¿Digitalización sin transhumanismo?

Ángel Manuel García Carmona 4 febrero 2019 Opinión
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Como sabemos, lo que realmente es progreso no puede planificarse de antemano, por su propia naturaleza. Entendemos por el mismo un patrón evolutivo espontáneo que afecta a muchos ámbitos, no dejando arrinconada, en ningún momento, bajo ningún concepto, a la tecnología ni a las áreas ingenieriles que trabajan sobre la misma.

A razón de esto, estamos presenciando una revolución tecnológica, basada en la continua y progresiva digitalización de muchas actividades y tareas cotidianas o meramente profesionales. En base a la misma, estamos apreciando varias tendencias como la computación en la nube, la tendencia in crescendo de la educación online, etc. Pero nos centraremos, en este ensayo, en la disciplina de la inteligencia artificial (IA).

Hablamos de la aplicación de técnicas algorítmicas en programas informáticos que permitan a las máquinas tener un procesamiento similar al del ser humano (hasta el punto de haber servido de base para técnicas de programación genética, basadas en la emulación de procesos de la naturaleza relacionados con la especie humana: reproducción, selección natural, cromosomas, etc.).

Según el CEO de la multinacional tecnológica Oracle, Mark Hurd, precisamente, en base a unas predicciones que manifestó recientemente en el evento Oracle OpenWorld 2018, celebrado este pasado otoño en San Francisco (California), desde el 22 hasta el 25 de octubre, cabe resaltar la siguiente relación:

  • En 2025, todas las aplicaciones de cloud computing incorporarán IA.
  • El 85% de las interacciones de las empresas con sus clientes serán automatizadas.
  • Aproximadamente, el 60% de los puestos de trabajo en el sector tecnológico que existirán en 2025 no se han inventado todavía.

Ahora bien, hay dos clases de escépticos: los neoluditas y los que se preocupan por la integridad y libertad de la especie humana en el futuro. De los primeros podemos esperarnos obstáculos basados en proteccionismo económico, absurdas regulaciones, o peticiones de refuerzo asistencialista (más gasto, más impuestos). Mientras, a los segundos, bajo cierto punto de vista, les quiero comprender más bien.

El problema gira en torno al transhumanismo. Hay quienes ven en estos avances tecnológicos una oportunidad para ir más allá del actual esquema de esencia humana. La culminación de esto sería el reemplazo de los individuos, del mismo modo que los neandertales reemplazaron a los erectus, por robots y otra clase de máquinas automatizadas.

El homo sapiens sapiens pasaría a la historia, si bien a la complejidad de su cerebro (independientemente de que algunas máquinas realicen operaciones de búsqueda y cálculo en fracciones de segundo, y de que no todos los hombres sean igual de inteligentes) se ha debido la existencia de todas las aplicaciones de la inteligencia artificial que vayamos observando.

Pero, ¿no nos estaremos pasando de frenada advirtiendo sobre el transhumanismo? Que la tecnología pueda ayudar al ser humano de muchas maneras (facilitando comunicaciones, devolviendo esperanzas a discapacitados, ayudar con las labores del hogar, incrementando la productividad empresarial, …) es algo a agradecer (de hecho, yo, interesado en la Ingeniería del Software, tengo motivos para ello).

Pero que desde determinadas áreas ingenieriles y científico-tecnológicas se quiera servir a la sociedad por medio de estos avances técnicos no implica que tengamos que romper con el humanismo cristiano, en base al cual, podremos reconocer al hombre como un ser creado a imagen y semejanza del mismo Dios que le hizo libre para buscarle y para hacer el bien.

Una sociedad de robots previamente programados por seres humanos o, a largo plazo, por otras máquinas robotizadas, no sería sino un conjunto de “seres” sin libertad para discernir y razonar (simplemente podrán ser progresivamente más sofisticadas: por ejemplo, sensores en base a los cuales las actualizaciones de software sean como nutrientes y la recarga eléctrica, como una necesidad de irse a dormir).

Por poner un ejemplo ilustrativo, si yo ofrezco una aplicación web que te envíe al móvil unas notificaciones push con información sobre los eventos de tu zona o la previsión meteorológica, aunque tengamos una antena de GPS instalada, habrá habido antes un laborioso -aunque divertido- trabajo de programación: algoritmos, condicionales, sincronizaciones, bases de datos, servidores push, etc.

La aplicación podrá ser muy potente o muy básica en función del esfuerzo mental que haya hecho previamente, pero lo que haga se deberá a un ser humano, no a ella misma. Lo mismo ocurrirá pues con los robots y otras máquinas, por muy complejas que puedan ser las sentencias que dictemos (hasta el punto de crear una nueva “especie robótica”).

Por cierto, ¿creen que el transhumanismo le resultaría útil a ciertas élites globalistas y totalitarias? No dudaría yo de que, en algún momento, considerasen una “tensa” convivencia con esas “nuevas especies” a fin de que haya una “sociedad sin disidencia”, y encima, materialista (esto predomina hoy en día, por desgracia, en combinación con la mentalidad relativista) y atea.

Una vez dicho todo esto, yo creo que el transhumanismo es inevitable. Quienes nos dediquemos a labores del sector tecnológico no hemos de responder sino a una vocación humana que si no es emprendedora, al menos, consista en servir a los demás. La tecnología no está reñida con la entrega al prójimo, en la medida en la que podamos ayudar. 

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