Justizia!

Redacción 2 mayo 2018 Noticias
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Un sujeto horrible también tiene derecho a un juicio justo. Hasta los islamistas, los etarras o los miembros de la manada tienen derecho a un juicio justo. Y por tanto a que se dicte una sentencia absolutoria si no se prueba que son culpables. Por horribles que sean los componentes de la manada.

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Un juicio no puede comenzar habiendo dado ya antes por hecha la culpabilidad de los acusados respecto a la cosa concreta de que se les acusa.

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Que alguien tenga un pasado deplorable no implica tampoco que sea automáticamente culpable de cualquier cosa que se le acuse, al igual que si alguien tiene un pasado inmaculado eso tampoco implica que sea automáticamente inocente.

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Quien tiene que decidir sobre la culpabilidad o la inocencia es un juez o, en su caso, unos magistrados, no el gobierno, no los partidos, no los periódicos, no turbas de gente manifestándose.

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No puede ser que los opinadores y los políticos tengan escrita ya una sentencia antes de que se inicie el juicio.

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No puede ser que un juez piense que puede ser inhabilitado o acosado por no dictar una sentencia acorde al sentir de las hordas que se manifiestan en la puerta del juzgado.

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Tampoco puede ser que un juez sepa que se juega su cargo y reputación si no dicta una sentencia conforme a lo que quiere el gobierno que sea esa sentencia.

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Esto vale lo mismo para la manada de los Sanfermines como para la de Alsasua, y tanto si la presión es para poner en libertad como para condenar a los acusados.

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¿Se pueden reescribir las leyes para clarificarlas y endurecer las penas si es lo que corresponde? Se puede y hasta se debe, pero eso no tiene nada que ver con acosar a los jueces o convertir los juicios paralelos en los principales y los principales en paralelos.

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Si, por otro lado, algo necesita la Justicia española, lejos de tutelar más a los jueces es por el contrario incidir en su independencia e imparcialidad de origen, particularmente en el caso del Consejo General del Poder Judicial y por ende el Constitucional y el Supremo, los altos tribunales. Cuantas más cosas tenga que o bien temer o bien agradecer un juez, menos se puede creer en la imparcialidad e ininfluenciabilidad de sus sentencias.

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Suele decirse que más vale dejar de castigar a un culpable que condenar injustamente a un inocente. Esto no es aplicable a la manada sanferminmera o a la de Alsasua en particular sino a todos los acusados en general. En algún momento hemos decidido darle totalmente la vuelta a ese principio o creando excepciones a la carta. Estamos olvidando una serie de principios que son básicos y fundamentales.

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No se puede pensar que el derecho a la defensa, la presunción de inocencia y la necesidad de probar la culpabilidad de los acusados son principios que se pueden suspender en ciertos ámbitos pero se pueden mantener en el resto. Ni siquiera lo primero sería justo aunque se pudiera, pero es que además no se puede compartimentar la quiebra de esos principios. Estamos creando un monstruo.

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Esta noticia la publicamos el 1 de octubre de 2008