Paracuellos y la desmemoria

Ángel Manuel García Carmona 5 noviembre 2018 Opinión
Imagen de Paracuellos y la desmemoria

Sabido es que, a día de hoy, la izquierda no deja de insistir en profanar la tumba de Francisco Franco y en acabar con la Basílica del Valle de los Caídos, en base a la revisionista y guerracivilista Memoria Histórica así como en correspondencia con la hoja de ruta de intolerancia religiosa propia del Frente Popular.

Mientras, la “falsa derecha mainstream”, y buena parte de la esnobista sociedad española, dentro del afán por intentar pedir perdón al izquierdismo (sin entender por qué, ya que no hay nada que agradecerles), no hacen sino aceptar estas estrategias de una u otra forma o utilizar un lenguaje que no se desvíe del esquema de esa mentira antifranquista políticamente correcta.

Esto último no deja de formar parte de esos esquemas con los que la izquierda busca intimidar al disidente por medio de diversos calificativos, y que ahora pretenden convertirse en ley, a través de la reforma de la Ley de Memoria Histórica. Discrepar de la “verdad oficial frentepopulista” podría llegar a acarrearte la pérdida de libertad.

El caso es que entre unas cosas y otras, no son debidamente recordados ciertos capítulos de la historia de España. Hablamos de un atroz episodio del Terror Rojo, que se puede equiparar con la Masacre de Katyn (en la que alrededor de 100.000 polacos fueron asesinados por las tropas soviéticas, en 1940): la Matanza de Paracuellos.

Hace 82 años, tal día como un 7 de noviembre, por orden de la Junta de Defensa de Madrid, organismo creado en la Segunda República por el socialista Largo Caballero, entonces presidente del gobierno, se asesinó a unos 5000 ciudadanos en la ciudad madrileña de Paracuellos del Jarama.

El motivo de asesinato no fue ni más ni menos que fulminar a católicos e integrantes o simpatizantes de esa disidencia definida como derecha política y sociológica (incluso acabaron con la vida de unos doscientos setenta y seis menores de edad). Estaban castigando con la muerte la no colaboración con el social-comunista Frente Popular.

Hablamos de unos crímenes en los que tuvieron una implicación nada irrelevante dos figuras clave del Partido Comunista de España (PCE): Santiago Carrillo y Dolores Ibárruri (alias “La Pasionaria”), quienes también llegaron a ser máximos dirigentes de la formación política a la que pertenecían.

Ahora bien, con la complicidad del acomplejamiento de algunos, la izquierda consiguió que Carrillo no gozara de la reprobación sociológica que merecería por su implicación en un acto criminal. Incluso Albert Rivera, líder de ese partido que le debe gran parte de sus escaños a votantes de derechas, llegó a elogiarle (Rajoy, gracias a quien gobierna Sánchez, también).

Pero que no se nos ocurra a nosotros reconocer que gracias a Franco, España se libró de ser un país satélite de la Unión Soviética. A pesar de un bagaje de políticas asistencialistas (al contrario que la política de Augusto Pinochet), España crecía económicamente debido cierta liberalización económica, y había menos desempleo y endeudamiento, aparte de pagarse menos impuestos.

Ahora bien, cambiando ya de tercio, hay una fecha bastante desconocida por buena parte de los españoles, incluso entre católicos practicantes: la fiesta litúrgica de los mártires de la persecución religiosa durante la Segunda República y la Guerra Civil, celebrada cada día 6 de noviembre, desde el año 2007.

Con la excepción de ciertas asociaciones y ciudadanos comprometidos, incluso por culpa del clero español, este evento pasa desapercibido. Eso sí, también sabemos que ante el avance de la cultura de la muerte y la amenaza laicista que se nos viene encima gracias al Frente Popular, la Conferencia Episcopal Española está más que puesta de perfil, sin reaccionar como es debido.

Por desgracia, dejando aparte el hecho de que tengamos un pontífice plegado a las causas marxistas, no se aprecia en el clero español, de modo que se hiciera frente al bloque social-comunista que nos gobierna, ese mismo espíritu que propició la caída del Telón de Acero y tuvo su punto de partido en los astilleros de Gdansk, ciudad polaca de la costa báltica.

Una vez dicho todo esto, es probable que algunos nos “aconsejen” que es mejor “olvidar y pasar página”, pero considero que se debe advertir sobre el carácter criminal, liberticida e inhumano del comunismo así como de toda tropelía frentepopulista. No hay afán de dividir a los españoles, sino de defender su libertad y su dignidad.

A su vez, ya para ir terminando, conviene recordar que es imprescindible una aguerrida batalla dialéctica contra el comunismo, contra la izquierda y contra el socialismo en cualquiera de sus modalidades. Y, por supuesto, siempre mantendré en el recuerdo a las víctimas de la masacre marxista de Paracuellos y a los mártires de la persecución religiosa durante los años 30”.

NOTA: La imagen que ilustra el artículo fue tomada por Elentir, bajo licencia CC BY-SA.

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