El decálogo totalitario de las 13 rosas

Redacción 7 octubre 2019 Noticias, Noticias destacadas
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La semana pasada terminó con un agrio chaparrón mediático sobre Javier Ortega Smith, secretario general de VOX, por criticar en una entrevista en TVE la famosa Ley de Memoria Histórica en los siguientes términos “¿Sabe usted cómo se ha mentido en la Historia hablando de algunas que llamaban las Trece Rosas y resulta que lo que hacían era torturar, violar y asesinar vilmente?”.

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La historia de las 13 rosas nos remonta a agosto de 1939, en la convulsa España recién terminada la guerra, momento en el cual por un lado se llevaron a cabo gran número de detenciones y por otro todavía se seguían produciendo acciones violentas.

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Respecto a lo primero, las JSU (juventudes socialistas y comunistas unificadas) habían pasado lógicamente a la clandestinidad, sus principales líderes habían huido y el régimen franquista detenía a los jóvenes que podía identificar como miembros de esta organización. Las 13 rosas eran algunas de las detenidas en Madrid por este motivo.

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Por otro lado, el 27 de julio de 1939 hubo un atentado en el que murió un comandante franquista cuando viajaba en coche con su chófer y su hija de 16 años, que también murieron en el atentado.

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Como represalia por el atentado, que se atribuyó a las JSU, el régimen franquista condenó a muerte a 63 de las personas detenidas relacionadas con las JSU, entre las que se encontraban las 13 rosas, el así llamado grupo de mujeres de entre 18 y 29 años (no todas de la las JSU) cuya ejecución lógicamente tuvo un efecto propagandístico mucho mayor que el de los otros 50 hombres fusilados.

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La ejecución de todas aquellas personas de manera inmediata tras el atentado seguramente tuvo como fin mostrar un castigo ejemplar y brutal que cortara de raíz la oposición al régimen y las acciones violentas que todavía en aquel momento se seguían produciendo, aunque los detenidos obviamente no eran los autores materiales del última atentado ya que habían sido encarcelados (incluyendo las 13 rosas) con anterioridad. Es por ello que fueron condenados en general por su pertenencia a organizaciones izquierdistas y por “adhesión a la rebelión”. A la rebelión contra el nuevo régimen franquista, como es natural. Irónicamente, este mismo cargo había servido para ejecutar a otras muchas personas, incluyendo menores y mujeres, los años anteriores cuando se les consideraba desafectas en el lado republicano.

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Seguramente no tiene sentido, para empezar porque ni sería posible ni acaso conveniente, tratar de determinar 80 años después la posible responsabilidad individual de aquellas chicas fusiladas en 1939. Lo que no se determinó en aquella época, sería absurdo tratar de determinarlo ahora. No obstante, hay una cosa en la que claramente tiene razón Ortega Smith, y es en el carácter violento, totalitario y antidemocrático de las Juventudes Socialistas y las JSU. Juzgar ahora las personas estaría fuera de lugar, pero a las organizaciones resulta por el contrario bastante sencillo.

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Cuando quienes eran acusados de adhesión a la rebelión eran los del otro lado, era habitual que se les trasladara a las llamadas “checas” que se abrieron en las ciudades controladas por los republicanos. El nombre de “checas” proviene del ruso y de las comisiones extraordinarias (Chrezvichàinaia Komissia) creadas por los soviets para perseguir a los contrarrevolucionarios. Las checas de este modo, y existen miles de testimonios al respecto, incluido el de muchos republicanos, se convirtieron en centros de detención, tortura, violación, expolio, extorsión, ejecución y terror, desde los que decenas de miles de personas de toda edad y condición, por su desafección real o supuesta a la República, por venganzas personales o por robo, fueron a parar a la pared de un cementerio o una cuneta. El terror que se practicaba desde estos centros no sólo se realizaba impunemente y con conocimiento de las autoridades republicanas en lugares bien conocidos (como las checas de Bellas Artes o Fomento, en Madrid), sino que precisamente se trataba de la represión que se practicaba en ellas fuera bien conocida porque también en el lado republicano se utilizaba el terror para reprimir de raíz cualquier acto de disidencia, desobediencia o rebelión.

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Una de las características de las checas es que casi todas las organizaciones izquierdistas tenían sus propias checas desde las que dirigir su represión y ajustar sus propias cuentas. En Madrid, por ejemplo, en el Edificio del círculo de Bellas Artes había una checa “oficial”, perteneciente al temido Comité Provincial de Investigación Pública, pero en el Palacio de Revilla había una de la CNT, en el Cine San Carlos una de la FAI… y así por decenas. En el Convento de las Pastoras, en Chamartín, se instaló por ejemplo una checa de las JSU.

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Cabe recordar al hablar de las JSU que su secretario general en aquella época era Santiago Carrillo, que asimismo era Consejero de Orden Público de la Junta de Defensa de Madrid y bajo cuyo mandato sucedieron las matanzas masivas de Paracuellos.

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Del carácter totalitario, violento y antidemocrático de las juventudes socialistas y comunistas, que acabaron unificándose en 1936, no cabe por otro lado ninguna discusión. Es más, no cabe discusión de que se trataba de organizaciones totalitarias, antidemocráticas, golpistas y violentas no ya durante la Guerra Civil, o en 1936, sino mucho antes del alzamiento, ya en 1934, como revelan las propias publicaciones izquierdistas de la época.

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Las Juventudes Socialistas, por ejemplo, tenían su propio periódico llamado “Renovación”. Por si alguien tiene alguna duda, el 17 de febrero de 1934 este medio publicaba el “Decálogo del joven socialista”, cuyos mandamientos, particularmente el punto 8, evidencian más allá de toda duda razonable el citado carácter militarizado, violento y antidemocrático de las juventudes socialistas ya mucho antes de la guerra, del alzamiento y del franquismo.

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“«1. Los jóvenes socialistas deben acostumbrarse a las movilizaciones rápidas, formando militarmente de tres en fondo.

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«2. Cada nueve (tres filas de tres) formarán la década, añadiéndole un jefe, que marchará al lado izquierdo.

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«3. Hay que saludar con el brazo en alto -vertical- y el puño cerrado, que es un signo de hombría y virilidad.

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«4. Es necesario manifestarse en todas partes, aprovechando todos los momentos, no despreciando ninguna ocasión. Manifestarse militarmente para que todas nuestras actuaciones lleven por delante una atmósfera de miedo o de respeto.

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«5. Cada joven socialista, en el momento de la acción, debe considerarse el ombligo del mundo y obrar como si de él y solamente él depende la victoria.

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«6. Solamente debe ayudar a su compañero cuando éste ya no se baste a ayudarse por sí solo.

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«7. Ha de acostumbrarse a pensar que en los momentos revolucionarios la democracia interna en la organización en un estorbo. El jefe superior debe ser ciegamente obedecido, como asimismo el jefe de cada grupo.

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«8. La única idea que hoy debe tener grabada el joven socialista en su cerebro en que el socialismo sólo puede imponerse por la violencia, y que aquel compañero que propugne lo contrario, que tenga todavía sueños democráticos, sea alto, sea bajo, no pasa de ser un traidor, consciente o inconscientemente.

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«9. Cada día, un esfuerzo nuevo, en la creencia de que al día siguiente puede sonar la hora de la revolución.

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«10. Y sobre todo esto: armarse. Como sea, donde sea y “por los procedimientos que sean”. Armase. Consigna: Ármate tú, al concluir arma si puedes al vecino, mientras haces todo lo posible por desarmar a un enemigo».

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Dicho todo lo anterior, no se trata de juzgar individualmente a las 13 rosas ni a ninguna víctima en general, ni de un lado ni de otro, sino de lamentar que todo aquel derramamiento de sangre española llagara a suceder, pero en lo que sí tiene claramente razón Ortega Smith es en que ya puestos a levantar la alfombra entonces la levantamos entera por todos lados. ¿Es una tragedia y una injusticia que murieran aquellas chicas, algunas casi unas crías? Pues claro que sí. Y tantos otros miles de españolas y españoles en ambos bandos. Pero, ¿pertenecían a una organización que luchaba pacíficamente por la libertad y la democracia? Pues también está bastante claro que no. ¿Cuál es la responsabilidad de las organizaciones de izquierdas de la época en llevar a su propia gente al precipicio? ¿Cuál es la responsabilidad de las organizaciones de derechas de la época de llevar al precipicio a la suya? Estas son las preguntas realmente incómodas para unos y otros que debería imponer la memoria histórica como autocrítica, y que nadie se quiere hacer, particularmente la izquierda, que significativamente y a diferencia de la derecha conserva, como si no hubiera nada de lo que arrepentirse, las siglas de casi todos sus partidos y organizaciones principales. Al haber perdido la guerra y haber sufrido toda la represión de la posguerra, de algún modo la izquierda se ha considerado exenta durante todas estas décadas de hacer autocrítica e introspección. Es más, los dirigentes de la izquierda que vivieron la guerra (basta leer sus artículos, cartas y memorias) eran mucho más autocríticos que los actuales, que no lo son en absoluto. El capítulo final de la Guerra Civil que queda por cerrar, de hecho, es que la izquierda haga de una vez su autocrítica y su introspección. Los demás ya lo han hecho hace tiempo.

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El enlace final de este escrito corresponde al pdf con el ejemplar íntegro del diario Renovación del 17 de febrero de 1934, que además del Decálogo del Joven Socialista del que se ha hablado incluye como textos más destacados “Rusia, edificando el socialismo” (se refiere a la Rusia de Stalin) o “La insurrección armada”. No es por tanto lo que la derecha dice que defendían los socialistas en 1934, o lo que los medios de derecha de 1934 decían de la izquierda, sino lo que los propios medios de izquierda, y en este caso el propio periódico de las Juventudes Socialistas, decían de sí mismos, de lo que pensaban y de lo que querían. Al final la memoria histórica de verdad no es escuchar el discurso de un político semianalfabeto del presente, sino acudir a las fuentes primarias de conocimiento sobre la época, como este periódico de 1934. Al menos mientras nos dejen.

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https://www.navarraconfidencial.com/wp-content/uploads/2019/10/Renovacion-Decalogo-Joven-Socialista.pdf

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Comentarios (1)
  1. joaquin says:

    que las JSU .. juventudes social.comunistas unificadas fueron responsbles de checas y de las peores atrocidades no lo niega nadie.. y quienes era afiliados activos de la misma en esa época… pues ustedes dirán.
    que buenos son los progres de izquierda en limpiar sus manchones , manda narices.

    Bien puntuado. ¿Te gusta? Thumb up 4 Thumb down 0

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