La proporcionalidad entre agredir a un ertzaintza y a un guardia civil

Redacción 28 enero 2019 Noticias
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20 de agosto de 1993. Una persona pasea por El Arenal entre las “txoznas” durante la Semana Grande de Bilbao. Alguien le reconoce y se da cuenta de que es un ertzaina. Se llama Ander Susaeta. No está de servicio. No va armado. Como tantos otros bilbaínos está allí disfrutando de la fiesta. Inmediatamente, tras reconocerlo, un grupo le rodea y le empieza a golpear. Cae al suelo. Le dan patadas en la cabeza. Se levanta. Huye. Le persiguen. Le siguen golpeando. Vuelve a caer. Más golpes. Todo queda grabado en unas imágenes estremecedoras de las cámaras de seguridad que se han instalado para controlar la zona. El ertzaina salva la vida milagrosamente porque por pura fuerza de voluntad sigue huyendo, si no hubiera conseguido levantarse y seguir corriendo quizá lo hubieran matado allí mismo. Al fin consigue entrar en un local en el que encuentra refugio. El tiempo transcurre a su favor porque ante el temor a la llegada de las fuerzas del orden el grupo de violentos comienza a retirarse. La sentencia refleja entre los hechos probados el siguiente cuadro de médico: hematoma palpebral en ojo derecho, hemorragia subconjuntival y cuerpo extraño subtarsial en ojo derecho, pérdida del incisivo, fractura de cuello de peroné izquierdo con tercer fragmento, tardando de curar 45 días de sus lesiones. No era Alsasua, pero la escena fue muy parecida.

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La Audiencia de Bilbao impuso a los acusados de la paliza penas que fueron de los 3 meses a los 4 años y medio de prisión. El Tribunal Supremo elevó posteriormente las penas hasta un máximo de 6 años y medio. El principal acusado no se llamaba Adur Ramírez, se llamaba Juan Luis Camarero. Una vez decaída la condena por terrorismo, las penas y los delitos (atentado a la autoridad y lesiones con agravante de abuso de superioridad) han sido muy similares en ambos casos. La diferencia es que en Alsasua hubo más de una víctima y agresores que agredieron a más de una víctima, por lo que en vez de un delito de atentado y lesiones acumulan dos y hasta tres. Como es lógico. No es lo mismo pegar o matar a uno que a tres. 

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Ningún medio paseó sin embargo por los plató a los padres de Camarero y el resto de acusados para victimizarlos.

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Nadie dijo que la paliza era un montaje de la extrema derecha para perjudicar la imagen de Bilbao. Menos Batasuna todo el mundo entendía en aquel entonces que, de quedar perjudicada la imagen de Bilbao, eran en todo caso los violentos los responsables.

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Salvo el Egin, nadie dijo que había sido una trifulca festiva como tantas otras en tantas otras fiestas de España.

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En los patios de los institutos navarros no se bailaban aurreskus en honor a los acusados.

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Y por supuesto el gobierno vasco liderado por el PNV no convocó manifestaciones antes de la sentencia saliendo en defensa de los acusados y pidiendo penas “proporcionales”.

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Tampoco compareció después proclamando que la pena era desproporcionada, que la familia de Camarero sufría mucho y que habría que haber dictado una sentencia más leve por si un día, en parecidas circunstancias, agredían a un par de guardias civiles y sus parejas.

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