El discreto fracaso total de Pablo Iglesias

Redacción 12 noviembre 2019 Noticias
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Albert Rivera ha dimitido, lógicamente, a raíz de la implosión electoral de Ciudadanos el pasado domingo. Es el único político, por otro lado, que ha asumido la responsabilidad por su fracaso. El problema es que sólo nos estamos fijando en el fracaso de Rivera cuando estas elecciones han confirmado más historias de fracasos. Concretamente el que lleva sobre las espaldas un fracaso electoral monumental es Pablo Iglesias, el líder de Podemos. Iglesias, sin embargo, no compareció en la noche electoral para hacer autocrítica ni para asumir responsabilidades. Por el contrario, salió ante los micrófonos con una lista de exigencias en la mano, reclamando al PSOE un gobierno en el que los ministerios se repartan de forma proporcional a los diputados que cada partido aporte a la coalición, lo que se podría traducir en 5 ministerios para Podemos. Desde luego Iglesias, que siempre prefiere atacar a defenderse, fue hábil poniendo ese debate sobre la mesa. Con el fracaso de Ciudadanos y su oferta a Pedro Sánchez casi había tinta suficiente para tapar a un calamar gigante con coleta, pero hay que insistir en el “casi”.

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A lo mejor los simpatizantes de Podemos no han hecho la comparativa, pero en las generales de 2015, cuando debutó la formación bolivariana en las elecciones españolas, obtuvo nada menos que 69 diputados. Esos 69 diputados se convirtieron en 71 en las generales de 2016. En aquellos comicios el PSOE obtuvo sólo 85 diputados por lo que el famoso sorpasso ya no parecía un delirio. De hecho, la igualdad en votos era llamativa porque el PSOE tuvo sólo 5,4 millones de votos, seguido muy de cerca por Podemos con 5 millones de votos. El pánico en el PSOE estaba servido.

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Desde entonces sin embargo Podemos ha caído en picado de la mano de la prepotencia y los errores de su líder. Por un lado no ha habido enemigo de España que quiera destrozarla con el que Podemos no se haya aliado. Por otra parte, Pablo Iglesias ha dirigido el partido con la mano de hierro que podía esperarse de un partido con ADN comunista, purgando a todos aquellos que le rodeaban en los inicios de Vistalegre a la cabeza del nuevo partido. Sólo le quedaba dejar de vivir en su barrio con los de abajo para irse a un chalet hortera en la sierra a vivir con los de arriba, y eso también lo hizo.

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El caso es que de aquellos 71 diputados en 2016 pasó a 42 en las generales del pasado mes de abril y a 35 el pasado domingo, 35 respecto a 71 es menos de la mitad y todo ello en 3 años, lo que debería ser menos de una legislatura natural. De los 5.19 millones de votantes que Podemos tuvo en 2015, Pablo Iglesias los ha dejado hace un par de días en 3.09 millones. En cualquier otro partido, como pasó con Rajoy, con Almunia, Rubalcaba o ahora Rivera, el líder asume el descalabro y deja el paso a un sucesor. Más aún debería ser así en un partido que, en teoría, ofrece una nueva forma de hacer política y presume de un ideal de regeneración.

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Pablo Iglesias no sólo no ha hecho ninguna autocrítica a su gestión caudillista, sino que llegado el caso ya tiene hasta prevista a la sucesora y esa sucesora es Irene Montero, su pareja, que es un poco como si Rivera se fuera y le dejara el partido a Malú. La única duda entre un partido comunista y una caricatura de un partido comunista es cuál es peor.

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