La matanza del Fuerte San Cristóbal y otras matanzas de prisioneros del bando republicano

Redacción 28 septiembre 2018 Noticias, Noticias destacadas
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En Navarra es frecuente que oigamos hablar de la matanza del Fuerte de San Cristóbal. Los hechos tuvieron lugar en mayo de 1938, cuando un intento masivo de fuga del presidio en que se había convertido el fortín se saldó con 200 muertos. Nada interesa cuestionar al respecto, o sobre las durísimas condiciones de los presos, puesto que no se trata de maquillar los hechos.

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No obstante, a causa de la peculiar forma de contar y enfocar la guerra del 36, es posible que mucha gente obtenga una visión equivocada respecto a ese conflicto precisamente por la recuperación selectiva de la memoria histórica que se viene produciendo.

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Por ejemplo, alguien podría pensar algo tan ridículo como que la Guerra Civil sólo tuvo lugar en Navarra, o sólo se libró contra los nacionalistas, o que como Navarra perteneció dese el primer momento a la zona nacional, no hubo retaguardias republicanas en las que se produjeron crímenes y atrocidades del mismo tenor de las que aquí se suelen recordar.

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En este sentido, la historia de las cárceles republicanas merece también un capítulo en el gran libro negro de la recuperación de la memoria histórica. En el territorio republicano era frecuente convertir barcos en presidios flotantes, a los que se iban trasladando todo tipo de desafectos. Frecuente era también que en estos barcos se produjeran matanzas periódicas, por no mencionar que, remedando el dramatismo que suele utilizar la izquierda con las víctimas del franquismo, las condiciones de vida y salubridad en esos barcos eran no muy distintas a las de Auswitch. Obviamente ninguno de los dos bandos era demasiado delicado con el contrario y resulta ingenuo pensar lo contrario.

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Presos como rehenes- escudos humanos

De todos modos hay una práctica respecto a los presidios que cabe subrayar respecto al bando republicano, y es que en la zona republicana era frecuente que, por ejemplo si la aviación nacional llevaba a cabo un bombardeo, como represalia las cárceles fueran asaltadas y los prisioneros masivamente ejecutados.

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En Santander, por ejemplo, sucedió en diciembre del 36 tras un bombardeo que en represalia fue asaltado el buque prisión “Alfonso Pérez”, en el que fueron masacrados casi 200 prisioneros (gente de toda condición, siempre que fueran religiosos o personas consideradas desafectas).

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Antes incluso, en agosto de 1936, tras atacar unos aviones nacionales a un acorazado republicano (el Jaime I) en Cartagena fueron asaltado los buques-prisión “España nº3” y “Río Sil”, siendo ejecutados más de 200 prisioneros.

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En septiembre del 36, en la Ría de Bilbao fueron asaltados el “Cabo Quilates” y el “Altuna Mendi”, con la consiguiente matanza. Todo el mundo sabía, menos el que no quería saber, que cada vez que había un bombardeo se ejecutaba a los prisioneros del bando nacional como represalia. Por tanto, evitar estas ejecuciones no era cuestión de saber o no saber sino de querer o no querer. Obviamente siempre viene muy bien tener a una serie de “incontrolados” que carguen con la responsabilidad y se ocupen de los asuntos sucios.

A resultas de estas y otras masacres similares, el recién formado gobierno vasco decidió a fines del 36 un cambio de política e ingresar a los prisioneros en presidios en tierra firme, según parece con la intención de negociar futuros intercambios con presos propios y exiliados. Sin embargo, el 4 de enero de 1937, casi año y medio antes de los sucesos del Fuerte de San Cristóbal, hubo otro bombardeo contra Bilbao y, en represalia a este bombardeo sobre una zona fabril en la que murieron cinco civiles, fueron asaltadas las cuatro cárceles bilbaínas en las que habían sido distribuidos los prisioneros políticos: la cárcel de Larrinaga, el Convento de El Carmelo, el Convento de Los Angeles Custodios y la Casa Galera.

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Evitaremos los detalles más espeluznantes que se vivieron aquella jornada que se saldó con 224 muertos, incluyendo el caso del Convento de Los Angeles Custodios, reconvertido en prisión, al cual se mandó a un batallón de la UGT para intentar evitar su asalto, sólo que el batallón, en vez de impedir el asalto, se sumó a él. Muchos de los asesinados en aquel lugar eran enfermos y personas de avanzada edad que fueron masacradas con absoluta crueldad. Respecto a todos estos hechos, que fueron totalmente silenciados por la prensa local, puede encontrarse abundante información complementaria en un estudio llevado a cabo en la Universidad Rey Juan Carlos por José Manuel Azcona Pastor y Julen Lezámiz Lugarezaresti.

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Paradójicamente, un suceso como el de Bilbao ha servido al nacionalismo para presumir de lo bien que se comportó durante la Guerra Civil. Pese a ser un suceso repetido, hasta típico de la zona republicana y por tanto previsible, nada eficaz se hizo por evitar el asalto y asesinato de las prisiones donde se encerraba a los desafectos. La prueba es que la masacre del 4 de enero se produjo pese a todos los antecedentes. La interpretación más favorable es que se prefirió sacrificar a los prisioneros que provocar un conflicto interno. Lo mismo podría alegarse en otros casos en el otro lado, por supuesto. Para lavar la imagen del gobierno vasco más adelante se formó un tribunal encargado de juzgar a los culpables, aunque siguieron en libertad y nunca fueron juzgados. Unos meses más tarde, tras el Pacto de Santoña, los nacionales tomarían el control de Bilbao. Cabe sospechar además que las primeras negociaciones del gobierno nacionalista para rendirse datan ya de la época en que tuvo lugar la masacre y de ahí quizá el intento de conservar vivos a los prisioneros políticos,  o la mascarada de investigación para castigar a algunos autores materiales una vez sucedida la masacre, como elemento de negociación, gesto de buena voluntad y moneda de cambio, aunque no a costa de utilizar la fuerza para defenderlos,

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Volviendo al Fuerte de San Cristobal y a ese fatídico mes de mayo de 1938, cabe señalar que para esa fecha ya habían tenido lugar toos estos hechos, o que Pamplona había sido bombardeada en varias ocasiones para esa fecha, pese a lo cual no se utilizó a los prisioneros de San Cristobal como escudos humanos, ni subieron grupos humanos hasta el Fuerte para masacrarlos en represalia. Lo cual desde luego  no lava lo que pasó durante la fuga del Fuerte en mayo de aquel año, pero contextualiza lo sucedido en un marco en el que lo atroz y la venganza eran algo común y rutinario en todos lados.

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Las víctimas masacradas en Bilbao por las hordas republicanas, por cierto, reposan en una cripta olvidada a la que no acude ningún político a homenajearlas, aunque quizá mejor que nadie se acuerde de ella, no sea que quieran sacar a los muertos de las tumbas y demoler la cripta.

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Comentarios (2)
  1. Alambique says:

    Los presos del Fuerte de San Cristóbal recibían buen trato, dentro de lo que cabía entonces. Si no hubieran matado a un guardia y no hubieran escapado, no habrían muerto..

    Debate acalorado. Y tú, ¿qué opinas? Thumb up 8 Thumb down 6

  2. beltxa says:

    Hidden due to low comment rating. Click here to see.

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