La Impunidad de los gestores públicos, “La España Flotante”

Carlos Amat Larraz 28 enero 2019 Cartas al director / Agenda

A punto de prescribir –tras cinco años-, con toda impunidad, los delitos cometidos por el ladrón más grande que jamás existió en la historia de España -Don Pujolón-, se palpa, una vez más, una fuerte abstención oficial, al imperante delito público –Traición Pública. Algo que está favoreciendo unas acciones y movimientos sociales que siempre derivaran hacia otras mucho más graves -por desgracia- en su propia violencia y extremismo. Esto es algo que si sabemos, por repetida experiencia histórica, en esta vieja nación.

Servidor pertenece a una generación a la que se pretendió educar cívicamente en la estima de su propio esfuerzo personal, para la consecución de unos loados fines terrenales –También de otros más eternos. Fines estos, entre los que se encontraba la búsqueda constante de la profesionalidad, con esfuerzo y renuncia. Mi abuelo decía que no había por qué ser un licenciado universitario, pero que tampoco bastaba con ser un simple carpintero; si no que había que tratar de ser “un buen carpintero” y, a ser posible, “el mejor”; con esfuerzo y ahincó. También, el ahorro -que proporcione una mínima seguridad familiar-, es algo que nos inculcaron, desde muy jóvenes, nuestros antepasados. Siempre bajo una moralidad que nos permitiera mostrarnos, ante los demás, con la cabeza alta y despejada de toda injuria.

¡…Claro! que el cumplir, con estas máximas, es nuestro empeño; aunque para algunos de nosotros, los logros sean más bien pobres y, para otros, brillen por su ausencia absoluta. Todo verbigracia a ese impulso egoísta de la naturaleza –señalado por Schopenhauer- “…que se impone de una manera instintiva, si no se reprime adecuadamente y en el que, cada ser vivo busca la continuidad de sus logros asistenciales, aun a costa de los demás”. Son esas máximas inculcadas -a las que no podemos renunciar- las que nos hacen ser victimas impotentes de un mundo donde las personas con un buen talante moral apenas pueden desenvolverse, con cierta dignidad, y donde el conseguir algo abundantemente crematístico, sin delinquir –aun, muy venialmente-, es misión casi imposible.

Pero tenemos más defectos, que nos apartan de los liderazgos sociales, como que somos difíciles de acallar; aunque parezca mentira habiendo sufrido un sistema dictatorial. …O, tal vez, por eso mismo –cosa esta que tampoco es muy buena para el negocio político. Añadiré que como quiera que tampoco nos gusta mucho la masa, solemos encontrarnos en una especie de “Fuera de juego” crónico; algo protestón e incomodo. Y aquí me viene al pelo reconocer que, en realidad, no estamos “desencantados con el sistema” porque siempre tuvimos un concepto de nuestros personajes públicos muy cercano al que tuvo aquel brillante antepasado Ibérico y latino, el estoico Lucio Seneca -41 D.C.-, quien reconoció como sus coetáneos esperaban, ya entonces, demasiado de los personajes públicos y pensaba que al fin y a la postre: ¿…Es algo extraño que un malvado cometa malas acciones? ¿…Es una novedad que el bruto yerre? ¿Acaso, no son nuestros personajes públicos hombres? ¿…Y no es el hombre un cuerpo endeble y frágil, desvalido, indefenso y egoísta por su propia naturaleza, necesitado de ayuda y abandonado a las indolencias de la suerte y del tiempo? (…Sic)

Por otra parte, nuestro reconocido artista Dalí confesó públicamente que una de las cosas que le supuso un mayor esfuerzo en su vida fue olvidarse de todo lo que había aprendido en las escuelas oficiales de arte; cuando lo logro, empezó a fraguarse como un verdadero artista y salto al Olimpo de la pintura, para toda la eternidad -¡Vamos!.. que Alcanzo la genialidad y el éxito en base de una muy trabajada “auto amnesia”.
Por desgracia hoy en día abundan, de entre nuestros líderes públicos y triunfadores sociales, los amnésicos de la moralidad y del civismo. Lideres estos, que dominan los entresijos de esa nueva ciencia, cual es “El Marketing Político” y “La Imagen” -antes “manipulación Pública” y “doble cara”-. Y esto es lo que ha contribuido mucho a que España sea un medio muy acuoso donde flotan, perfectamente y sin ningún esfuerzo, los vacíos de excelencias, los fatuos charlatanes, los comediantes, los malvados y los inútiles vacios… Mencionare, también, la capacidad de aguante de la población actual, ante los abusos de los plutócratas. Resulta manifiesto el alto nivel de “Voluntario bozal” que casi todo el mundo se impone, a la hora de verter sus propias opiniones, pese a vivir en un país libre. Y donde, al final, en los abundantísimos libres foros de opinión y tertulias que van apareciendo –Internet, TV y otros-, cuesta mucho a los tertulianos, el salirse de la amoralidad imperante y de las máximas establecidas –”Verdad Oficial”.

Y esta es la situación en la que estamos, con unos gobernantes ciegos -desde la excelencia que da “El Escaño”- ante lo que se está fraguando y unos gobernados cada día más frustrados y radicales. Muy fáciles de envilecer por falsos profetas, violentos y extremistas.

 

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