¿Qué es eso de la economía “feliztalista”?

Ángel Manuel García Carmona 25 mayo 2020 Noticias, Opinión
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Hemos insistido en reiteradas y numerosas ocasiones que la crisis poliaspectual derivada de la pandemia del coronavirus codificado como COVID-19 sería una oportunidad para avanzar en la consecución de determinados paradigmas políticos y económicos.

Podemos esperar ciertas acciones y medidas, pero si eso, hablamos de ello más adelante. El caso es que el Nuevo Orden Mundial (NOM), que no deja de tomar partido en la actual situación, ya habría lanzado una especie de presentación de proyecto concreto (aún pendiente de desarrollar, aparentemente).

Si uno accede al portal de la Organización de las Naciones Unidas sobre “un nuevo paradigma económico”, puede leer un apartado sobre el Happytalism (en español, traduzcámoslo como “feliztalismo”). Esto vendría a definirse como:

Un nuevo sistema económico, una filosofía socio-política y un paradigma de desarrollo humano que ponga la primacía de la felicidad, el bienestar y la libertad en el centro del desarrollo humano y toda vida.

Ahora bien, el quid de este ensayo es descifrar esa escueta descripción tan introductoria como propagandística y eufemística.

¿Qué entienden por felicidad, bienestar y libertad?

Para partir de base, tengamos presente que esto no supone, ni más ni menos, nada distinto al avance de la Revolución, expresada, en tanto que corresponda, en esa sistemática de planificación centralizada (moralmente humillante) que es conocida como socialismo.

Pero estos ingenieros sociales de la élite no pueden pensar en una realidad en la que, como propiamente deba de entenderse, una sociedad pueda ser libre, fértil, floreciente y próspera. La agenda ideológica, no solo circunscrita a temas económicos, lo hace imposible.

Cuando hablan de libertad no se refieren a una ausencia de coacción (a poderse entender como la nulidad de restricciones para hacer el bien y alcanzar la Verdad así como el fin último divino). Más bien se refieren a malas concepciones que se basan tanto en libertinaje como en coacción positiva a terceros.

Se nos tiene acostumbrado a los “derechos sociales” (anulando en todo momento aquellos que sí son naturales y tienen un origen divino, tales como la vida, la libertad y la propiedad), que son “pseudoderechos”: “matrimonio”, “sexo seguro”, “acceso a la cultura”, “educación públika de kalidá”…

Al mismo tiempo, se hace todo lo posible para impulsar esos valores hedonistas y cortoplacistas que transmite el llamado Bienestar del Estado. Una prueba de ello quizá no sea tanto el consumismo, sino también la hipersexualización de la sociedad, con otros complementos propagandísticos.

Bajo esa estrategia y una no discutible o dudosa colaboración de determinadas grandes corporaciones (entidades que en vez de centrarse en responder bien en un entorno de mercado libre, prefieren desarrollar connivencia ideológica con el big government), velarán por cierta anestesiología social.

Nos distraerán con la pornografía, con la educación afectivo-sexual desde las primeras etapas de la infancia, con el incesto, con la poligamia, con la promoción de la promiscuidad, con las aberraciones sexuales que se aprecian en los festivales del Orgullo, con películas que burlen la existencia del orden natural…

Y sí, también es cierto que mucha gente tiene bastante obsesión por el consumo por el consumo (no hay ningún problema en que alguien compre algo que le pueda resultar necesario o útil para su satisfacción en un rato libre), lo cual es contrario a las virtudes del capitalismo bien entendido (ahorro y esfuerzo).

¿Para qué anestesiarnos como sociedad?

Bajo cierto hedonismo impregnado, se busca que los individuos comiencen a restar valor a instituciones naturales como la familia así como a la religión y otros cuerpos intermedios, que son, como hemos de saber, escollos para el poder político. El adoctrinamiento es clave en estos proyectos políticos.

Con todo ello, será más fácil reforzar tanto el ámbito de expansión como el nivel de competencias a ir asumiendo por parte de esas entidades progresivamente problemáticas que conocemos como Estados.

A un nivel más político podremos apreciar la apuesta mayor por el globalismo, por la consolidación de un Estado Único Global que articule una falsa religión de Estado basada en lo artificial y en todo producto ideológico de la Revolución.

Mientras, en un ámbito más económico, podremos percibir no solo nuevas excusas para aumentar la deuda, la inflación, el gasto y la presión fiscal, así como para nacionalizar sectores. El dinero en metálico también ve su circulación amenazada (los bancos centrales saldrán más reforzados).

Y sí, la tecnología también tiene mucho que decir. Habrá avances y tendencias más reforzadas. Pero, como siempre, el problema solo está cuando se va a hacer mal uso. Nada bueno podemos esperar si el Big Data y la Inteligencia Artificial van a servir a los burócratas para anular más aún nuestra privacidad.

Por lo tanto, ya concluyendo, uno puede decir que eso que están llamando happytalism no deja de ser sino un eufemismo para vendernos, de manera propagandística, lo que nos depara políticamente, que no deja de ser sino un avance del engendro revolucionario llamado socialismo.

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