su empresa y llevando los costes al mínimo posible. El coste por lanzamiento de cohete sería mucho menor que el actual si la tecnología avanzara con el apoyo decidido de individuos libres que no son sometidos a un control abusivo del Estado, que les obliga a participar de sus proyectos deficientes. Y es que en una economía completamente abierta (en un libre mercado absoluto) la empresa que triunfa es aquella que genera un servicio a sus clientes con la mayor calidad al menor precio.

Son estos motivos los que me inclinan a defender que la exploración espacial esté financiada por individuos libres que voluntariamente financien a empresas privadas, estableciéndose contratos entre ellos en los que ambas partes sean beneficiadas.

Sobre las patentes y la propiedad intelectual

Es inevitable que, a medida que el sistema que vamos desarrollando se fuera implantando, las empresas invertirían grandes sumas de capital en proyectos de investigación y desarrollo, dando lugar a ideas completamente novedosas. Se plantea entonces el problema de la propiedad intelectual, las patentes y los derechos de autor en general.

Desde un punto de vista libertario, es entendible que una empresa quiera proteger una cierta información que ha descubierto mediante un proceso de investigación propio. Es el caso, por citar un ejemplo, de la Fórmula 1: la competitividad es muy alta, y los equipos trabajan con tanta exactitud, que un cambio en el ángulo de incidencia del alerón delantero puede suponer ganar una carrera o no tener el agarre suficiente para transitar a tan alta velocidad. En determinadas ocasiones podemos ver a equipos que cubren con parafina sus coches o que utilizan patrones de camuflaje para evitar que otro equipo pueda estudiar su diseño aerodinámico o su estructuración del peso.

Pero esto no tiene nada que ver con la ya mencionada propiedad intelectual. La propiedad intelectual carece de contenido, es un error y pretendo demostrarlo a través de dos vías.

Primero, la propiedad intelectual se basa en la noción ficticia de que se pueden poseer las ideas, pero una persona no puede tener la propiedad sobre los pensamientos de los otros (Block 1976, 49). Uno no puede poseer una idea. Esta está en la mente de todos los que la han recibido. Esta legislación supone una vulneración de la condición lockeana de apropiación de recursos, ya que por el hecho de ser el autor de una idea tienes la posibilidad de poseer cualquier propiedad de otros [5]. Es decir, si yo desarrollo un nuevo motor para un cohete espacial que ha sido generado con mi trabajo, según Locke dicho cohete me pertenece, puesto que a partir de los recursos que la naturaleza me ofrece y mezclándolo con mi trabajo, accedo a dicha propiedad. Sin embargo, en un sistema con la existencia de patentes, otro individuo que posea dicha patente podría apropiarse de dicho motor gracias a su propiedad intelectual, y según el sistema de patentes tendría todo el derecho del mundo, lo cual desde el punto de vista libertario basado en el derecho natural (de nuevo, condición lockeana) es un error.

Segundo, la propiedad se da cuando un bien es rival. Siguiendo el camino de la praxeología, desarrollaré este punto. El ser humano actúa, basándose en unos conocimientos y una preferencia temporal que sólo el conoce. Para actuar y conseguir ese fin que busca, utiliza unos recursos que, he aquí el punto clave, son escasos. Para evitar que dos o más individuos compitan por el mismo recurso de manera violenta, nace la institución de la propiedad. Pero la idea no es un recurso limitado, no es un medio escaso. Para demostrarlo utilizaré las palabras de George Bernard Shaw: Si tú tienes una manzana y yo tengo una manzana e intercambiamos las manzanas, entonces tanto tú como yo seguiremos teniendo una manzana cada uno. Pero si tú tienes una idea y yo tengo una idea, e intercambiamos las ideas, entonces ambos tendremos dos ideas. Las ideas no son bienes rivales, el hombre no compite por apropiarse de ellas: como mucho puede decidir compartir las suyas con otro, pero al compartirlas no está cediendo la propiedad, puesto que la propiedad de las ideas es una mera ilusión.

Llevando estas reflexiones al ámbito de la exploración espacial, el sistema de patentes que viene siendo favorecido por los Estados implicaría multitud de restricciones y la inevitable ralentización del proceso de exploración espacial, puesto que constantemente individuos estarían patentando sus descubrimientos de manera que otros no pudieran usarlos sino a través de una compensación a aquel que posee la patente. Esto no tiene nada que ver con el hecho de que una empresa, en el contrato con sus ingenieros o trabajadores establezca que estos están obligados a mantener ciertas innovaciones bajo la premisa del secreto profesional.

Estos tres elementos me inclinan a defender que sólo el libertarismo sería apropiado para realizar una exploración espacial justa, eficiente y sin el efecto coactivo del Estado. El futuro es incierto, esto es evidente, pero socializar las posibles pérdidas que la exploración espacial conlleve, así como obligar coactivamente a los individuos de un Estado a financiarlos pese a las consecuencias, es simplemente un acto inmoral.

La responsabilidad debe recaer en los individuos que libremente establezcan contratos con dichas empresas, sin la mano reguladora del Estado en estos procesos. El libre mercado regulará que empresas realizan su trabajo con mayor eficacia, dotándolas de mayor presupuesto y generando incentivos saludables.

El sistema de patentes no sólo está basado en un error intelectual que va en contra de cualquier derecho natural tal y como he descrito con anterioridad, sino que retrasará inevitablemente nuestro avance por el universo.

Comentaba Walter Block, en una entrevista para The Agora [6], que todos estamos de acuerdo en que las premisas libertarias de propiedad se apliquen para los objetos personales, como sucede en el caso de la ropa o las gafas de una persona. Pero si nuestras premisas y nuestro estudio del derecho natural con respecto a la propiedad privada son correctas, entonces no debemos tener miedo en extrapolarla a lo largo y ancho del vasto universo, a todas las posibles propiedades existentes, puesto que sólo así la exploración espacial tendrá las consecuencias que en nuestra cabeza vislumbramos: una raza interplanetaria, capaz de viajar a altísimas velocidades y de extraer recursos hasta ahora desconocidos, sin que sea un Estado cada vez más controlador el que establezca que propiedades merecemos y cuáles se reserva para su uso propio.

Referencias bibliográficas

1.- Rothbard, Murray. 1982. La ética de la libertad, p.49. Madrid, Unión Editorial (2009)

2.- Rothbard, Murray. 2010. Justice and Property Rights: The failure of Utilitarianism, disponible en https://mises.org/library/justice-and-property-rights-failure-utilitarianism

3.- Locke, John. “An Essay Concerning the True, Original, Extent and End of Civil Government,” New York: Oxford University Press, 1948, pp. 17–18

4.- McCarthy, Niall. Why SpaceX is a game changer for NASA, Jun 8, 2020. Disponible en https://www.statista.com/chart/21904/estimated-cost-per-seat-on-selected-spacecraft/#:~:text=It%20resulted%20in%20the%20cheapest,programs%20and%20even%20the%20Soyuz.

5.- Blasco, Eduardo. ‘’Plagie este artículo, por favor’’, 2020. Disponible en https://www.juandemariana.org/ijm-actualidad/analisis-diario/plagie-este-articulo-por-favor

6.- Block, Walter. ‘’Space Capitalism’’ Sep 10, 2018. The Agora. Disponible en https://theagora.libsyn.com/space-capitalism

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