¿Es un poco precipitado tener ya un libro escrito sobre el coronavirus? No para Daniel Innerarity

Redacción 4 mayo 2020 Noticias, Noticias destacadas
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Daniel Innerarity es una figura un tanto atípica que podríamos definir como un filósofo orgánico o un filósofo de partido. Esto es casi una contradicción en los términos porque o se practica la filosofía o se practica la disciplina de partido. En realidad no se trata de arremeter directamente contra Innerarity sino contra la figura del filósofo de partido y que cada cual vea si es un traje que le encaja bien a Innerarity o al que sea, bien es cierto que no abundan los filósofos de partido, en realidad los filófosos. De hecho puede que sea poco filosófico considerar filósofo a Innerarity sin una previa reflexión filosófica, pero adelantemos alguna etapa o nos mata el coronavirus.

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Para delimitar el contorno definitorio de un filósofo de partido tendríamos que considerar que el pensamiento del filósofo coincide con el pensamiento del partido del que es el filósofo orgánico o de partido, esto resulta bastante claro. Si el filósofo empezara a decir cosas que no encajan con el ideario del partido, el partido lo dejaría caer. O sea, el filósofo sigue al partido, no el partido al filósofo. Si de repente Innerariry empezara a decir cosas como que esto del derecho a decidir es una milonga, o que lo importante no es la lengua en que se dice algo sino lo que se dice, se diga en la lengua que se diga, a Innerarity empezaría a fallarle el suelo bajo los zapatos.

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¿Para qué existe un filósofo de partido? Para refrendar lo que dice el partido. De algún modo que Urkullu refrende lo que dice el PNV no aporta realmente ningún refrendo. Ni siquiera que Anasagasti calle sobre algo es un refrendo sobre ese algo. El apoyo y lo apoyado, o el refrendo y lo refrendado, tienen que ser elementos distintos. Una figura como la de Innerarity cumple exactamente ese cometido. Que lo que dice Urkullu sea refrendado por Urkullu pero bajo la apariencia de que Urkullu es en realidad un tipo llamado Innerarity, para más señas filósofo. A ver cuántos políticos hay por ahí con un filósofo refrendando todo lo que dicen.

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Como es lógico y evidentemente problemático, Innerarity es el think tank unipersonal del PNV que sólo sirve para refrendar al PNV, pero a su vez Innerarirty tampoco es nadie sin el refrendo del PNV. O sea, resulta que el que refrenda ha de ser refrendado… por el refrendado, lo cual como se señalaba resulta problemático. O sea, ¿existiría Innerarity como fenómeno filosófico si hubiera nacido en Cuenca? Parece posible tener algunas dudas filosóficas.

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Atención, que Innerarity sea el filósofo de cabecera del PNV no implica que no tenga sus devotos fuera del PNV y de sus ámbito geográfico-político. Ser un filósofo orgánico del PNV es automático motivo de interés para todo el nacionalismo, por ejemplo. Pensemos que el nacionalismo catalán tiene exactamente los mismos problemas que el PNV para refrendar sus tesis. O sea, igual que hace falta alguien que parezca distinto de Urkullu y parezca por encima de Urkullu para refrendar a Urkullu, también hace falta alguien distinto de Mas o Puigdemont para refrendar a Mas o Puigdemont. Si además ni siquiera es catalán, la apariencia del refrendo externo resulta hasta superior. Y esto mismo sucede con el nacionalismo gallego, el canario o cualquier otro, a lo que se añade cualquier progresista que busque vínculos políticos y estratégicos con el nacionalismo para los que necesite un “relator”. No se piense por tanto que Innerariry goza de cierto reconocimiento fuera de la CAV o Navarra pese a ser el sólo el filósofo orgánico del PNV, sino precisamente por ello. Los “me gustas” de Innerarity son “me gustas” militantes. Nunca sabremos lo que gusta realmente Innerarity al margen de las militancias y los activismos políticos en un universo paralelo. Obviamente puede uno leerlo, juzgar por sí mismo y llegar a una conclusión al margen de cualquier opinión; incluida esta, por supuesto.

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Dicho todo lo anterior, semejante perorata viene a cuento del anuncio del filósofo de que dentro de unos días sale a la venta un libro suyo sobre el coronavirus, prologado por cierto por Meritxell Batet, en vez de por algún filósofo, lo que también resulta bastante ilustrativo de todo lo antedicho:

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Desde luego resulta difícil no sentirse impresionado por la celeridad del filósofo ya sea para haber visto con gran antelación la llegada del coronavirus, ya sea para haber escrito un libro sobre el coronavirus en tan breve espacio de tiempo y sin saber apenas cómo nos está afectando el coronavirus. Es decir, la crisis del coronavirus se encuentra todavía en progreso. Es un poco como si Churchill hubiera publicado sus memorias sobre la Segunda Guerra Mundial tras la invasión de Polonia. Lo cierto es que Innerarity no ha destacado antes de la pandemia por haber engrosado el batallón de los “coronahiestéricos”, de los “alarmistas”, los de la “coronatontuna” o los “xenófobos” que querían controlar fronteras. El desempeño público de Innerariry previo al estado de alarma ha sido más bien de “perfil bajo”, como el del PNV. Vamos, que resulta llamativo que entre el confinamiento y el momento presente Innerarity haya tenido tiempo de escribir el libro, mandarlo a la editorial, imprimirlo y ponerlo a la venta con todas las conclusiones de la crisis del coronavirus. Una crisis de la que no avisó, pero que le ha faltado tiempo para sacar un libro sobre ella. Salvo que pensemos mal. Pensar mal es que Innerarity tenía ya un libro en el horno dedicado a los desafíos del mundo moderno y sus instituciones y que le ha faltado tiempo para, en nombre del márketing y las ventas, pandemizar el título y añadir un subtítulo con la palabra “coronavirus”. Es decir, podría parecer un poco como un libro titulado “Ser pareja de un ornitorrinco, en tiempos del coronavirus”. O “Fontanería para torpes, en tiempos del coronavirus”. De ser el caso, aprovechar el drama del coronavirus para mejor vender el libro sería filosóficamente un poco feo. De no ser así, la edición interesante del libro a lo mejor es la segunda, con 800 páginas más que la primera, en la que en vez de abordarse los hechos del primer mes de coronavirus se aborden los 7 meses siguientes o los que sean y sus consiguientes reflexiones filosóficas.

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