Infeliz día del sindicalista involuntario

Redacción 2 mayo 2018 Noticias, Noticias destacadas
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En España hay dos clases de sindicalistas. Los que pagan y los que militan. Todos formamos parte, como mínimo, del primer grupo. Es decir, ser sindicalista no es voluntario. No se puede no ser sindicalista. Tenemos derecho a no tener carné, a no participar en las decisiones del sindicato y a permanecer en silencio, a lo que no tenemos derecho es a no pagar. ¿Imaginan ustedes una casilla en el IRPF para que el pago con nuestro dinero a partidos y sindicatos fuera voluntario? Pues no existe esa casilla, así que sindicalistas de cuota somos todos. Los que celebraron ayer el Día del Trabajo fueron por tanto sólo los sindicalistas de carné, que como pudo verse tampoco es que muevan demasiado a las masas. Ni falta que hace, mientras las masas paguen.

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Como cada 1 de mayo la autofinanciación tiene que ser un asunto recurrente porque recurrente es también la financiación de los sindicatos con el dinero de todos. No sólo la financiación de los sindicatos obreros, también la de los sindicatos de empresarios.

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En un mundo normal los sindicatos tendrían financiación de sus afiliados porque, por un lado, los sindicatos tendrían que esforzarse por ser útiles a los trabajadores y, por otro, los trabajadores, sintiendo que los sindicatos les son útiles, se afiliarían a los sindicatos. En el mundo actual, sin embargo, los sindicatos pueden permitirse el lujo de ser útiles al conjunto de trabajadores o no, porque no viven de los trabajadores ni dependen de ellos sino del presupuesto. Al no depender de los trabajadores a los que supuestamente defienden, los sindicatos se convierten en entidades burocráticas con sus propios fines e intereses, no necesariamente coincidentes con los de los trabajadores, dedicados a la supervivencia y prosperidad de su estructura burocrática. Esto vale también bastante para los partidos políticos.

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En realidad es en España y no en el mundo normal (aunque esto mismo suceda en muchos otros países) donde los sindicatos no tienen que autofinanciarse. Hay por el contrario muchos países, como Alemania, en donde los sindicatos se autofinancian. De poco sirve que los sindicatos presenten un porcentaje de ingresos por cuotas voluntarias si en vez de un argumento para la independencia lo convierten a continuación en un argumento para seguir cobrando del Presupuesto. La trampa presupuestaria no sólo es una exacción coactiva e injusta para el conjunto de los contribuyentes sino que también es una barrera de entrada para la competencia sindical y partitocrática. Si estás en el Presupuesto es casi imposible que pueda competir contigo y con tu dopaje el que está fuera del Presupuesto. El Presupuesto no sólo sirve para que los partidos y sindicatos no tengan que ganarse la cuota de los militantes sino también para fosilizar el mapa sindical y político. Por no hablar del riesgo de corrupción y de convertir a los repartidores  del dinero público en agencias de favores.

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Así y todo, de repente, aparecen formaciones con una cierta capacidad de disputar el bipartidismo y el bisindicalismo, lo que precisamente viene a demostrar que la financiación pública no es imprescindible para el surgimiento de movimientos políticos y que, por el contrario, esa financiación tiene más la propiedad de dopar a los partidos y sindicatos establecidos evitando la competencia y ese tipo de surgimientos. La mala noticia es que esos movimientos emergentes a menudo no aspiran a cambiar el sistema sino a suceder a los actuales actores en el sistema y en el disfrute presupuestario.

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Reseña final para los sindicatos abertzales que ayer se manifestaron en Pamplona declarando la “guerra a la pobreza”. Pues qué bien, porque en lo que estaban hasta ahora es en la guerra a la riqueza. Con cierto éxito, además. Claro que quizá no estamos asistiendo a un acertado cambio de estrategia sino que simplemente se expresaron mal. Infeliz día en cualquier caso del sindicalista, militante y cuotista involuntario.

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Comentarios (4)
  1. Pcamba says:

    Los sindicatos de clase son un modelo obsoleto y fracasado. Solo los trabajadores suicidas ,o los que viven del sindicato, los pueden apoyar.
    Sobre todo siendo el paro nuestro mayor problema social es necesaria una flexibilización del mercado laboral y menos impuestos, algo que los sindicatos no admitirán ya que se les acabaría su razón de existir y consiguientemente el chollo que tienen

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  2. obabatarra says:

    Imagino que dedicaréis alguna reflexión mañana al fin de ETA. Me gustaría pediros también que dediquéis algún pensamiento al editorial de hoy en El Mundo. Me parece que da en el clavo con lo que está sucediendo.

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  3. De Navarra says:

    En tiempos de la manada, perdón, de la manida transparencia, el secreto mejor guardado sigue siendo el de las cuentas de los sindicatos. Y eso que se alimentan, hasta atragantarse, de la teta pública.

    Obabatarra, ¿está Vd. seguro de que ha llegado el fin de ETA con los Terneras fugados, los Oteguis sueltos y otros ocupando escaños institucionales?. ¿Y los 300 casos sin resolver?. ¿Y el supuesto robo de armas por parte de los etarras disidentes?. ¿Y las “peleas de bar” alsasuarras?…

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  4. perroflauta says:

    Cuando en vuestros trabajos os mamoneen vais a pedir ayuda al sindicalista de turno, majetes
    P.D. no soy sindicalista por si alguno lo pensaba

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