La “sandez” de Ana Ollo

Redacción 18 octubre 2019 Noticias, Noticias destacadas
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Las redes sociales vivieron ayer un curioso episodio a partir de una información publicada por Diario de Navarra, recogiendo unas declaraciones de la consejera Ana Ollo en la Comisión de Relaciones Ciudadanas del Parlamento de Navarra sobre la sentencia contra el “decreto del euskera”.

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Diario de Navarra utilizaba en un momento este titular para resumir la intervención de la consejera: “Ollo afirma que, con esta sentencia, pedir Medicina para ser médico “discriminaría”.

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A continuación se explicaba que, según la lógica de la consejera expuesta durante su comparecencia, nadie cuestiona que a un médico se le exija tener el grado de Medicina, “aunque según el planteamiento que se hace con el euskera, esto sería discriminatorio, yo no tengo el grado de Medicina, con lo cual nunca podré ser médico o médica”.

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Hasta aquí cabe señalar que la información del Diario es correcta, puesto que efectivamente Ollo comparó saber euskera con saber Medicina para ser médico, para a través de esta ocurrencia inferir que si se concluye que pedir euskera es discriminatorio también lo sería pedir Medicina para ser médico.

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Carlos Pérez-Nievas, portavoz de Navarra Suma por Ciudadanos, al hilo de la noticia publicó el siguiente tuit comentando la barbaridad de hacer la comparación que Olló planteó:

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A su vez, Ollo utilizó Facebook para contestar que “en ningún momento he dicho la sandez que se me atribuye”, aunque por lo que hemos visto parece que sí fue así. De hecho en el reproche que le dirige a Pérez-Nievas viene a decir lo mismo de nuevo: afirma que nadie cuestiona que se pida el título de Medicina para ser médico y reprocha que se cuestione pedir euskera para un trabajo de atención a la ciudadanía navarra. O sea, que cuestionar el euskera para ser funcionario es como cuestionar Medicina para ser médico, y que si exigir euskera es discriminatorio también lo sería exigir Medicina a los médicos. Exactamente, ¿en qué se diferencia esto de lo que se le atribuye y que ella, a la par que lo reafirma, lo califica como “sandez”?

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Obviamente nadie cuestiona que para ser médico haya que tener el grado de Medicina, el problema es si sería discriminatorio pedir el grado de Medicina para ser jardinero, profesor, policía, bombero, celador… Y cuando no exigirlo, convertirlo en un mérito tan valorado que cualquier médico que se presentara al puesto lo conseguiría por delante de otro aspirante que no fuera médico. Desde luego es mejor saber Medicina que no saber, ¿pero es un mérito exigible o altamente valorable para cualquier puesto? En realidad, para no salirnos del ejemplo de Medicina y la apología del disparate, aquí para ser médico se está valorando más el euskera que un doctorado.

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El vascuence puntúa más en Navarra para ser médico que un doctorado o un master

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Respecto al vascuence, salta a la vista que su uso resulta muy distinto según la zona de Navarra, por lo que ni todos los puestos tiene sentido que tengan requisito de vascuence, ni tampoco que se valore igual en una zona que en otra, o que se valore de forma exagerada. Es más, puesto que el 100% de la población habla español, idioma que además según la Constitución todos los españoles tienen el derecho y el deber de conocer, lo que se reconoce a alguien cuando se dirige a la administración en vascuence es un extraño derecho absoluto a no hablar en español, o un deber impositivo al resto de las personas de aprender vascuence para contestarle, porque no quiere usar la lengua común. Llevado al extremo el argumento, para que una sóla persona que hablara vascuence pudiera relacionarse en vascuence con la administración todos los funcionarios tendrían que hacerse vascoparlantes.

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Algo que en principio tendría que ser una delicadeza o una atención a una minoría de administrados, por lo demás totalmente respetables, se convierte de este modo en una imposición y una discriminación a la mayoría, tratándose igual una situación en la que todo el mundo habla español que otra en la que una parte de la población sólo hablara vascuence y no pudiera relacionarse con la administración más que si se le hablara en vascuence. Obviamente habrá puestos en los que se requiera o convenga el vascuence, como Medicina para otros, lo que no puede es imponerse Medicina como requisito general o como mérito para cualquier puesto, aunque sea estupendo saber Medicina. La consejera llega a decir que hablar vascuence algunos lo querrían considerar un demérito, como si en el mundo real saber vascuence en algún momento quitara puntos.

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No es de todos modos el primer ni único charco en el que Ollo se ha metido con su comparecencia. También sostuvo que hay que valorar los idiomas como mérito para ser funcionario porque “no podemos permitirnos una administración de mediocres”, como si todos los funcionarios navarros fueran mediocres o el decreto que ha tumbado la Justicia por discriminatorio garantizara la excelencia del funcionariado, o como si ser excelente consistiera básicamente en hablar vascuence en Peralta. El sindicato Afapna ya le ha reclamado que pida disculpas a los funcionarios navarros.

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Por lo demás, que el nacionalismo usa el vascuence de manera discriminatoria para los navarros castellanoparlantes no es que lo diga una malvada sentencia, es que lo reconocen ellos mismos. Son los propios nacionalistas los que reconocen abiertamente que que practican con el euskera una “discriminación positiva”. O sea, que no hay debate en si hay o no discriminación. Llamar “positiva” a la discriminación que ellos practican no es por otro lado más que una trampa dialéctica. Toda discriminación positiva implica necesariamente una discriminación negativa. Una discriminación positiva para los blancos no es más que una discriminación negativa para los negros. Una discriminación positiva para los vascoparlantes no es más que una discriminación negativa para los castellanoparlantes.

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Podría recordarse para terminar que Ana Ollo no se caracteriza particularmente por su facilidad de palabra, no digamos en vascuence que apenas balbuceba en 2015 y en el que no parece haber progresado demasiado, a tal punto que fue nombrada portavoz del gobierno en julio de 2015 y cesada en el puesto en septiembre de 2016. ¿Por qué? Pues lo acabamos de ver. La pregunta es cómo es posible que siga ahí.

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