¿Y si el PIN parental es una reivindicación demasiado moderada?

Redacción 22 enero 2020 Noticias
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¿Y si el PIN parental es una idea light? O sea, parece que el PIN parental es una cosa tremenda porque la izquierda ha salido en tromba a llamar fascistas, cuneteros, neandertales y terraplanistas a quienes han propuesto la idea, ¿pero se puede medir la radicalidad de esta medida sólo por la reacción de la izquierda? ¿Y si la radical es la izquierda?

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Hablando de terraplanismo o darwinismo, merece también la pena detenerse un momento a hablar por ejemplo de la genética. El marxismo sostenía que el hombre es una mera construcción social, por lo que el marxismo negó la genética. Lo que pasa es que en la URSS no es que los padres comunistas reclamaran un PIN parental, sino que directamente prohibieron el estudio de la genética y enviaron a sus defensores a los gulag. El caso más conocido es el del genetista Nikolái Vavílov, el Galileo del comunismo, que murió en uno de esos centros comunistas de reclusión de los opositores, en la práctica centros de exterminio de la disidencia al comunismo. El Darwinismo es otra cuestión que a la izquierda le encanta restregarle a la derecha en lo que se refiere a la teoría de la evolución, pero si lo pensamos detenidamente lo cierto es que la izquierda tiene aún más problemas que la derecha para aceptar los aspectos más relevantes del Darwinismo y la evolución, como la competencia y la extinción-sustitución del menos eficiente y peor adaptado, no sólo en el orden social o económico sino incluso en el orden animal. La izquierda cree en el Darwinismo sólo hasta el punto en el que el Darwinismo empieza a tocar los sagrados principios esotéricos del izquierdismo.

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Con esta alusión histórica no sólo se trata de negar esa especie de dualidad que pretende presentar la izquierda entre los que se apoyan en la ciencia (la izquierda, por supuesto) y los que defienden el PIN parental (la derecha anticientífica, obviamente). De hecho, el debate sobre el PIN parental se encuentra muy relacionado con la mencionada negación marxista de la genética, ya que uno de los motivos por los que aparece la idea del PIN parental es el adoctrinamiento escolar en la ideología de género, la cual precisamente es una derivada del marxismo y de la negación de la genética, por eso la radical distinción entre sexo biológico e identidad de género, o la afirmación beauvoriana de que la mujer no nace sino que se hace, por ejemplo. Un siglo después el neocomunismo sigue sin aceptar los condicionantes genéticos y biológicos y pretende imponer la teoría de la tabula rasa. Hace unas décadas, antes de esta regresión al marxismo primitivo, nadie negaba que en el ser humano hay una parte conformada por la educación y la cultura y otra conformada por la genética y la biología.

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Todo lo anterior viene a recordar que tras la imposición de la ideología de género no hay ciencia, sino un discurso totalmente discutible y de hecho considerado como científicamente desfasado hace ya un siglo. Esto nos devuelve a la pregunta de si el PIN parental es una idea radical o una idea prudente y muy moderada, puede que hasta escasa.

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En cierto sentido, podría hasta comprarse a la izquierda la idea de que el PIN parental podría ser usado por una familia excéntrica para oponerse a que a sus hijos se les enseñara la existencia de Luxemburgo, por poner un ejemplo. Seguramente el porcentaje de familias que usaran el PIN parental para evitar que a sus hijos se les diera a conocer la existencia de Luxemburgo no superaría el 0,01%, ¿pero qué pasaría si, por ejemplo, un 10% de las familias españolas hiciera uso del PIN parental para evitar una determinada asignatura? En tal caso resultaría bastante evidente la presencia de un debate importante y la inexistencia de un consenso social sobre los contenidos de esa asignatura. ¿Bastaría sin más con que las familias pudieran hacer uso del PIN parental o habría que ir más allá?

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Sería planteable, por el contrario, la obligatoriedad de que los contenidos educativos y formativos debieran gozar de un amplio consenso social y que los asuntos ideológicos, controvertidos y ampliamente opinables no pudieran ser impuestos por ningún gobierno. De este modo, podría establecerse la norma de que si un 10% de las familias hicieran uso de su PIN parental no sólo es que ellas dejarían de recibir esos contenidos en disputa, sino que automáticamente la asignatura tendría que dejar de ser impartida en los colegios y el ministro de Educación sometido a un “impeachment” que sólo le evitaría la destitución en caso de recibir el apoyo de 4/5 del Congreso. Esto podría servir para que ningún gobierno tuviera la tentación de hacer política partidista con la Educación.

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Si una medida de este tipo que iría mucho más allá del PIN parental no sólo no sería una radicalidad, sino algo bastante razonable, entonces parece bastante evidente que el PIN parental es efectivamente una idea sumamente moderada, por no decir lo menos que se puede pedir, y a lo mejor hay que pedir más que lo menos que se puede pedir.

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