¿Qué es ser populista?

Redacción 9 octubre 2018 Noticias
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Hay momentos en que una palabra invade y monopoliza el discurso político, esa palabra en este momento es “populismo”. El populismo no tiene una particular ideología y se nos habla de populismo de izquierdas y de derechas. De algún modo suele asociarse populismo a radicalismo, pero puede que tampoco esto sea exacto y hasta que sea más exacto justo lo contrario. ¿Quién es, en definitiva, un populista?

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Belén Esteban es la “princesa del pueblo”. Habla como el pueblo. Cuando Belén Esteban habla, el pueblo la entiende. Belén Esteban conecta con el pueblo. Si Belén Esteban se presentara a las elecciones sería una líder populista y el pueblo la votaría. De hecho, en 2010 se hizo una encuesta preguntando a los españoles a este respecto: si se hubiera presentado a las elecciones, Belén Esteban hubiera sido tercera fuerza con un 9% de los votos. Para formar mayoría, casi en cualquier sitio el PP y el PSOE hubieran tenido que pactar con la Esteban. Por suerte o por desgracia, vayan ustedes a saber, Belén Esteban nunca se decidió a dar el paso.

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Naturalmente Belén Esteban es sólo un ejemplo. Si se presentan a unas elecciones el Pato Donald o Pablo Iglesias, hay un porcentaje de voto que iría hacia ellos por rebeldía, por afán de cambio, por no votar en blanco, por sentido del humor, por castigar a los políticos. Así y todo seguramente hay una zona del espectro político en la que hay más rebeldes, ansiosos por el cambio, votantes en blanco, castigadores o bromistas que en otros sectores. Un populista inteligente no se limitaría a presentar sin más una candidatura pintoresca sino que estudiaría el mercado para ver qué quiere escuchar toda esa gente cuyo voto está buscando.

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El populista no tiene ideas propias

La idea anterior nos conecta ya directamente con lo que probablemente es el verdadero sentido del populismo. Un populista no defiende sus ideas, sino las de la gente cuyo voto busca. Casi podría decirse que las ideas a defender le dan un poco lo mismo siempre que haya mucha gente dispuesta a votar al que las defienda. Y si mañana es popular defender la idea contraria, el político populista defenderá mañana la idea contraria. Un populista se opone así al político que pretende cambiar a la sociedad o convencer a la gente de sus valores e ideas. El populista, por el contrario, sólo busca dónde está la corriente para nadar a su favor. No pretende cambiar las ideas de la gente sino asegurar a la gente que si le vota defenderá sus ideas. El populista no es un idealista. Aparte de conseguir el poder, de hecho, el populista no tiene ideas. A la vista de lo anterior podría llegar a concluirse que el populista es como un gas, que se adapta al envase social que lo contiene. El populista no es el que modela el envase ni lo pretende ser.

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El populismo no es el radicalismo, aunque puede camuflarlo

Naturalmente el populista pueden tener un programa oculto y usar sólo las palabras que la gente quiere oír para alcanzar el poder y tener la capacidad de desarrollar ese programa oculto, que puede tener poco o nada que ver con el discurso con el que consigue los votos. El populista tampoco necesita forzosamente conseguir una mayoría abrumadora, sino sólo la suficiente para condicionar una mayoría. El político populista, sin embargo, no tiene por qué identificarse con los partidos minoritarios ni radicales, como se decía al principio, más bien al contrario. Un político con ideas muy claras se puede hacer populista para conseguir más voto que el que conseguiría defendiendo sus propias ideas, pero el que así actúa no es tanto un auténtico populista como un radical disfrazado.

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La moderación puede ser populista

El radical, por su parte, tampoco tiene por qué ser un populista y de hecho raramente suele serlo. Sera radical no es bueno ni malo y suele estar sin embargo socialmente casrigado. Uno suele ser percibido como radical al ser percibido como alguien alejado de la normalidad y por tanto de lo mayoritario. Lo percibido como normal por la mayoría no es considerado como radical aunque lo sea. En la medida en que alguien quiere conectar con las ideas populares y nadar a favor de la corriente, no suele ser radical. A más radical, más impopular. No se puede ser populista e impopular. Sensu contrario, cabría pensar que los políticos más populistas son los más votados. Los que más recogen el discurso dominante. Los que no se enfrentan a lo que piensa la mayoría en cada momento, sino los que tratan de abrazar esa mayoría o pescar votos en ella. Un político de un gran partido no puede decir ni hacer cosas demasiado impopulares. Por tanto cabe preguntarse si los líderes de los mayores partidos no son los principales populistas. Esto, como hemos visto, no quiere decir que sean los más radicales sino los que menos se mojan, los que menos confrontan sus ideas, los que tienen un discurso más líquido, los que se adaptan al discurso dominante y no los que tratan de cambiarlo, los que abrazan a los niños y nunca le dicen a la gente nada que la alarme o la moleste. Cuando dicen algo que parece más radical es que esa idea radical ya ha sido ampliamente aceptada por la mayoría social. El populista nunca dice nada que de antemano no sepa que va a ser aplaudido. La pregunta entonces es si los populistas les están quitando los votos al PP y el PSOE o si los populistas no son el PP y el PSOE. ¿Qué han hecho el PP y el PSOE cuando han estado en el poder? ¿Adaptar la realidad a su ideario o adaptar su ideario a la realidad? ¿Cuál es el ideario del PP y del PSOE? ¿Hay algún ideario que hayan defendido efectivamente cuando han estado en el poder?

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La cuestión final es por tanto si estamos ante un auge del populismo o todo lo contrario. A lo mejor estamos ante una ola de recuperación de los discursos y confrontación de las ideas. ¿Es eso malo? Los políticos cuya estrategia era meramente seguir la corriente mayoritaria empiezan a perder peso porque la sociedad se polariza y la mayoría ya no tiene discurso sino que busca un discurso al que adherirse. El signo de los tiempos le ha quitado su papel al político que lo que quería era justo adherirse al discurso mayoritario y que no tiene un discurso propio que ofrecer. Por eso ahora la mayoría social se fragmenta y aparecen formaciones como Vox o Podemos. El asunto ahora es quién vende mejor ese discurso. Y quién tiene más altavoces para venderlo, por supuesto. Napoleón diría cañones, pero es lo mismo.

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Comentarios (1)
  1. Urko Jon says:

    Si ya lo dijo la “gran” Celia Villalobos, la mujer del ideólogo del PP durante décadas: “Cuando veo a algún candidato pasarse el día hablando de principios y valores me aterroriza …”. “un partido se tiene que adaptar a las realidades sociales” partiendo de “un tronco común de principios comunes y luego hay compañeros como yo, que defiendo el aborto y el matrimonio gay, y otros que no”.

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