No citarás a Unamuno en vano…

Redacción 20 febrero 2019 Noticias
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¿Quién no ha escuchado una y mil veces la anécdota del enfrentamiento entre Miguel de Unamuno y Millán Astray? ¿Quién no se ha encontrado opuestos una y mil veces el “¡Viva la muerte!” y el “¡Muera la inteligencia!” frente al “Venceréis, pero no convenceréis”? Esta misma semana nos encontramos la cita en un artículo de José Luis Uriz publicado en Plaza Nueva. Pues bien, es todo un diálogo imaginario sin apenas ningún fundamento.

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Efectivamente debió haber algún tipo de desencuentro entre Unamuno y Millán Astray en aquel acto en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca en octubre de 1936, pero de lo que se dijo exactamente no existe constancia alguna puesto que no quedó registrado en ningún soporte documental. No hay evidencia alguna de que ni Unamuno ni de que Millán Astray dijeran ninguno las frases que se les atribuyen.

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Por el contrario, existen diversas evidencias de que los hechos no sucedieron como los cuenta la leyenda, o como los contó la propaganda republicana de la época, para ser más exactos.

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Por ejemplo, el relato legendario, aparte de los diálogos inventados, refiere que Unamuno, tras el encontronazo verbal, tuvo que ser sacado del lugar por la mujer de Franco, Carmen Polo, la cual le protegió de los falangistas que intentaban matarlo. En la única fotografía existente del acto, precisamente de la salida, lo que se observa es a Unamuno saliendo con el obispo de Salamanca, don Enrique Plá y Deniel. En la foto ni aparece la mujer de Franco, ni se aprecia un tumulto en el que los falangistas encañonen a Unamuno, intenten agredirle, lo insulten o se dirijan a él. Unamuno no es siquiera en la foto el centro de las miradas. Si se le enseñara la foto a alguien que no supiera quién es el personaje ni el contexto y se le preguntara qué es lo que ve, no diría que a una multitud tratando de linchar a un señor mayor. De hecho más bien pensaría que probablemente el señor mayor es algún presidente o el líder de los allí reunidos que sencillamente se dirige a subirse a su coche. En la foto no hay más. El relato con los diálogos imaginarios de la discusión entre Unamuno y Astray corresponden por lo demás a una crónica de 1941 del exiliado republicano Luis Portillo, colaborador sel servicio exterior de la BBC. Qien popularizó sin embargo este texto muy posteriormente fue el historiador e hispanista inglés de izquierdas Hugh Thomas, al recogerlo en su obra “La Guerra Civil Española”, de 1961.

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El inequívoco posicionamiento de Unamuno a favor de los rebeldes

La pregunta pertinente, por el contrario, es qué hacía Unamuno en un acto oficial con Milllán Astray, en octubre de 1936. La pregunta sería oportuna porque, efectivamente, Unamuno apoyó pública e inequívocamente la rebelión contra el gobierno republicano. Hablando con propiedad, la hipotética discusión entre Unamuno y Astray no sería la discusión entre un franquista y un republicano, sino entre dos “franquistas”. Es más, Unamuno seguía apoyando la rebelión tras el evento en el paraninfo y el supuesto encontronazo con Astray, ya que posteriormente, en una entrevista concedida al periodista francés Jérôme Tharaud, y reiterando otras declaraciones anteriores en el mismo sentido, explicaba que “Tan pronto como se produjo el movimiento salvador que acaudilla el general Franco, me he unido a él diciendo que lo que hay que salvar en España es la civilización occidental cristiana y con ella la independencia nacional, ya que se está aquí, en territorio nacional, ventilando una guerra internacional”. En esa misma entrevista, sin embargo, Unamuno también decía que “es deber también traer una paz de convencimiento y de conversión y lograr la unión moral de todos los españoles para reestablecer la patria que se está ensangrentando, desangrándose, envenenándose y entonteciéndose. Y para ello impedir que los reaccionarios se vayan en su reacción más allá de la justicia y hasta de la humanidad, como a las veces tratan. Que no es camino el que se pretenda formar sindicatos nacionales compulsivos, por fuerza y por amenaza, obligando por el terror a que se alisten en ellos, ni a los convencidos ni convertidos. Triste cosa sería que el bárbaro, anti-civil e inhumano régimen bolchevístico se quisiera sustituir con un bárbaro, anti-civil e inhumano régimen de servidumbre totalitaria. Ni lo uno ni lo otro, que en el fondo son lo mismo”.

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Abundando en lo anterior, aún se produjo otra entrevista posterior esta vez concedida al escritor Nikos Kazantzakis, en la cual Unamuno clarificaba más aún si cabe su posición: “En este momento crítico del dolor de España, sé que tengo que seguir a los soldados. Son los únicos que nos devolverán el orden. Saben lo que significa la disciplina y saben cómo imponerla. No, no me he convertido en un derechista. No haga usted caso de lo que dice la gente. No he traicionado la causa de la libertad. Pero es que, por ahora, es totalmente esencial que el orden sea restaurado. Pero cualquier día me levantaré —pronto— y me lanzaré a la lucha por la libertad, yo solo. No, no soy fascista ni bolchevique; soy un solitario”.

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Algo sí sucedió en Salamanca, pero no lo que se relata ni tal como se relata

No sería exacto  decir que no pasó nada aquel día en Salamanca o que no existió algún tipo de desencuentro con Millán Astray, aunque posteriormente reescrito, exagerado y teatralizado hasta convertirse en mera propaganda de guerra. Lo cierto es que Unamuno, que había apoyado claramente el alzamiento en su inicio, poco a poco fue distanciándose al conocer algunos casos de conocidos suyos represaliados, no para hacerse frentepopulista, pero sí para adoptar una postura crítica con los dos bandos. Aparte la fantasiosa recreación de Portillo, algunos testimonios indirectos indican que algo sucedió, pero no sabemos exactamente qué ni en qué terminos.

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Falso también que muriera bajo arresto domicialiario

Unamuno moriría repentinamente en su domicilio muy poco después de todos estos sucesos, en diciembre de 1936, bajo “arresto domiciliario” una vez más según el mito. Efectivamente para entonces se había producido un distanciamiento crítico frente al incipiente régimen franquista, pero Unamuno no se encontraba bajo arresto sino simplemente vigilado. Según las palabras del propio Unamuno en una carta: “He decidido no salir ya de casa desde que me he percatado de que el pobrecito policía esclavo que me sigue -a respetable distancia- a todas partes, es para que no escape -no sé dónde- y así se me retenga en este disfrazado encarcelamiento como rehén no sé de qué, ni por qué ni para qué”. Al parecer, el régimen franquista temía que Unamuno decidiera marcharse de España y, para evitar esa mala imagen y poder evitarlo, le puso una vigilancia.

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Comentarios (1)
  1. Alambique says:

    Lo de siempre. Las izquierdas propagando la mentira. Y escondiendo su trampa ¿Dónde ha ocultado el ikurriño?

    Bien puntuado. ¿Te gusta? Thumb up 10 Thumb down 1

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