Españoles, ETA ha muerto…

Redacción 23 abril 2018 Noticias, Noticias destacadas
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Hay dos formas de morir. Podríamos decir que una consiste en cruzar una raya, la muerte rápida, y otra en cruzar una franja. Una franja que puede ser muy ancha, la muerte lenta. Morir cruzando una raya implica que alguien está aparentemente bien, en pleno disfrute de sus facultades, jugando al fútbol, comiendo pescaítos, y de repente la muerte se lo lleva de forma inesperada, sea por un infarto o por un accidente de tráfico. O por un atentado terrorista, ya que hablamos de ETA. Cuando la muerte consiste en cruzar una raya, la muerte se lo lleva todo de golpe. Un momento antes uno tenía todas sus fichas en el lado de la vida y al instante siguiente la muerte, de repente, se lleva todas las fichas a la otra orilla. Por el contrario, se puede morir atravesando una franja, cuando por ejemplo alguien va perdiendo facultades por la edad o la enfermedad. Cuando incluso pesa sobre su cabeza un determinado diagnóstico que uno conoce y que hasta incluye un plazo más o menos concretable. En algunos casos la persona va perdiendo la salud a lo largo de ese proceso en tal medida que, cuando llega la muerte, aunque siempre se lleva el elemento esencial, parece que se ha llevado menos, porque se ha ido llevando cosas desde mucho antes del último momento. Es como si el moribundo ya hubiera ido enviando el equipaje al otro lado por plazos, dejando sólo para el final la bolsa de mano.

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En el caso de ETA, que es la muerta de la que estamos hablando, está claro que su muerte ha sido del segundo tipo. ETA lleva muriendo hace mucho tiempo y atravesando esa franja a lo largo de la cual iba perdiendo facultades y recursos. Cuando a ETA le ha llegado la muerte, con el anuncio de su disolución, a la muerte ya no le quedaba casi nada por llevarse. Entre el momento antes de motir y el siguiente, puesto que hablamos de una organización y no de una persona (y además una organización precisamente sin alma y dedicada a matar personas), había tan poco de vida ahí que entre el instante antes de morir y el siguiente la diferencia era nada. Había que poner un espejo en la boca de la paciente para ver si se empañaba y el viernes el espejo ya no tenía vaho. Pues muy bien, pero no exageremos el acontecimiento. Ojalá hubiera muerto hace mucho y no cuando ya no le quedaba ninguna ficha a este lado.

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Añadamos que ETA se ha ido quedando sin fichas porque entre todos se las hemos ido quitando. Algunos nos quieren vender la moto, a estas alturas, de que ETA se ha ido poco menos que cuando ha querido y cuando tenía todavía un montón de fichas sobre la mesa. Lo cierto es que ETA ha desaparecido  tras un largo pulso que la organización terrorista ha perdido. No hay una muerte natural para las organizaciones terroristas. O tú acabas con ellas o ellas acaban contigo y con tu libertad. Cada vez que se detenía a un comando iba perdiendo fichas. Cada vez que otro país colaboraba con la justicia española ETA perdía fichas. Y cuando se ilegalizó el brazo político de la banda, obligándola a tener que elegir entre votos o pistolas, a ETA se le dejó desahuciada, con la calderilla y sin acceso a la banca. El fin de ETA es como el de los últimos nazis en su búnker totalmente derrotados y rodeados. La diferencia entre que se rindieran o no era poco relevante a esas alturas. Que alguien dijera que gracias a la rendición de Hitler se había acabado la guerra y que era el momento de ser generosos hubiera resultado ridículo. De algún modo, sin embargo, parece que hay quienes nos intentan vender que el anuncio de ETA de disolverse, a estas alturas, es un acontecimiento cósmico.

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Cabe señalar que ETA ha decidido certificar su propia defunción pero, como el GRAPO, esto no tenía por qué haber sucedido de este modo. No hace falta certificar la propia muerte para estar muerto. Tampoco esto por tanto es un particular mérito. De hecho da la impresión de que ETA ha certificado su muerte para intentar conseguir algún beneficio, aunque sea una nota de lo obispos vascos más el navarro incluidas algunas torpezas.

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En el capítulo de aspectos ridículos encontramos en un lugar destacado la extraña escala inversa que algunos intentan imponer en la esquela, en virtud de la cual los más contentos por el fin de ETA son los partidarios de la ETA, los que no han condenado nunca los atentados que ETA cometía, los que no han perdido a nadie a manos de la ETA, los que nunca han tenido que mirar debajo de su coche antes de montarse, los que rechazaban las detenciones de etarras o los que se oponían a obligar a la ETA a elegir entre votos o pistolas. En esta ridícula escala al revés las más tristes por el fin de ETA serían los que se han dedicado a detener comandos, los que se han jugado la vida por llevarles la contratria en las instituciones a los etarras de moqueta y las propias víctimas de ETA. Claro está que esto es un poco como pensar que el día que murió Franco los más tristes eran las personas cuyo padre había sido fusilado por orden de Franco, y el más Alegre era Arias Navarro. Naturalmente en el caso de ETA hay una explicación lógica a la inversión de las lágrimas y las sonrisas. Quienes más contentos fingen estar tienen que impostar la sonrisa porque son los que menos han aportado a la liquidación de la banda terrorista. Y quienes más alto precio han pagado luchando por la libertad contienen la alegría porque no han pagado tan alto precio para que, tras ser derrotada, ETA consiga al final quitarnos la libertad o imponernos su relato.

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Hablando de relatos, sin duda muchos navarros se sorprenderían leyendo medios como el Noticias, asegurando que ETA ha pedido perdón a las víctimas, cosa que no es cierto. ETA sólo ha pedido perdón por los atentados que no iban dirigidos contra policías, militares o políticos. Es decir, ETA sigue sin pedir perdón a algo más de la mitad de sus víctimas. ¿Por qué dice entonces el noticiasdenavarra.com que ETA ha pedido perdón a sus víctimas? Puede ser un error material. Otra explicación más macabra, seguro que incierta, sería que el propio Noticias no considerara tampoco víctimas a los militares, políticos y policías asesinados por ETA.

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Ahora que es menos peligroso enfrentarse al nacionalismo, hay que redoblar la lucha contra él

Que ETA haya muerto no significa que no haya un movimiento político que sigue luchando por conseguir los objetivos que tenía como fin la banda terrorista: una Euskadi socialista, independiente y con Navarra anexionada. Sería una malísima idea haber resistido este movimiento cuando hacerlo implicaba una posible pena de muerte y dejar de combatirlo política, intelectual, cultural, social y mediáticamente ahora que no hace falta jugarse la vida para hacerlo. Que no se escriba en el futuro que resistimos sólo mientras nos disparaban, o que dejaron de dispararnos y nos confiamos.

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Que ETA se disuelva evidentemente no absuelve a todos los etarras que tienen juicios o condenas pendientes por los delitos cometidos. Los asesinos de ETA son exactamente igual de criminales esta semana que la semana pasada y ETA no ha caído gracias a ellos sino a su pesar. Obviamente el minuto después a la disolución no tendrán menos derechos o menos posibilidades, ni más, de acogerse a beneficios penitenciarios que el minuto antes, si ahora les dejan. En todo caso, con el anuncio de la disolución de la banda, los etarras tendrán ocasión de reflexionar no sólo sobre su maldad, sino también sobre la inutilidad de su maldad.

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Comentarios (3)
  1. Cuenco says:

    En resumen: ETA infame y miserable hasta para rendirse. Y el Mentizias, más de lo mismo.

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  2. obabatarra says:

    ETA ha muerto, ETA es el pasado. Pero se siguen arrastrando sus consecuencias sociales tras tantos años machacando la sociedad con su violencia. Pienso que la violencia de ETA no tenía sólo como objetivo eliminar enemigos políticos o alcanzar el poder. La gran consecuencia de la violencia de ETA ha sido social. Es decir, ha infundido en la sociedad una pesadez que casi diez años después se sigue arrastrando.

    Ejemplo de ello es el bajo tono social del no nacionalismo, incluso a pesar de ser mayoría social. Las pancartas de las peñas de Sanfermines son todas alegorías del nacionalismo. Las asociaciones cívicas, culturales, deportivas son ejes del nacionalismo. Gran parte del funcionariado es nacionalista (recordemos los cuarteles de bomberos con simbología política nacionalista). El sindicalismo es nacionalista: hoy incluso en el sur de Navarra UGT y CCOO ceden terreno ante ELA. Hay muchos más ejemplos.

    Ante esa pujanza fuerte del nacionalismo, el no nacionalismo se resigna a callar. Cuando España ganó el mundial de fútbol, el Gara se quejó amargamente de ver camisetas de la selección en Sanfermines. La manifestación del 3-J fue un brevísimo paréntesis en un nacionalismo que domina la calle y los mensajes sociales. Creo que son los dos únicos momentos en que la mayoría social se ha dejado ver en las calles de Pamplona y Navarra.

    En esta coyuntura, no hace falta ser adivino para saber qué ocurrirá en los próximos años: el nacionalismo crecerá entre la juventud, porque no tienen alternativa ni réplica. De hecho, ya está ocurriendo: el nacionalismo gobierna casi en solitario en la comunidad y en las localidades más importantes, algunas por primera vez (Pamplona o Tafalla)

    La pregunta es, ¿qué se puede hacer para evitar aquí lo que está pasando en Cataluña? No lo sé…. Pero no creo que se esté haciendo gran cosa.

    ¿Veremos este año una pancarta de Sanfermines que sea crítica con el nacionalismo? Llevo años pidiéndolo en NC, pero parece que no es posible….

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  3. Ispan1 says:

    Lo que mucha gente no esperaba en el resto de España se ha producido , las ideas del secesionismo de los “chicos “violentos del tronco nacionalista vascongado traidor han infectado el leal y glorioso reino de Navarra, y llevará tiempo combatir y hacer desaparecer la infección..

    Bien puntuado. ¿Te gusta? Thumb up 5 Thumb down 0

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Esta noticia la publicamos el 1 de enero de 2017