¿A la cárcel por querer ir a votar?

Redacción 13 febrero 2019 Noticias, Noticias destacadas
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Una de las ideas recurrentes en la defensa de los dirigentes nacionalistas catalanes procesados por rebelión y otros delitos, como malversación, es que en realidad se trata de un grupo de demócratas, en un país fascista, encarcelados por algo tan democrático como querer ir a votar. ¿Hay en esto algo de verdad?

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Para empezar, querer votar algo no es una especie de carta blanca que todo lo justifica. Por ejemplo, ¿qué pensaríamos si el Ejército derrocara a Pedro Sánchez y al gobierno socialista instaurando un régimen de transición para convocar elecciones? ¿No sería un golpe de estado? ¿Lo aplaudirían desde ERC, Podemos, el PNV y el PDCAT?

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Cuando los golpistas reclaman unas elecciones, además, lo hacen rompiendo España como sujeto político y creando otro sujeto político a su conveniencia. Esto es como si los alcaldes de la zona vascófona organizan por su cuenta y riesgo un referendum para que el norte de Navarra pase a formar parte de Euskadi al margen de la voluntad del conjunto de Navarra.

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Otra equivalencia sería pensar en una ciudad en la que los barrios de la zona más rica decidieran por su cuenta y riesgo dotarse de un régimen jurídico y fiscal independiente, al margen de las zonas más desfavorecidas. ¿Lo apoyaría toda la izquierda como una medida democrática y progresista? ¿No harían nada para impedirlo?

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Hay que tener en cuenta que crear sujetos políticos a voluntad dentro de otros sujetos políticos puede ser todo lo contrario a la democracia. Por ejemplo, si el conjunto de personas que pierde una votación se constituye en otro sujeto político para no aceptar el resultado mayoritario de esa votación, ¿eso es democracia o todo lo contrario de la democracia?

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Pensemos también en un grupo que, antes de votar algo, elimina del censo al 83% de la población. ¿Sería aceptable el resultado de esa votación? ¿Sería democrático?

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Que algo haya sido votado por la mayoría, por otro lado, tampoco equivale a una justificación absoluta. ¿Y si la mayoría vota la ejecución de la minoría? Decir por tanto de alguien que “sólo quería votar” no lava su culpa en absoluto. Es preciso analizar más cuidadosamente el asunto, porque quienes defienden la democracia no son los golpistas, sino quienes persiguen a los golpistas.

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Resulta además que la votación en cuestión el 1-O fue un auténtico pucherazo, en el que no hubo ningún control del censo ni el voto, en la que todos hemos visto imágenes de gente votando varias veces, gente votando en la calle depositando el voto sin identificarse previamente, o urnas llegando a los colegios electorales ya llenas de votos. Todo ello sin olvidar que en las elecciones inmediatamente posteriores, celebradas con todas las garantías, frente al 90% de votos separatistas del referéndum-pucherazo sólo hubo un 47% de voto separatista, contra el 53% de voto no separastista. El pucherazo tenía por tanto por objeto imponer a los ahora procesados como dirigentes de una república de su invención, tanto al conjunto de España como a la mayoría de los propios catalanes.

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Pusieron en marcha una situación que podía haber acabado muy mal

El proceso para conseguir esto, además, no fue en absoluto pacífico. Los propios golpistas denunciaron cientos de heridos en los incidentes provocados por ellos mismos, la mayoría falsos, pero hubo sin embargo decenas de policías heridos reales. Con eso y con todo la baza de los golpistas era contar con un cuerpo armado de 17.000 hombres, los Mossos de Esquadra, cuya amenaza esperaban que bastara para intimidar al estado e imponer la república que querían establecer por una política de hechos consumados. Los acusados generaron un desbarajuste del que ahora mismo ellos ahora son también vícitimas, pero por supuesto además responsables, como alguien que conduce alocadamente.

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Ante todo lo anterior, lo que tampoco se puede alegar como defensa es que los hechos no existieron, cuando fueron públicos, notorios, televisados y toda España los vio, o bien que el golpe resultó fallido, pues eso no fue un mérito de los golpistas sino un logro del estado de derecho. Ser un golpista torpe como mucho será un demérito, como ser un atracador torpe. Ahora sólo queda que los encausados respondan como adultos responsables, aunque a veces no lo parezcan, frente a la gravedad de sus actos.

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Esta noticia la publicamos el 13 de marzo de 2014