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Secesionismo y dialogo con necios

Javier Marcotegui Ros 30 enero 2018 Opinión

Nada más lejos de mi intención que insultar al pueblo catalán; ni a uno siquiera de sus ciudadanos. Entre ellos, cuento con parientes y con buenos amigos. Todo mi respeto hacia ellos, incluidos los que albergan el viejo virus nacionalista.

Al parecer de Claudio Sánchez Albornoz, “el orgullo disociador” forma parte de la personalidad genuina del pueblo ibérico. Este “orgullo secesionista” ha sido el responsable de los múltiples desgarros políticos que se registran en la historia de España y es el responsable de las tendencias centrífugas de la España moderna y actual. De modo injustificado ha emergido con gran virulencia en Cataluña. Es necesario encontrar el antídoto a este nocivo carácter político español, no en vano los pensadores postmodernos lo describen como una peste letal que causa guerras, opresión, odio y genocidio.

Llegamos a pensar que con la Constitución de 1978, abrumadoramente votada en referéndum por el pueblo español, habíamos superado todas las rencillas, todos los enfrentamientos entre españoles y que, por fin, habíamos dado con el antídoto: un proyecto común de convivencia. Sin embargo, ahora algunos tratan de arrumbarla en el desván político haciendo honor una vez más a este impulso cainita que nos caracteriza con la simpleza argumental de que la transición de 1978 no está cerrada, que los jóvenes actuales, por su edad, no han votado la Constitución en referéndum o que no reconoce explícitamente un imaginado, por inexistente, derecho de autodeterminación.

Desean volver a los planteamientos de ruptura política que por aquellas fechas se enfrentaron, por cierto con escasa fortuna, al más sensato y moderado de Reforma política. De resultas, y en pos de la convivencia, el poder constituyente del pueblo, configuró para España la estructura política novedosa del Estado de las Autonomías, dejó abierto a la voluntad de las Diputaciones y Ayuntamientos la conformación de las Comunidades Autónomas y configuró un sistema abierto y flexible de distribución y asignación de competencias entre éstas y el Estado central, con la esperanza de que el principio no escrito de lealtad constitucional fuera cerrando y consolidando el programa de convivencia. Previamente, para avanzar con decisión hacia la democracia, los poderes del Estado conformaron regímenes preautonómicos para Cataluña, en septiembre de 1977, para el País Vasco, en enero, para Galicia en marzo, ambos meses de 1978 y para otras 10 regiones más. El resultado ha sido un régimen político sin parangón, el más descentralizado del mundo.

Pues bien, todo esto es considerado agua de borrajas por algunos, los nacionalistas y secesionistas, cuyo objetivo final no pasa por España. Por ello, no puedo evitar que la actitud mantenida por los dirigentes políticos secesionistas y la de los partidos que dirigen, me recuerden al diálogo con necios. Estoy seguro de que Vd. lector ha sufrido alguna discusión con personas que no se avienen a razones y ha sentido la sensación de inutilidad e impotencia para llegar a puntos de encuentro, como no sea los que irreductiblemente mantiene el necio.

Cualquier persona cabal sabe que para mantener un diálogo útil, con posibilidad de resultados óptimos para ambas partes, es preciso plantearlo donde reside la competencia sobre lo que se va a tratar, con quien tiene capacidad para entender del asunto, adornado con los valores de honestidad, coherencia y rectitud sobre los motivos, razones y fundamentos de lo planteado y, finalmente, con actitud sincera de querer llegar a un entendimiento.

Pues bien, nada de esto se ha respetado en el diálogo reclamado por las autoridades catalanas secesionistas. No quisieron saber que la unidad territorial de España compete a todos los españoles y, en consecuencia, debía ser tratada con las Cortes que los representan. Se empecinaron en mantener el diálogo con el Presidente del Gobierno que sobre esta cuestión no tiene competencia. Declararon solemnemente, y de modo unilateral, la república, pero ladinamente ante el juez dijeron que había sido de modo simbólico. Han desobedecido al TC pero, sin el menor rubor, han recurrido a él cuando les ha interesado. Han soslayado la ley, incluso la suya propia, con argucias y fraudes pero han acusado a los demás de no cumplirla. Toda su alternativa en la discusión ha sido referendum o referendum.

Me han recordado a mi padre que, parafraseando a Mark Twain, me decía siendo escolar: no discutas con necios porque si les vences no tendrás mérito, pero si te vencen será una ignominia. Lástima de Cataluña. Así no es posible avanzar.

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